El okupa no preocupa

Un edificio en el Casco Antiguo, un chalé en la Cuesta de Labrit, el intento de disfrutar de una propiedad en pleno Paseo Sarasate… hasta acabar en un Palacio Barroco. Hay que reconocer que, de okupas, en Pamplona podemos presumir. Hay nivel.

La indiscutible permisividad de Asirón y Barkos con quienes se creen con el derecho de hacer uso propio y gratuito de edificios que son de todos ha conseguido un efecto llamada asombroso.

La cómplice pasividad de Ayuntamiento y Gobierno les transmite una evidente sensación de impunidad; de que en esta ciudad si ocupas, no hay consecuencias. No pasa nada.

Corrijo. No pasa nada si eres okupa. Porque si eres policía, cumples con tu deber e intentas evitar una ocupación mientras te defiendes como puedes de los delincuentes que intentan tomarlo por las bravas, Bildu te ataca, te tacha de violento y para colmo el alcalde te quita la porra. Literal. Así de tragicómica es la Pamplona de 2018. Valle Inclán no habría necesitado el espejo de la ferretería de la calle Álvarez del Gato para deformar semejante esperpento.

Aunque no lo crea, en nuestra ciudad, mientras lee estas líneas, tenemos un edificio en el entorno de Aranzadi, alrededor de una treintena de pisos, una nave industrial y un palacio (todos públicos) okupados. Y, para rematar, en Mendillorri nos hemos gastado medio millón de euros de los impuestos que pagamos todos, para construir un gaztetxe (passivhaus, eso sí) que se ha entregado sin un solo papel firmado, sin un expediente, para montar fiestas hasta la madrugada en las que, según parece, se vende alcohol sin control. Casi nada.

Y, sin embargo, presumimos. De hecho, en un debate celebrado hace apenas 10 días en el Ayuntamiento, un concejal de la moderadísima Geroa Bai presumía de “sensibilidad” con el okupa. Ahí queda eso para las actas municipales.

Pero, aunque no quieran verlo, aunque pasen olímpicamente de abordarlo, el problema es serio y profundo. Desde la llegada de Asirón y Barkos a los sillones de la Plaza Consistorial y del Palacio de Navarra hay un grupo de personas que se creen por encima de la ley.

¿Por qué hay jóvenes que tienen que buscarse la vida y pagarse una bajera y otros tienen gratis y con “permiso” de la administración un palacio? ¿Por qué se imponen horarios, normas e impuestos a bares y comercios y estos montan su taberna y su “herri denda” sin control alguno? ¿Por qué algunos pagamos religiosamente nuestras hipotecas y otros pasan meses e incluso años en propiedades públicas sin que se les moleste? ¿Si es verdaderamente un problema social y de vivienda, como sostiene IE, no debería alguien dimitir porque se haya multiplicado en apenas dos años?

Lo más grave, sin embargo, es que si hay quien se cree con más derechos que el resto y se sitúa por encima de la norma, alcalde condenado por fraude de ley incluido, otros son marginados sin ellos.

Son los padres de escuelas infantiles expulsados de sus centros de un día para otro; son los comerciantes del centro de la ciudad que llevan más de 10 millones de euros de pérdidas por la amabilización impermeable, sin que nadie que les escuche; son los vecinos y emprendedores de Pío XII que se temen sufrir los mismo y a los que les van a imponer 2 millones de euros de obra en su avenida; son las personas de movilidad reducida de Mendillorri que pueden disfrutar de un gaztetxe nuevecito, pero no subir al centro de salud porque el ascensor urbano que reclaman lleva dos años largos de retraso; son los inversores que ven cómo el alcalde cambia las normas según le conviene; son los médicos, profesores, abogados, ingenieros… que no podrán acceder a un empleo público por no saber euskera.

Dice el topicazo político que gobernar es priorizar. Y vaya si están priorizando. A toda velocidad y caiga quien caiga.

Los valientes de escuelas infantiles

Pongámonos en situación. Imagine que tiene, por ejemplo, una niña de diez meses matriculada en una escuela infantil municipal.

Una mañana de febrero al leer el periódico se entera de que el año que viene esa escuela, y dos más, cambiarán su modelo lingüístico y ofrecerán un proyecto de inmersión en euskera. Usted no tiene nada en contra del euskera, pero no lo habla y posiblemente forme parte del 96% del barrio que no exigía esa lengua al matricular a sus hijos en el ciclo 0-3. Sin embargo, el Ayuntamiento de Asirón sólo le da dos opciones: o pasa por el aro e inscribe a sus hijos en un proyecto exclusivamente en euskera o se larga a otra escuela.

