Geroa, como un azucarillo

Geroa Bai y, especialmente su presidenta, se presentaron ante los navarros en las pasadas elecciones como una opción supuestamente moderada y moderna. Una vez más, guardaron las ikurriñas en el cajón y con una media sonrisa ocultaron sus verdaderas intenciones. Engañaron a sus votantes. Algunos sabían lo que compraban y lo hacían convencidos, pero muchos otros cayeron en la trampa del camuflaje político de Barkos.

Hoy ya nada queda de aquella supuesta moderación, de aquel discurso de investidura en el que se decía sabedora de presidir una comunidad no abertzale o de sus amables palabras hacia las víctimas de ETA.

Por acción o por omisión, hoy Geroa Bai aparece disuelta completamente en la voluntad de Bildu. Sólo así se entiende el acto del pasado sábado en el que participaron familiares de terroristas y que supone la aceptación absoluta de los postulados de Bildu en relación a los 40 años de pólvora y plomo que ha sufrido esta tierra. La maquinaria de todo un Gobierno de Navarra, alimentada con los impuestos de todos los ciudadanos, al servicio del relato que Bildu quiere imponer; protagonizando la primera página del blanqueamiento de la sangrienta historia del terrorismo etarra.

La misma radicalidad se observa en educación, con una persecución vergonzosa contra los estudiantes becados de la Universidad de Navarra, que sólo su determinación ha logrado doblegar. También se demuestra cuando con los impuestos de todos los navarros pagan campañas que apoyan y fomentan única y exclusivamente el modelo D.

La abdicación de Geroa Bai de sus promesas electorales se hace patente en todas las materias, incluso en Hacienda, con subidas imposibles de impuestos opuestas a las realizadas por el PNV en la CAV, o en infraestructuras, siendo incapaces de defender la llegada del tren de Alta Velocidad con la misma vehemencia con la que lo hacen sus compañeros de partido en Vitoria. ¿Por qué apuestan por el frenazo en seco de nuestra tierra mientras pisan el acelerador más allá de la muga?

Este proceso de disolución también se ha producido durante estos meses en el Ayuntamiento de Pamplona, donde sus concejales se han convertido en los mejores abogados defensores de Asirón y de sus andanzas. Haga lo que haga Bildu, la bronca siempre es para UPN. Como si nosotros tuviéramos culpa en la expulsión de los niños de las escuelas infantiles para imponer el euskera, en la censura a una exposición de víctimas de ETA, hubiéramos contratado a los amigos de los dirigentes de Aranzadi o adjudicado un contrato de 130.000 euros a una hermana, como han hecho miembros del equipo de Gobierno sin que hayan levantado la voz.

Resulta pueril, pero en medio de semejante escenario, Geroa Bai sólo se ha enfrentado a sus socios por el uso de las chisteras.

La fidelidad a Barkos y al sillón que ocupa y que  a su vez pende de la voluntad parlamentaria de Bildu les hace ser cómplices de todo lo que está ocurriendo en Pamplona durante estos meses. Cuando en 2019 quieran separarse de la nefasta gestión de Asirón, que lleva camino de pasar 4 años sin hacer otra cosa que demostrar sus dotes para el interiorismo y mimar a su 16% de votantes, habrá que preguntarles dónde estaban ellos para evitarlo.

Sin embargo, todo lo sucedido hasta el momento no es nada comparado con la vergüenza de ver a una presidenta del Gobierno de Navarra repudiar a nuestra propia bandera. Porque eso es al fin y al cabo lo que supone la derogación de la Ley de Símbolos, un ataque directo a nuestra identidad histórica, a nuestras raíces, y un paso más en su voluntad de convertirnos en una provincia de Euskadi. Un borrón sobre la historia del Reino de Navarra para imponernos desde algún batzoki en Bilbao una bandera diseñada hace poco más de 100 años, que ondee sobre un símbolo inspirado en el pendón usado por de nuestros reyes hace más de cinco siglos.

Geroa Bai, o mejor dicho la imagen que trataron de vendernos de ella, se ha disuelto definitivamente como un azucarillo. Los navarros le dieron un importante toque de atención en las elecciones generales en las que obtuvo un mísero 4,2% de los votos. La respuesta, sin embargo, no ha pasado por reconocer su error y abandonar su absurda competencia con Bildu en la radicalidad. Muy al contrario, Barkos y Geroa Bai siguen bailando al son que marca la antigua Batasuna.

A este paso Geroa Bai se convertirá en una víctima más de ese axioma de la política navarra que afirma que todo aquel que se acerca a Bildu acaba devorado por Bildu. Le pasó a EA y a Aralar y le va pasará a Geroa Bai y a Barkos si insisten en gobernar en contra de la mayoría de los navarros.

Sociedad enferma

Vivimos en una sociedad enferma y el primer paso es reconocerlo, como en las reuniones de alcohólicos anónimos. Así se refería el periodista Íñigo Domínguez, en un artículo del mes pasado en la revista JotDown, a la realidad diaria del País Vasco y Navarra. Intentamos engañarnos, hablamos de convivencia, de cómo han mejorado las cosas, de que ya no se mata, para intentar cerrar con prisas y sin mirar atrás el sangriento capítulo de nuestra historia que protagonizó ETA. Pero la realidad es otra.

Ahí están, y más chulos que nunca, los mismos que durante décadas apoyaron a los pistoleros. Y en las mismas siguen los que, como un padre condescendiente, justificaban y perdonaban todos sus actos, sin preocuparse mucho de las víctimas.

Sería de una ceguera imperdonable no aceptar que el radicalismo vive una segunda juventud, especialmente en Navarra.

El primer paso, antes del tratamiento, es reconocer la enfermedad: el diagnóstico.

Engañarnos y pensar que con el cese definitivo (que no disolución) de ETA está todo hecho, sólo contribuye a envalentonar a ese violento y mafioso sector que todavía persiste en esta tierra, y significa abandonar espacios de libertad y dignidad para vivir en la fría comodidad del silencio.

Después de décadas de firmeza social frente a ETA, mantener en la actualidad esa tensión para evitar que se nos escape de entre los dedos la libertad ganada durante años, resulta hoy en día demodé, algo viejuno e incluso incómodo.

Es mucho más agradable vivir en la tranquila neutralidad; ir a lo nuestro y no meternos en jaleos. Pesa, y mucho, el miedo inyectado por ETA asesinato a asesinato, secuestro a secuestro, hasta cada rincón de nuestra sociedad. Seguimos mirando a nuestra espalda antes de hablar de política para saber quién puede estar escuchando.

Así, hemos construido un andamio que sostiene nuestro argumentario y nos anestesia. Nos convencemos de que el partido está ganado después de la derrota de los terroristas, cuando en realidad la convivencia es algo que se gana y se pierde cada día.

Pero la realidad es que en estos meses de Gobierno nacionalista vasco de Barkos y Aráiz y de Ayuntamiento de Asirón, Abaurrea y compañía, hemos perdido muchos metros de libertad. La impunidad es la gasolina de los radicales y en año y medio se les ha regado de ‘sin plomo 98’ desde las instituciones navarras.

La agresión cobarde a dos guardias civiles en Alsasua este fin de semana es el último episodio de la lamentable espiral de odio y silencio en la que vivimos desde hace unos meses. Antes, se quemaron muñecos uniformados y con tricornio, hoy se dan palizas y así, pasito a pasito y gracias a aplausos, complicidades y silencios… quién sabe cuál será el próximo capítulo.

Hemos viajado en el tiempo a lo peor de los años 80 sin movernos del sitio. Hemos ido hacia atrás.

Han vuelto las pintadas de hachas y serpientes, los ‘Gora ETA’, en el casco viejo de Pamplona, por ejemplo. Vuelven a ondear también las pancartas en favor de los asesinos, mientras el nuevo Ayuntamiento de Bildu, Geroa Bai, IE y Aranzadi/Podemos mira para otro lado para que, por ejemplo, puedan seguir en su sitio y a la vista de todo el mundo durante todo el fin de semana de San Fermín chiquito. Y la fiesta, subvencionada con miles de euros de los impuestos de los pamploneses. ¿Cómo no van a estar crecidos?

Pasamos por normales cosas que los radicales han convertido en habituales. ¿Es normal que algunos terminemos la procesión de San Fermín cada mes de julio acosados y entre empujones protegidos por los agentes de Policía Municipal, mientras el alcalde Asirón sube Curia repartiendo abrazos y palmadas sin tener el valor de condenar el acoso contra los concejales que no piensan como él?

¿Es normal que en fiestas de la comarca, como en Berriozar, se empapele el pueblo con las caras de los asesinos de Tomás Caballero y Francisco Casanova y que el alcalde se niegue a retirar los carteles?

Obviamente nadie consideraría normal estos hechos en ninguna otra democracia. Sin embargo, aquí lo aceptamos. Estamos acostumbrados; callamos y seguimos a lo nuestro. Son sus cosas, ya sabes cómo son.

Mientras, Barkos y Asirón hablan de violencias en plural para evitar referirse a la concreta y así no molestar a nadie. Se niegan a manifestar satisfacción por la detención de criminales, cuando se trata de terroristas, no vayan a ofenderse los amigos. Si son culpables de cualquier otro delito, el trato es otro, claro.

Con suerte, y sólo si se ven muy apretados por la opinión pública, pronuncian muy serios y con pose ofendida alguna declaración grandilocuente y vacía con muchos plurales y pocas realidades.

Se pinta incluso en sede parlamentaria a los verdugos también como víctimas de una violencia etérea que, de repente y después de casi mil muertos, ya no lleva las siglas macabras de ETA. Si todos son víctimas, ya no hay víctimas. Si no hay víctimas, ya no hay verdugos. Y pelillos a la mar. Circulen, circulen… que aquí no ha pasado nada y a otra cosa mariposa.