Y usted, que a duras penas consigue conjugar ese verbo mágico en cualquier familia que es “conciliar”, ve cómo de la noche a la mañana (literalmente) en un despacho del Ayuntamiento han decidido que la educación que eligió para su hijos y el día a día de su familia van a tener que cambiar. Y como usted, 255 familias.

Unas, abandonaron la red pública de educación 0-3, hubo quienes aceptaron cambiar de escuela y algunos acabaron matriculándose en la que ya estaban inscritos, pese a que serían íntegramente atendidos en un idioma que no hablan en casa.

En concreto, más del 80% de las familias matriculadas anteriormente que se preinscribieron en las escuelas donde se impuso el euskera lo hacían en contra de su voluntad, según una encuesta.

En medio, hubo un grupo de padres y madres que decidieron no rendirse y no bajar la cabeza ante una decisión injusta, sectaria e ilegal.

Se cita mucho una frase de Edmund Burke que se ajusta a la perfección: “Para que el mal triunfe, basta con que los hombres de bien no hagan nada”. Ellos decidieron actuar y enfrentarse a la imposición, sabiendo que muy posiblemente la solución llegaría cuando sus hijos ya habrían abandonado el ciclo 0-3.

Primero trataron de hacer ver a Asirón y a sus socios el daño a niños de menos de dos años, algunos con necesidades especiales incluso. Intentaron que el euskera se incorporara progresivamente en esas escuelas, para así no perjudicar a nadie.

Después trataron de dar a conocer su problema, sin importarles perder parte de su intimidad al poner cara a sus demandas, ni recibir los injustos ataques de la maquinaria publicitaria nacionalista, que trató de enfrentarles a otras familias y dibujarles como títeres de la oposición y enemigos del euskera.

Llegaron hasta el Parlamento donde recibieron el desprecio de la hoy consejera de Educación, que defendió exactamente lo contrario de lo que dice ahora.

Por último, no les quedó otra salida que acudir a los tribunales para detener el atropello. Lo hicieron jugándose sus ahorros, mientras que Asirón, tan republicano él, disparaba con pólvora del rey, pagando sus recursos con los impuestos de todos los pamploneses.

Sin embargo, poca escapatoria judicial le queda ya a una decisión que no se aprobó en base a ningún estudio de demanda, sino alimentada por el rencor y las obsesiones de Bildu y gracias a la indispensable colaboración de Geroa Bai, IE y Aranzadi/Podemos.

La reacción del cuatripartito a la última sentencia del TSJN deja a las claras el alma de un gobierno municipal que no sólo no ha reconocido error alguno y ni siquiera el daño causado a decenas de familias. La chulería insensible de Asirón, reduciendo todo este largo camino a una exigua indemnización “si pueden probar el daño”, demuestra su nula empatía y lo poco que le preocupa al alcalde el efecto que sus dogmáticas decisiones tiene en los ciudadanos. En los ciudadanos que él estima que no le votan, claro.

“No puedo aceptar que cada vez que critico al independentismo me llamen facha. No puedo aceptar que consideren que los que no votan como ellos no son ciudadanos”, decía Borrell la semana pasada sobre la situación en Cataluña.

Lo mismo ocurre en Pamplona y Navarra. Solo unos, los suyos, tienen derecho a ser escuchados. Solo a unos les corresponde el título de “ciudadanía”, el resto son viejos, fachas y reaccionarios.

Si eres un vecino de la Chantrea/Txantrea que pide que tu barrio se escriba única y exclusivamente con tx, en lugar de en bilingüe, te hacen caso. Si eres un vecino de Pío XII que pide que el carril bici se implante en la avenida pero de otra manera, ni agua.

Si unos piden un edificio para jóvenes (exclusivamente de los suyos) en Mendillorri, se gastan casi medio millón de euros en construirles un edificio. Si eres una madre que pide que tu hijo de un año pueda terminar el ciclo 0-3 en la escuela infantil donde está matriculado, ahí te apañes.

Menos mal que sólo queda año y medio.