Así, paso a paso, van ganando espacios los radicales. Y así, metro a metro, vamos perdiendo libertad los demás.

Maestros del 36

Luisa Molinat y Francisco Ibarra eran maestros cuando en 1936 estalló la guerra civil. Forman parte de las listas de profesores represaliados por las autoridades franquistas.

Molinat fue represaliada por sus profundas convicciones religiosas. Ya fue sospechosa en el 36 por su militancia política juvenil, ya abandonada, pero en los primeros 40 fue delatada por una compañera. Tras el alegato fascista de un inspector ante sus alumnas, que afirmó que el Corazón de Jesús amaba especialmente al pueblo alemán e italiano, comentó a sus compañeras que ella creía que en Su Corazón tenía el mismo amor por el pueblo ruso o inglés. Esa frase le condenó. Le dolió la delación. Le dolió estar a medio sueldo en aquellos años miserables, le dolió el estigma, pero lo que más le dolió fue el perder parte de la infancia del mayor de sus cuatro hijos, al tener que dejar su crianza a sus cuñados, porque con sueldo y medio de maestro no llegaba en casa.

Ibarra tenía por delante una carrera brillante. Había sacado la carrera en un solo año y por su cuenta, pero un informe del párroco de Peralta le condenó. El cargo: “religiosidad indiferente” y “prensa cualquiera”, pese a reconocerle “moral buena”, algo que ya anciano seguía recordando. En el último momento, la intervención de un monje capuchino, que conocía a su familia, le salvó de un final trágico. Después del informe vino una sanción de dos años sin poder trabajar, viviendo del sueldo de su esposa, también maestra, y la prohibición de acceder jamás a un puesto de responsabilidad. Cuando ya estaba ejerciendo de nuevo, en Estella, un decreto que impedía a maestros sancionados enseñar en poblaciones mayores a de la sanción lo desterró a Valcarlos. Allí, la acusación de un inspector de ser nacionalista estuvo a punto de condenarle de nuevo y solo la intervención del párroco de la localidad refutando la afirmación, le salvó. Pasaron décadas hasta que pudiera enseñar en Pamplona y aquella sanción del 36 en su expediente le pesó toda su vida como un estigma.

Lo peor de los instintos humanos tuvo barra libre a ambos lados del frente, es cierto, pero un bando cargó además con la pena del olvido y la marginación durante las décadas de la dictadura. De ahí la necesaria reparación de su dignidad exigida todavía hoy por las asociaciones de memoria histórica.

Ellos son dos de los alrededor de 300 maestros represaliados en nuestra comunidad a quienes se homenajea estos días. Pero en casa eran Luisa y Paco, nuestros abuelos.

Por eso, íntimamente, nos indigna más si cabe que algunos partidos pretendan arrogarse en pleno siglo XXI la exclusividad de la defensa de la memoria histórica y acusar directamente al resto de connivencia con el régimen franquista, simplificando interesadamente el relato del golpe de estado, de la guerra y de los años posteriores.

Afortunadamente, en los últimos años, demasiado tarde, es cierto, todos los partidos han dado pasos en la necesaria dignificación de los miles de españoles asesinados y represaliados durante la bárbara guerra entre vecinos y hermanos que fue la guerra civil y durante la dictadura.

Así, por ejemplo, y con presencia de fuerzas de todos los colores, se inauguró la pasada legislatura un panteón en el cementerio municipal de Pamplona donde encontrarán descanso los restos de los fusilados localizados en Navarra y cuya identificación no sea posible.

Las asociaciones de familiares de fusilados han capitaneado esta recuperación de la memoria de los sucesos de aquellos años desde la dignidad y la generosidad. Muchas heridas permanecen abiertas, pero el camino emprendido es el correcto.

Frente a esa actitud abierta y conciliadora, llama la atención, no por no esperada, sino por carroñera, la acción de Bildu, que quiere ahora capitanear este asunto por encima de las propias asociaciones, de forma exclusiva y excluyente, utilizándolo además para dividir una democracia asentada después de casi de 40 años.

Pretender recrear los bandos del 36 en las siglas políticas actuales es una reducción pueril y partidista. Romper otra vez la sociedad actual entre buenos y malos en nada contribuye a la cicatrización de las heridas que todavía hoy siguen abiertas y que sólo se cerrarán con la dignificación de las víctimas y con generosidad y altura de miras. Por eso, la estrategia que pretenden imponer sólo es útil a los intereses de Bildu y hace flaco favor a los miles de buenos españoles asesinados, torturados o represaliados durante aquellos años.

Que lo haga precisamente quien más tiene que callar en materia de memoria, por su recurrente interés en olvidar los asesinatos cometidos por ETA, resulta simplemente vergonzoso y le resta toda legitimidad.

A Bildu, con el alcalde de Pamplona a la cabeza, le molestan los consensos. Necesitan de la tensión para subsistir; precisan de un enemigo a quien linchar, porque sólo se sienten cómodos y encuentran beneficio en el barrizal del odio y en el enfrentamiento.

Por eso intentan tensar cada vez más la cuerda y expulsar a cuantas formaciones políticas puedan de algo en lo que todos deberíamos estar unidos. Y con ello, no sólo a las siglas, a los partidos, sino a todas las personas a las que representan y que les han concedido su apoyo. Pretenden la estigmatización y deshumanización de sectores completos de nuestra sociedad.

Pero no lo van a conseguir. Tuvimos buenos maestros.

Navarra: ‘A future to believe in’

El precandidato demócrata en
Estados Unidos Bernie Sanders perdió en la carrera por la nominación, pero dejó
uno de los mejores eslóganes electorales que recuerdo: ‘A future to believe in’
(un futuro en el que creer).

En Navarra y Pamplona, incluso
con los actuales Gobiernos nacionalistas de Barkos y Asirón, hay miles de
razones para creer en nuestro futuro, aunque los nubarrones cubran cada vez más
espacio sobre nuestras cabezas.

Con una Comunidad y un
Ayuntamiento paralizados, sin una estrategia real a medio y largo plazo más
allá del nacionalismo vasco que une a las heterogéneas fuerzas que los
sostienen; sin proyectos que vayan más allá de la pura inercia, por la
imposibilidad de pactar acciones reales además de la de “echar a UPN”, Navarra
ha plegado velas y se mueve lentamente mecida por las olas, mientras el resto
de comunidades aprovechan los vientos del incipiente final de la crisis.

No nos hundimos, pero nos movemos
muy lentamente y eso significa perder oportunidades y competitividad respecto a
otras comunidades. En una carrera ciclista, un pinchazo al principio de un
puerto y tener que darte un sofocón para llegar de nuevo al grupo de cabeza
pasa factura cuando llegan las rampas más duras… En economía ocurre lo mismo: las
oportunidades perdidas hoy, las echaremos de menos cuando vengan mal dadas.

En un año, según datos publicados
por Cinco Días, han aterrizado en Navarra 49 nuevas empresas, ¡pero se han ido
96!, la afiliación a la Seguridad Social crece muy por debajo de la de España y
en los últimos datos del paro hemos pasado de mirar a las regiones punteras de
Europa a codearnos con Ceuta y Melilla reduciendo nuestra tasa en un 0,13%,
mientras España lo hacía en un 2,23%. Todo aderezado con una subida de impuestos
que hace que las empresas familiares y los matrimonios con hijos paguen más que
en ninguna otra comunidad española.

En este contexto, Pamplona está
gobernada, junto con Bildu, IE y Geroa Bai, por tres concejales de
Aranzadi/Podemos. En poco más de un año, han atacado  a Volkswagen, que emplea a más de 4.000
personas en Pamplona y también rechazaron colaborar con la Universidad de
Navarra, en la que también trabajan miles de navarros, pamploneses en su
mayoría:  “Me persigue la universidad del OPUS para que haga cosas de la bici con
ellos. Me resulta bizarro la verdad…”
o  “Con el OPUS y con Volkswagen me da cosa
colaborar. Cuestión ideológica (…)”
 decía el concejal
delegado de Movilidad Sostenible y Medio Ambiente del gobierno de Asirón hace
unos meses en twitter, por ejemplo.

Quizás haya sido también una
cuestión ideológica la que les ha llevado este mes a atacar a los centenares de
PYMES de comercio y hostelería de nuestra ciudad que también dan trabajo a
miles de personas y que han sufrido lo indecible durante estos años para no
cerrar las persianas de sus negocios en una crisis agravada por rivales como
las multinacionales del sector, las grandes superficies, e Internet. Quizás es
porque vengo de familia de comerciantes y sé bien del trabajo del sector, pero
la crítica de los concejales de la marca local de Podemos no me podía parecer
más injusta.

El pecado de las asociaciones fue
denunciar el incremento descontrolado durante Sanfermines de actividades
ilegales que les perjudican, como el top manta. Los ediles, que cobran su
sueldo de los impuestos que entre otros pagan hosteleros y comerciantes, les
lanzaron un lamentable y demagógico ataque sin aportar prueba alguna que
sostuviera las graves imputaciones lanzadas.

Responsables públicos, encargados
de gestionar nuestra ciudad, acusaron a todo un sector de evadir impuestos (la
misma semana en que cazaron a uno de sus dirigentes nacionales pagando en negro
durante varios años), calificaron de “excusas” sus razones y quisieron extender
la sombra  de la politización sobre un
sector que no hace sino defender su supervivencia.