Larrarte, el amigo de Asirón

El martes me enteré por la prensa de que el alcalde de Tudela, Eneko Larrarte (IE), me había denunciado por criticar el pasado 29 de octubre en Twitter su presencia junto a Asirón y alcaldes de Bildu y otras formaciones nacionalistas en un acto del llamado Foro Social, una entidad que comparte según parece a pies juntillas los postulados del entorno de la exBatasuna respecto al fin de ETA.

Como se pueden imaginar, no es una de esas noticias que a uno le agrada ver en un periódico mientras engulle a toda prisa y de pie un café antes de llevar a los niños al colegio e ir a trabajar; no tanto por la denuncia en sí, que confío no prospere, sino por la demostración de cómo algunas personas que basaron su escalada al poder en el ataque y la crítica feroz, demuestran ahora una nula tolerancia hacia quienes piensan diferente.

El tuit en cuestión, los 118 caracteres por los que me denuncia el sr. Larrarte, no recogen imputación de delito alguno, sino una mera crítica política que al parecer no es capaz de asumir con la deportividad con la que algunos hemos sufrido el acoso durante nuestra etapa con responsabilidades de gestión y que, incluso en la oposición, seguimos recibiendo hasta el punto de tener que aguantar que nos tachen de nazis, como hizo una de sus concejalas.

Critiqué a Larrarte en octubre porque, al margen de su discurso, su mera presencia legitimaba el acto en el que participó: un encuentro en el que se habló según las crónicas periodísticas más de la supuesta tortura mantenida por los estados español y francés contra los presos vascos (así llaman en ese foro a los asesinos de ETA) que, por ejemplo, de los 900 asesinados por los terroristas. Supongo que para disimular, se les reclamó, eso sí, autocrítica a “las personas presas” como si fueran un niño de 10 años que ha suspendido un examen o que ha pegado a su hermano.

En un evento similar, organizado por el mismo grupo unos días más tarde, se referían a los etarras huidos de la justicia como “exiliados políticos vascos”. Igual que llaman a las bombas lapa, a los tiros en la nuca, a los secuestros o a las ejecuciones como la de Miguel Ángel Blanco, “delitos de motivación política”.

El propio Colectivo de Víctimas del Terrorismo afirmaba ya en 2013 cuanto este Foro comenzaba a dar sus primeros pasos que “cualquier foro de debate que conciba décadas de asesinatos selectivos como un periodo en el que dos bandos han roto a matar carece de legitimidad moral” y añadía que «menos aún si el objetivo es deformar la realidad, colocando a los presos de ETA en el centro de un escenario en el que una banda de criminales sigue sin entregar sus armas».

En un acto público organizado por estas personas es donde Larrarte participó representando a todos los tudelanos y es por lo que yo le critiqué.

Y es que el acto de octubre podía haber pasado como una maniobra más del nacionalismo vasco para “amabilizar” (palabra muy del gusto de Asirón) la imagen de ETA en pleno proceso de disolución. Sin embargo, la mera presencia de Larrarte, no perteneciente en principio a esos partidos, legitimaba el acto y sus conclusiones.

En esta vida cada uno elige a sus amigos y elige si uno decide hablar del fin del terrorismo junto a Asirón y Bildu o junto a las víctimas de ETA.

Igual que ahora sostiene, con firme rostro de cemento, Adolfo Araiz, dice el Sr. Larrarte que él siempre ha estado por la paz, pero adopta el lenguaje impuesto por Bildu al hablar de todas las víctimas, como si asesinados y verdugos fueran equiparables en sufrimiento, dolor y culpa.

Dice que siempre ha estado con ellas, con las víctimas, aunque jamás me lo he encontrado en ninguno de los actos de recuerdo a los asesinados en Navarra, en Leiza, en Sangüesa, en Berriozar o cada mes de mayo en Pamplona.

Él eligió compartir estrado con Asirón y legitimar, ignoro si consciente o inconscientemente, un acto que responde a una estrategia clara y que es criticado abiertamente por las víctimas del terrorismo.

A mí, personalmente, me entristece que el alcalde de una ciudad que tanto quiero y donde tengo tantos amigos como Tudela tenga este comportamiento y compadree en un tema tan sensible con Asirón a quien con vergüenza observo negarse en los Plenos de Pamplona a condenar los asesinatos terroristas o que ha hecho Teniente de Acalde a un personaje como José Martín Abaurrea, que rechazó incluso hacerlo cuando el muerto era uno de sus compañeros de Corporación.