Se ponen en contra de los que hacen
ciudad y cumplen con ordenanzas, leyes e impuestos y a favor de los que las
incumplen. Pero tampoco a ellos, los manteros, el eslabón más débil de una
cadena mafiosa que empieza en fábricas asiáticas sin ningún tipo de control ni
derechos, se les da ninguna otra solución que no sea seguir delinquiendo. La
ley es para todos y saltársela no puede convertirse en la política social de
ningún Gobierno, ni ningún Ayuntamiento.

Lo dramático es que Pamplona y
Navarra afrontan años decisivos con estas personas al timón de nuestro futuro.

Sin embargo, la tupida red
industrial y empresarial de Navarra, las oportunidades de una economía más
diversificada que la nacional, entre otros factores, y la todavía mejor
situación de nuestra tierra frente a otras comunidades, garantizan que en
Navarra y en Pamplona sigamos creyendo en nuestro futuro. Eso sí, no se puede
esperar sentados a que ese futuro en el que creemos llegue a nuestra tierra,
una buena base no garantiza la prosperidad, sino que debemos construirlo con
esfuerzo y dedicación.

Para eso hace falta cambiar las
prioridades, dejar las obsesiones y las ikurriñas, y centrarse en lo
importante, no atacar a quienes generan economía y empleo, empatizar con los
que más sufren y sobre todo creer en las posibilidades de nuestra tierra, sin
estar constantemente mirando qué hace la metrópoli
de Urkullu.  Todo eso que no hacen los Gobiernos
de Barkos y Asirón.

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Europa naufraga en el Egeo

Somos
una sociedad de consumo rápido, de preocupaciones rápidas,  de digestión rápida de la actualidad y,
lamentablemente, también de valores rápidos que se van actualizando según
cambia la parrilla televisiva.

La
política también se ha adaptado a este nuevo ecosistema y se ha convertido en un
arte de consumo fugaz. Atrás queda la reflexión o el debate. Es el triunfo de
la ‘memecracia’, como explica la periodista riojana Delia Rodríguez en su
ensayo de mismo nombre de 2013.

Ya
no se trata de gestión, debate o acuerdo… la cosa va de fotos, gifs y tuits. Lo
que debería ser una ventaja, el acceso directo al cargo público y  la posibilidad de dialogar directamente con
el votante, ha devorado la política. Vale más una frase ingeniosa en los 140
caracteres de Twitter que un Consejo de Ministros o la redacción de una ley. En
los debates ya no se trata de convencer dialécticamente, importa el total, “clavar” el mensaje de 20
segundos para las televisiones y radios y hacerlo viral.

A
la par que su extensión, el nivel del discurso político también se ha limitado.
Un estudio realizado antes de las elecciones generales, señalaba a partir del test de Flesch-Kincaid que
mide la complejidad de los textos, que los candidatos para dirigir
nuestro país nos hablan como si tuviéramos entre 12 y 16 años. El último
presidente que utilizó en Estados Unidos un lenguaje de nivel universitario en
el Debate del Estado de la Nación fue Jimmy Carter, allá por 1981.

Es
la tiranía de la imagen. Ahí está la foto del paseo de Pedro Sánchez y Pablo
Iglesias, portada en la inmensa mayoría de medios nacionales, cansados de instantáneas
de reuniones alrededor de una mesa de trabajo. No sirvió de nada, se supone, y
cada uno siguió la  pre precampaña por su lado. Pero lograron la foto, que es lo que importa.

En
esta realidad, era de esperar que después de tantas buenas palabras, de fotos y
eslóganes, Europa no lograra encontrar una solución a la crisis de los
refugiados.

La
imagen de Aylán, muerto en la arena de una playa turca el 2 de septiembre de
2015, recién cumplidos los tres años, nos golpeo el alma, especialmente a los
que tenemos hijos de esa edad, y abrió los ojos de Europa ante la dramática
situación de miles de familias que huyen de Siria.

Los
días pasaron y, con ellos, los titulares de periódico y los minutos de
televisión.

La
opinión pública, esa de consumo y preocupaciones rápidos, les olvidó. Pero en
el mar seguían muriendo niños, con sus madres y sus padres: más de 3.700 personas
en 2015; más de 300 niños como Aylán o su hermano. Sólo nos hemos vuelto a
acordar de ellos cuando, al llegar el invierno, campamentos como el de Idomeni,
nos han devuelto imágenes más parecidas a las de la I Guerra Mundial que a la
Europa del Siglo XXI.

Pongámonos
por un segundo en su situación. Pamplona, destruida por años de combates y
bombardeos; en un lado, un régimen dictatorial; en el otro, un grupo de
fanáticos religiosos a los que la vida humana les importa muy poco.

¿No
intentaríamos cruzar a Francia o llegar a China, incluso, si hiciera falta?

¿Quién
ante la destrucción de su ciudad, de su país, no buscaría salvar la vida de su
familia? ¿Quién no cruzaría el mar, atravesaría fronteras de noche, pagaría a
mafias y haría lo que fuera por que sus hijos tuvieran más futuro que las balas
o las bombas?

Ante
eso, Europa, que acostumbra a mirar al resto del mundo desde la superioridad
moral de su estado de bienestar, ha optado por quitarse el marrón de encima.

Cuando
era niño me decían que los problemas no existen, que simplemente hay asuntos
que requieren más trabajo para solucionarlos. La UE, sin embargo, no ha querido
mancharse las manos, no ha querido trabajar, y le ha pasado el muerto a otro a
cambio de dinero y favores políticos.

La
imagen de los ferries saliendo de Grecia a Turquía, mientras seguían llegando
embarcaciones repletas de refugiados a Lesbos es el símbolo del fracaso de una
política que no se ha atrevido a buscar una solución humana al problema, aunque
ésta hubiera costara dinero y, posiblemente, votos.

Turquía,
un país que no cumplía ninguno de los estándares democráticos y económicos para
formar parte de la Unión, es el que va a solucionar el problema a la gran Europa.

A
principios del siglo XX, Valle Inclán deformaba la realidad y exageraba sus
rasgos más grotescos para criticarla. Hoy no le hubiera hecho falta.

¿Y,
mientras tanto, cuál ha sido la respuesta de la nueva política? Hemos aprobado
declaraciones en los plenos de los ayuntamientos y la presidenta del Parlamento
de Navarra ha quitado de su fachada la bandera de Europa. Con foto, claro.

Problema
resuelto.

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La educación de Sofía

Esta vez no escribo estas líneas
como concejal, ni siquiera como miembro de UPN. Las escribo como padre de
Sofía.

Sofía es una niña maravillosa,
feliz y sonriente como deberían poder ser todos los niños. Le encanta correr,
cantar, saltar, jugar… nos agota cada día de la manera más maravillosa posible.

Es bromista  y la niña más inteligente del mundo, como
seguro pensamos todos los padres de nuestros hijos, especialmente los que somos
primerizos y creemos ver en cada gesto un destello de genialidad.

Nació el 19 de febrero de 2013,
por lo que entre el 15 y el 19 de este mes la matricularemos para que comience
su etapa escolar. El cole de mayores, como le decimos.

Por eso, a la evidente
preocupación que como ciudadano y cargo público siento por la obsesión de
Barkos contra la educación en inglés, debo sumar la desazón que me produce como
padre su campaña contra el PAI, contra la enseñanza en inglés.

Me gustaría que Sofía pudiera
estudiar en una educación moderna con vocación de excelencia en la que
desarrollar todas sus capacidades y no en el campo de batalla político en el
que sus decisiones unilaterales la han convertido. Me produce una lástima
infinita que mi hija inicie su camino escolar en una educación que pretende
declarar proscrito al inglés, como algunos declaraban subversivos y peligrosos
algunos libros para sus naciones.

Quiero que mi hija pueda aprender
inglés, no sólo por las posibilidades laborales que este idioma aporta, sino
porque supone una verdadera puerta abierta al conocimiento de realidades y
culturas distintas, porque además de formarle, le va a ayudar a ser una persona
más abierta y tolerante.

No entiendo sus constantes
ataques al PAI, porque suponen un insulto no sólo a los docentes que lo
desarrollan, sino también a los miles de padres que han matriculado a sus hijos
(a lo más importante de sus vidas) en este programa y a todos aquellos que queremos
hacerlo. ¿Se cree que estamos locos o simplemente se estiman Mendoza y Barkos
más inteligentes que todos nosotros? Creo que ni una cosa ni la otra, creo que
lo que se esconde detrás de este desmontaje a marchas forzadas de la enseñanza
en inglés es simplemente una miserable estrategia política.

Por eso a la preocupación por
elegir el mejor centro posible, se suma mi inquietud por el sistema educativo
en el que se van escolarizar mis hijos durante los próximos años (porque dentro
de dos, le tocará también a Gonzalo) y el miedo a su sectarismo.

Al contrario de lo que Barkos y
sus socios nos plantean, quiero para Sofía y Gonzalo una educación abierta que
le dé todas las herramientas para ser libre y responsable , que le llene la
mochila para poder elegir el camino que ella quiera el día de mañana.

Quiero inglés y no quiero tener
que vender un riñón para conseguirlo mandándole a Irlanda como la presidenta.
De hecho, quiero poder elegir euskera, inglés o francés, alemán o chino… pero
quiero poder elegirlo, sin imposiciones.

Quiero libertad para poder elegir
el centro que quiera, sin que haya opciones de ricos y opciones de pobres
(aunque con su subida de impuestos casi todos vayamos a ser un poco más
pobres).

Me gustaría una educación que
permita a mi hija explorar y aprovechar todas sus capacidades, que seguro serán
distintas al niño que tendrá en el pupitre de al lado, sin que eso signifique que
uno es mejor que otro. Aspiro para Sofía, en definitiva, a una formación que no
le haga igual a ese niño, sino que le enseñe a ser ella misma y a disfrutar con
quien es diferente.