Y lo tendré que decir, con demanda o sin demanda, porque es mi obligación no como concejal o como miembro de un partido político, sino como ciudadano y con mi propia conciencia comprometerme con que el final de ETA no signifique impunidad ni amabilización de los asesinos, sino memoria, dignidad y justicia para las víctimas.

Larrarte tomará libremente las decisiones que le dicte su razonamiento político, pero a partir de ahí tendrá que aceptar que el resto podamos criticarlo, con mayor o menor acierto a veces, pero en uso de nuestra libertad de expresión siempre. Porque, como decía uno de sus propios concejales también en Twitter hace unos meses… “¡cómo les gusta la ley mordaza a esta gente!”.

Intervención por comparecencia de Romeo como nuevo concejal de Transparencia (13-11-2017)

Admiro cómo ha intentado vendernos su nombramiento, señor Romeo. Pero hay una realidad evidente: a usted lo han cesado.

A usted le cesaron el día 30 de octubre porque ha sido un concejal de Seguridad que ha generado más problemas que los que ha solucionado hasta un punto tan difícilmente maquillable que se lo han quitado de en medio.

Con un factor además que facilitaba la operación al alcalde, que usted es de Aralar, bueno si eso sigue existiendo.

Ha intentado regatearlo, ha intentado usted ser más de Bildu que nadie, emprendió una escalada de radicalidad incluyendo aquello de defender que ETA no debería disolverse sin condiciones y tal que usted dijo y por lo que fue reprobado por este Pleno…

Pero la realidad es que a ojos de los que mandan en este Ayuntamiento, usted no es un pata negra. Mire, hay dos áreas que no han tenido ni un mínimo retoque en esta reorganización, la del señor Abaurrea y la de la señora Perales, que no son menores precisamente, que sí podían haberse dividido dando, qué sé yo, la importancia que se merece por ejemplo al Comercio de esta ciudad que sigue sin área.

Pero ellos los de Sortu, los muy de Sortu, son los que manejan el cotarro, señor Romeo. Son los que mueven los hilos. Y usted, no es Sortu de pura raza aunque haya tratado de pasara por ello.

Y por eso, está hoy aquí intentando vendernos la moto de una súper área, que en realidad es un rincón que le han buscado para tratar de esconder lo que, como digo, es una evidencia: que ha sido usted cesado.

Y Mire señor Romeo hay algunas cosas que me preocupan especialmente de su intervención.

La primera, que es la constatación de que en dos años no han hecho nada en prácticamente todos los ámbitos que ha enumerado. Nada.

Ha hecho una intervención del año 2015, cuando llevamos ya más de media legislatura. Nos ha soltado un mitin de campaña, nos ha leído el programa electoral, sin darse cuenta de que llevan dos años y pico gobernando, por llamarlo de alguna manera, y todo lo que se ha hecho en smart city en esta ciudad desde 2015, es por pura inercia, continuando proyectos ya iniciados y trabajados por UPN. El stardust presentado el viernes, sin ir más lejos.

Su intervención es la mejor evidencia de que ese gran oxímoron que se llamó área de gobierno transparente bajo la égida del sr. Asirón, ha sido un enorme fracaso. Porque ni hay gobierno, más bien desgobierno observados estos meses y la solución adoptada, ni mucho menos existe transparencia.

Un 0 en transparencia. Un 0 en innovación. Y un 0, un 0 morrocotudo, en tribunales.

Ocupamos, un verbo por cierto muy de moda con ustedes en este Ayuntamiento, el puesto 86 en Transparencia. 86 de 110 ciudades.

En 2012 estábamos 23 puntos por encima de la media de los ayuntamientos españoles. Hoy, con ustedes, gracias a ustedes, estamos 6 puntos por debajo. 86 de 110. contratos menores.

Y claro, para solucionarlo ponen al frente de Transparencia al concejal que trató de impedir el acceso de los concejales a la información del atropello de la sr. Beloki hasta tal punto que solo una resolución del tribunal administrativo de Navarra pudo garantizarlo.

Es de traca.

Para hablar de transparencia ponen al concejal que aseguró disponer de vídeos en los que se escuchaban nítidamente amenazas contra el alcalde, para después descubrirse tras semanas de preguntas y preguntas no contestadas en Comisión que ni videos, ni micrófonos ni, por supuesto, amenazas.

Y no lo digo yo, lo dijeron los tribunales, en un caso por cierto para el que parece que sólo se encontró un testigo de esos gritos, que resultó ser también colaborador del medio que los había publicitado.