Y quiero también que mi hija
aprenda y sepa a apreciar las tradiciones de su tierra, pero también a observar
con curiosidad otras culturas, sin considerar una mejor que otra simplemente
porque sea propia.

Sé que esos valores los hemos de
sembrar en casa, pero es inevitable que se promocionen también en el colegio al
que vaya.

Desde luego, tengo claro que no
quiero que le hagan encuestas preguntándole si se siente vasca, si cree que
para sentirse vasca hace falta saber euskera o si es mejor aprender euskera que
inglés, como hemos conocido que ahora se hacen en nuestra tierra sin que a
nadie en el Gobierno le parezca mal.

Por eso me asusta cuando, después
de escuchar a Barkos decir en su toma de posesión que la educación sería su
obsesión, veo qué ha hecho en estos meses en la materia. Se han esforzado más
en detener y paralizar desde la imposición que en mejorar y encima ahora
reconocen que la “moratoria”  va a ser
para tres años, es decir, va a ser paralización.

En Pamplona una concejal de
Aranzadi (Podemos) nos alertaba en un debate de “los riesgos” (sic) del PAI,
pero créanme, las familias que deseamos matricular a nuestros hijos en el PAI no
estamos locos.

Respeten la libertad de los
padres y el buen trabajo de los centros y sus docentes; no detengan la
enseñanza en inglés, mejórenla, y trabajen para que los niños estén más
preparados y aprovechen todo su potencial… no para sus obsesiones.

C�e)F

Intervención Pleno 27/11/2015

Enmienda:

Enmienda
de sustitución sobre moción para interposición de querella criminal.

El Ayuntamiento de Pamplona acuerda:

1.- Condenar rotunda y tajantemente los crímenes cometidos durante la
guerra civil y la dictadura franquista.

2.- Reafirmar nuestro compromiso con los valores de la transición y con las
leyes que emanaron de sus principios de generosidad y reconciliación.


Intervención:

Nuestro Grupo no va a apoyar esta moción.

Vaya por delante y de ahí nuestra
enmienda, mi condena rotunda de los crímenes cometidos durante la guerra civil
y el franquismo.  Una condena absoluta,
sin matices. 

El otro punto de nuestra enmienda hace
referencia a nuestro compromiso con los valores que hicieron posible que hoy
disfrutemos de democracia. Nuestra admiración a aquellos responsables políticos
que desde la responsabilidad y la generosidad supieron anteponer sus filias y
sus fobias por construir un futuro sólido para nuestro país. 

Esa generosidad fue hecha perdón, pero
ese perdón no puede significar en ningún caso el olvido de quienes sufrieron
los crímenes que he mencionado al principio, de ninguna manera.  Algunas veces, es cierto, esto no se ha
comprendido como se debiera. 

En cualquier caso, nuestra transición fue
modélica y consiguió entre otras cosas que mi generación no conociera otra
violencia que la del terrorismo. 

Fruto de esa visión de futuro, fruto de
esa responsabilidad, se transformó el estado franquista en un estado
democrático con unas leyes democráticas. 

Una de esas leyes, la que impide que
apoyemos esta moción, es la Ley de Amnistía que quizás sea uno de los mejores
ejemplos de esa generosidad de la que hablaba. Las intervenciones durante su
debate en las Cortes son la mejor explicación de ese sentimiento. Marcelino
Camacho, portavoz del Partido Comunista lo explica mucho mejor de lo que yo lo
haré nunca. 

Por eso, no nos sumamos en 2013 a la
moción que apoyaba la querella presentada en argentina y no lo haremos hoy. 

Consideramos que ello chocaría
absolutamente con dicha ley. 

Una Ley, la de amnistía, que por cierto,
intentó ser derogada dos años antes de aquel debate en el año 2011, una
propuesta que obtuvo un resultado de 8 votos a favor y más de 200 en contra por
lo que no entendemos que se trate de esquivar municipalmente, poquito a
poquito, resultados como ese. 

En resumen, condena radical de los
crímenes de la guerra civil y el franquismo. 

Solidaridad con las víctimas de aquellos
horrores.   

Compromiso con los valores que
sustentaron una transición que hoy nos permite disfrutar de una realidad
democrática plena. 

Y compromiso por supuesto con nuestro
ordenamiento jurídico.

¿Pamplona con Askapena?

(Intervención en Pleno de Pamplona el 5/11/2015)

Creo sinceramente que tienen un problema.

Si existiera una asignatura de democracia, la separación de poderes se daría en el primer tema, seguro. Montesquieu, Rosseau, Hamilton(Alexander)… lo tenían ya bastante claro en el siglo 18.

Han dibujado ustedes un relato que nada tiene que ver con la realidad de un Estado democrático como España.