Ponen al frente de transparencia al edil, que ocultó información de acuerdos con la Vuelta a Ciclista al País Vasco, al edil que trató de ocultar el aumento del número de accidentes en la ciudad, haciendo medias con los de hace 12 años como única solución para tapar el incremento durante su gestión.

Mire señor Romeo, hace semanas, en la primera declaración del curso, usted y yo debatimos sobre transparencia por una iniciativa de este grupo municipal.  Fue incapaz de de aprobar una declaración de este grupo que pedía, en positivo, tomar medidas y trabajar en comisión para lograr un puesto más alto en el ranking de transparencia internacional o, lo que es más importante, para garantizar que los ciudadanos pudieran tener acceso a la realidad de este Ayuntamiento.

Ya estamos trabajando en ello, dijo entonces. Si se tomaran en serio este tema, hoy hubiera venido con una batería de medidas concretas y no con una enumeración de lugares comunes, frases bonitas y generalidades que es lo que ha sido su intervención.

Y por no hablar de los varapalos en los tribunales…

No por los letrados de esta casa, evidentemente, sino porque es imposible defenderles a ustedes y las cosas que hacen. Porque toman decisiones que son insostenibles y eso, no va a cambiar esté donde esté enmarcada la asesoría jurídica. porque el desprecio a la ley lo llevan en su adn como han demostrado en dos años.

Por último, han llenado ustedes de palabras realmente atractivas esta área, innovación transparencia… Pero claro, el postureo luego genera duplicidades.

Porque claro, cómo se trabaja la transparencia si la web municipal depende de otra área.

Cómo trabaja con ANIMSA un concejal que no es miembro de su Consejo?

por qué creamos una oficina estratégica con un presupuesto importante si luego lo va a hacer usted todo???

En resumen, con su área Asirón gana en propaganda, porque así han podido salir unos cuantos días diciendo unas cosas muy chulas y muy modernas de las que en realidad pasan olímpicamente y sobre todo un escudo ante la nefasta, ante la lamentable gestión del área que el alcalde dirigía.

Pero no todo va a ser malo, señor Romeo.

Su nombramiento nos deja una buena noticia.

Ya no es usted concejal de Seguridad Ciudadana. Y eso, en principio al menos, es bueno para Pamplona.

Espero que la gestión de la señora Gómez, no haga que nos tengamos que retractar.

Barkos asusta (publicado en Diario de Navarra el 10/11/2017)

DM4wgV4WsAAg8vcDecía el Rey Fernando de Navarra en ‘Trabajos de amor perdidos’ de Shakespeare que Navarra sería el asombro del mundo. Confiaba, aunque fuera para la Navarra de Ultrapuertos, en un futuro prometedor gracias a una Corte de sabios en pleno renacimiento.

Hoy, cuatro siglos después, la cita no puede estar más lejos de la realidad de nuestro Ejecutivo. Ni Barkos es la moderna Margarita de Angulema, ni su gobierno aquella “little Academe, still and contemplative in living art” con la que soñaba el utópico Enrique III.

El cuatripartito no es el asombro del mundo, sino un gobierno que asusta. Literalmente. Desde 2015 hasta agosto, más de 250 empresas han abandonado la Comunidad Foral, lo que supone una pérdida de más de 2.200 millones de euros de facturación.

Tampoco hemos aprovechado la desbandada de empresas catalanas. En otro contexto, con un Gobierno fiable que aprovechase la autonomía fiscal foral para favorecer la actividad económica y no para castigar a los navarros, nuestra Comunidad habría sido un destino atractivo. Siempre lo había sido y, de hecho, éramos muy envidiados y criticados en otras partes de España por ello.

Sin embargo, apenas una de las más de 2.100 empresas que han huido de la “idílica” tierra de Puigdemont, Junqueras y compañía ha trasladado su domicilio fiscal a Navarra.

Suele decirse que las empresas “votan con los pies” estableciéndose allí donde localizan un entorno favorable: estabilidad, espíritu emprendedor, educación moderna y abierta, buenas conexiones, pocas trabas administrativas o un sistema fiscal justo que contribuya, y no castigue, al crecimiento económico, por ejemplo.

¿Qué estabilidad puede aportar un ejecutivo formado por cuatro coaliciones integradas por más de 8 partidos distintos? ¿Alguna de las empresas que huye de la sopa de letras del PDeCAT, ERC y CUP pediría asilo bajo un gobierno liderado por Bildu y uno de los sectores más radicales de Podemos de toda España?

Es evidente que el Cuatripartito ve a las empresas como enemigos capitalistas a los que esquilmar en lugar de como herramientas para la generación de empleo y, por lo tanto, riqueza.

Qué decir de la Educación, una de las joyas de nuestra comunidad, a la altura de las mejores de Europa y envidia del resto de España, no sólo por sus resultados académicos y sus tres universidades, sino sobre todo por su carácter inclusivo y su respeto a la libertad de elección.

El PAI o experiencias como las del Colegio Víctor Pradera-Paderborn, en alemán, o del Vázquez de Mella- Bayonne, en francés, han abierto un mundo de oportunidades a miles de niños, sea cual sea la renta de sus familias. Sin embargo, Europa y el mundo quedan muy lejos para un gobierno encerrado en su ikurriña; lleno de prejuicios y empeñado en ver la Educación como una herramienta política.

Quizás por eso tampoco les interesa el TAV y la conexión de alta velocidad con Francia. ¿Invertiría usted con quienes no apuestan por estar conectados con el resto del país y con la UE? ¿Confiaría en un gobierno empeñado en convertir su comunidad en una isla?

¡Y qué decir de nuestro sistema fiscal, que declara proscrito el ahorro y toma por millonaria a cualquier familia que ingrese más de 21.000 euros al año! Según datos recogidos por Institución Futuro, Navarra ocupa el último lugar en el ‘Subíndice autonómico de competitividad fiscal referente al Impuesto sobre la Renta’ y el cuarto por la cola en el de Patrimonio. Además, somos la única región de la UE, que se dice pronto, en la que el Impuesto de Patrimonio grava los bienes de las empresas familiares. Un auténtico puyazo.

No es de extrañar que este panorama ahuyente a empresas y emprendedores. El ‘Índice de confianza empresarial armonizado’ también ha sufrido en el último trimestre un retroceso mayor que en el resto de España y las opiniones respecto al futuro son, según los datos del ICE también recogidos por Institución Futuro, mucho menos optimistas que la media nacional. Lo mismo sucede con el ‘Indicador de Clima Industrial’, que mide la confianza de las empresas industriales y sitúa a Navarra en negativo, por debajo de España y lejos de Europa.

En un momento de incipiente recuperación económica, puesto en riesgo por las aventuras independentistas de algunos irresponsables e iluminados, es vital generar
confianza y huir de imposturas belicosas con el Gobierno central, que nada aportan salvo a las siglas que viven de la bronca con España. No debemos convertirnos en otra “comunidad problema”.

De nada servirá la fértil base de la economía navarra si no sembramos una nueva política económica fiable, abierta a los emprendedores, al desarrollo y a la libertad económica o si la secamos con intervencionismo y populismo.

Las decisiones y la actividad política, lejos de ser sólo teatro y postureo, tienen consecuencias directas en el mercado empresarial y laboral y, por tanto, en la vida de decenas de miles de familias.

Odio odiar (artículo publicado en Diario de Navarra el 13 de octubre de 2017)

imagencuriaEl odio es una enfermedad que se transmite con una facilidad asombrosa, un virus terriblemente voraz con el que el populismo devora cualquier argumento racional; una bacteria que convierte las ideologías en religión.

La sociedad española, especialmente la catalana, pero también la navarra, sienten ya los síntomas de una política que no sólo razona con las tripas, sino que alimenta la rabia y el fanatismo ante su incapacidad por construir una posición política sólida y solvente. Es mucho más fácil echar leña al fuego del odio, que generar ilusión y optimismo. Es más sencillo y poderoso enseñar a odiar al enemigo político que generar adhesiones y entusiasmo alrededor de propuestas solventes.

Esa tendencia, obviamente, encuentra campo abonado en una situación de crisis como la que vivimos en la que muchísimas personas han perdido sus empleos o han precarizado su día a día y sienten que la política es incapaz en muchas ocasiones de solucionar sus problemas.

El historiador japonés Seizaburo Sato añadía un ingrediente más a este caldo de cultivo populista, que estudiaba como una constante que aparece y desaparece a lo largo de la historia: una suerte de crisis personal, fruto del impacto de la recesión en el proceso occidental de hipertrofiar las identidades individuales. Sin arraigo, ni sentido de pertenencia a una comunidad de valores previa que les es extraña, la de sus padres y abuelos, los individuos encuentran alivio en una colectividad que además identifica maniqueamente a los culpables de su dura situación y los declara sus enemigos.