De hecho, han omitido una parte fundamental. Por qué estas cinco personas que nombran en su moción como víctimas son juzgadas. Dicen en su moción que es por su trabajo de solidaridad internacionalista.

Dice el fiscal, que por formar parte del aparato internacional de ETA.

Afirma también la moción que esta acusación deslegitima el trabajo de solidaridad internacional que ayuntamientos vascos hemos realizado a través de Askapena.

No sé, a qué ayuntamientos se refieren, pero desde luego a Pamplona, no.

Porque este ayuntamiento ni es vasco, ni colaboramos, hasta donde sé, con Askapena. Y si es que ahora resulta que sí lo hacemos, exijo que nos lo expliquen.

El texto continúa haciendo una alabanza de la labor de estos grupos. Nada extraño, porque por otra parte comparten punto por punto el discurso habitual de Batasuna y sus siglas posteriores… Ya saben, los etarras no son asesinos, son presos políticos. De Juana Chaos es un refugiado y los etarras en otros países son la diáspora vasca.

Desde luego ni una palabra sobre los cientos de miles de personas que han tenido que salir del País Vasco y de Navarra por la presión asesina de ETA. Ni siquiera una mención a sus casi 900 víctimas.

Así que permítanme que ponga en duda que Askapena como dice la moción, haya “dado a la sociedad vasca valores imprescindibles para el buen funcionamiento democrático y justo entre los pueblos”.

La moción es, ya digo, un despropósito, pero desde luego la enmienda de la señora Eguino que rápidamente Bildu aceptó, no es mejor.

En uno de sus puntos reclama que el proceso judicial contra bla bla bla, sea (leo literalmente) justo  y libre de condicionamientos políticos. Y en otro de sus puntos afirma su solidaridad con los cinco internacionalistas vascos imputados por criterios políticos más que jurídicos y luego, llega incluso a pedir directamente que se les repare pertinentemente.  Pero es que en el expositivo se acusa a la fiscalía de propiciar un irresponsable obstáculo para la resolución del, como lo llaman ustedes, conflicto.

¿No es esta moción una presión política al estamento judicial?  ¿No son estas mismas frases una presión e incluso usurpación del papel de los jueces?

El fin último de este texto es claro.  No hay más que ver cómo los acusados enarbolaron el acuerdo del Parlamento de Navarra en el juicio para, frente a cualquier acusación, contraponer el a mi juicio vergonzoso apoyo institucional de la cámara foral.

No es que se erijan en abogados defensores, es que pretender hacer ustedes mismos de jueces calificando gruesamente las acusaciones fiscales, consecuencia de investigaciones policiales de varios años.
Askapena se integra en una estructura mancomunada y bajo la dirección de ETA y la ilegalizada Batasuna llamada NLT (o Grupo de Trabajo Internacional). Además, también participaba en el sistema establecido por la “Izquierda Abertzale” para su “autofinanciación”, o “lo que es lo mismo, para el sostenimiento económico de las distintas estructuras que la integran y del conjunto de sus actividades orgánicas”. La financiación de toda esta, partía según el ministerio fiscal de una “caja común” constituida a partir de las “subvenciones públicas electorales” recibidas por las agrupaciones políticas ilegalizadas como ANV y PCTV y que llegaron a suponer un total de 2,3 millones de euros entre tres año. Igual cuando hablan de la colaboración del Ayuntamiento en la moción, se referían a ANV, no lo sé.

¿Cómo no van a pedir algunos la libertad para personas con este currículum si exigen que los asesinos salgan a la calle? Presoak kalera, amnistía osora.
Sinceramente no me sorprende de algunos, pero sí que lamento de verdad que otros grupos de este ayuntamiento se sumen.

Pero viendo el apoyo mayoritario al texto, me surge una duda. ¿Nos vamos a dedicar a partir de ahora en este Pleno a revisar procedimientos judiciales?

¿Van a llegar mociones similares contra el procesamiento de ladrones, estafadores o violadores?

¿O sólo vamos a revisar y criticar los procedimientos contra los colegas?

Al final, la filosofía es la misma que la de la comisión del lunes… ¿tiene previsto reunirse el señor alcalde con algún delincuente más o sólo con los que podemos considerar más o menos cercanos ideológicamente?

¿Habría recibido a un colectivo preocupado por las acusaciones contra un grupo racistas que apaleaban inmigrantes?

Supongo que no. Igual que tampoco debería haber recibido a quienes apaleaban a policías municipales, aunque llevaran una ikurriña en la muñeca.

Como tampoco debería haberse presentado esta moción.

Dejemos actuar a la justicia. Si los jueces son considerados que ha quedado probado que son culpables, que se les condene. Si no, que se les absuelva y se les repare si ha lugar.

Desde luego, no se puede exigir que no existan presiones políticas en un procedimiento judicial y a la vez que 14 políticos aprueban este texto presionando en él.