Hay otros factores propios de nuestra actualidad que alimentan esta realidad. Somos la sociedad más informada de la historia. Nunca fue tan sencillo, barato e instantáneo el acceso a la información, bien sea a través de los medios de comunicación tradicionales, como a través de los nuevos medios de internet, redes sociales e incluso whatsapp. Sin embargo, los avances tecnológicos y el conocimiento sobre nuestros gustos, tendencias e incluso creencias que “regalamos” (muchas veces sin saberlo) a los gigantes de internet, permiten que la información que recibimos sea previamente filtrada y segmentada. Son las famosas cookies que todos descartamos al entrar en una web.

Es decir, nos facilitan leer las noticias que nos interesan y con el enfoque que nos agrada, seguimos en redes sociales a las personas que piensan como nosotros y lógicamente participamos en grupos de Whatsapp con gente de nuestro círculo. Tenemos el mundo a nuestro alcance, pero vivimos en una burbuja, como afirma Eli Pariser.

Esta realidad nos lleva a creer que todo el mundo piensa como nosotros, que la realidad es unívoca y la verdad política absoluta, y sirve por lo tanto para extremar ideológicamente a quien no comparte nuestras posiciones.

Para los navarros, el odio en política no es nada nuevo. Sufrimos la presión del nacionalismo radical (todos lo son) desde hace décadas.

En este sentido, el nacionalismo es quizás la forma más antigua de populismo. Benedict Anderson sostenía que los nacionalismos no son una ideología, sino “comunidades inventadas, capaces de generar adhesiones inquebrantables y acríticas” y, al igual que los populismos de izquierdas y de derechas, son capaces de generar en una persona un sentido de pertenencia a una comunidad enfrentada a un enemigo común. Por tanto, se trata de una posición excluyente por naturaleza. Ellos deciden quiénes forman el verdadero pueblo vasco o catalán, igual que el populismo diferencia quién es gente y quién casta. Para ser pueblo o gente, es ineludible identificar y marcar a quienes no lo son; se necesita irremediablemente un enemigo (españoles, casta, viejos…).

Frente a estas posiciones no cabe combatir el odio populista y nacionalista con más odio y más rabia y tensión. En ese terreno embarrado serán siempre insuperables. Sin embargo, la realidad es que a día de hoy, el ejercicio de la política ha derivado en muchas ocasiones en la obsesión por atacar y desprestigiar al rival.

El propio senador McCain (republicano y acérrimo enemigo del populismo de Trump) analizaba la política americana actual y defendía en julio de este mismo año que “yo mismo he dejado a veces que la pasión gobierne mi razón. No creo que ninguno se sienta orgulloso de nuestra incapacidad. Dedicarse a impedir que tus oponentes políticos cumplan sus metas, no es el trabajo más inspirador. La mayor satisfacción es respetar nuestras diferencias pero sin impedir los acuerdos”. Yo, y supongo que muchos, también he caído a veces en el ataque fácil y pasional, en la caricaturización y en la ridiculización del rival político más que en el debate profundo y calmado. Y no me siento orgulloso de ello. Odio odiar.

Es tiempo de ser capaces de mirar más allá de los próximos años, pensar en generaciones y no en legislaturas y contribuir en lo posible a reducir y acotar la rabia, sin permitir que los que durante años han intentado extender el odio, quienes viven de un proyecto político basado en la exclusión y la fractura social, triunfen.

El odio no se combate con odio, sino que sólo puede vencerse defendiendo con firmeza nuestros valores, pero sobre todo centrando los esfuerzos en acabar con las condiciones y la crisis que lo han facilitado y discutiendo con serenidad entre los que creemos en la ley, el futuro y la convivencia. El odio se combate generando ilusión y optimismo.

Dignidad y memoria (intervención en Pleno de 5 de octubre de 2017 sobre calles a víctimas del terrorismo)

El 23 de noviembre de 2010 las asociaciones de víctimas suscribieron un documento en el que ponían las bases para un fin de ETA sin impunidad.

Como dijeron entonces, “está en juego la fijación o no de los principios de la Verdad, la Memoria, la Justicia y la Dignidad de las víctimas de ETA, tanto de los asesinados, como de los heridos y los familiares de todos ellos, también de los extorsionados, secuestrados y amenazados por la violencia de persecución. Y del conjunto de la sociedad en cuanto que toda ella se ha visto afectada por el fanatismo identitario de ETA”.

Otro manifiesto, de este mismo año 2017, exige que el final de ETA que “se sostenga sobre la dignidad de sus víctimas. Es, afirman, la deuda contraída por el Estado de Derecho y que el Gobierno debe defender”.

Un final basado en la dignidad de los asesinados, de los secuestrados, de los acosados, de los extorsionados… Un final de verdadera libertad y convivencia será aquel que se construya sobre la verdad, la memoria, la justicia y la reparación.

Verdad, Memoria, dignidad y justicia.

Pues bien, señor alcalde, me voy a dirigir a usted, porque usted es el máximo responsable del evidente desprecio de este Ayuntamiento a las víctimas del terrorismo durante esta legislatura.

No se defiende ni la memoria, ni la dignidad ni la justicia para las víctimas de ETA cuando uno se niega siquiera a condenar la violencia etarra como todos ustedes hicieron el 3 de septiembre de 2015. Y en sucesivas ocasiones.

Su incapacidad, su cobardía democrática, en aquella primera votación, les deslegitima para escribir el relato que ha de cimentar la convivencia en nuestra ciudad.

Porque la narrativa de los años del terrorismo no la pueden escribir quienes no son todavía hoy capaces de condenarlo, de enfrentarse a él siquiera en pleno 2017; igual que no pueden escribirlo quienes lo han practicado, justificado o quienes lo han encubierto o dulcificado.

Pero aquel 3 de septiembre de 2015, que queda en las actas de este Ayuntamiento, fue sólo el principio.

No se reconoce la dignidad de las víctimas, se las ofende, cuando uno se fotografía en el despacho de la Alcaldía de esta ciudad, siguiendo ansioso la salida de la cárcel de un secuestrador, de un miembro de una banda terrorista. Ni cuando corre a fotografiarse abrazado a él como un gruppie en el camerino de una estrella del rock.

No se reconoce la dignidad de las víctimas, ni la memoria de su sufrimiento, cuando recibe y apoya en su despacho a un encausado por la actividad de uno de los tentáculos de ETA. Una persona que después, durante el juicio reconoció su pertenencia a banda terrorista, por cierto. Y usted lo recibió, amparó sus reivindicaciones y se sacó una foto orgulloso a su lado.

No se reconoce la dignidad y la memoria de las víctimas, cediendo el Palacio del Condestable a estas personas para su propaganda.

No se reconoce la verdad de la sangrienta historia de ETA cuando con su voto de calidad impide que este ayuntamiento condene las bienvenidas a terroristas de ETA celebradas en nuestra propia ciudad.

¿dónde está la memoria?

¿Si los terroristas son los merecedores de los homenajes, dónde queda la dignidad de las víctimas?

Al contrario, se ofende a las victimas cuando se utilizan las redes sociales para dar la bienvenida a miembros de ETA como hizo su teniente de alcalde.

No se reconoce la dignidad de las víctimas cuando invitan a intervenir en este pleno a miembros condenados de la banda y obligan a sus víctimas a salir de él.

No se defiende un futuro de justicia y libertad cuando alientan y permiten campañas de apoyo a los presos de ETA que fichan y obligan a significarse a vecinos del casco antiguo calle por calle.

No se trabaja la memoria precisamente, cuando se financian con miles de euros webs que tratan a los terroristas como presos políticos y se dedican a propagar campañas de odio extremo.

No se reconoce la dignidad de las víctimas cuando no sólo permite que las fiestas de los barrios y especialmente las de San Fermín chiquito se conviertan en un espacio publicitario para las consignas de ETA.

No se defiende su memoria cuando además financian estas fiestas sin exigirles que acaben con estas prácticas.

Sin afeárselo siquiera, señor Asirón.

No se defiende la memoria, la dignidad de las víctimas de ETA cuando un grupo municipal, hace apenas 15 días, les advierte de la organización de un brindis por los asesinos, por los extorsionadores, por los secuestradores y ustedes no hacen absolutamente nada por evitarlo.

No se reconoce dignidad de las víctimas, se borra su memoria, cuando se intenta censurar, cuando se boicotea una exposición que recordaba precisamente su esfuerzo para acabar contra el terrorismo. Sólo un juez pudo evitar la ofensa a su memoria, que sigue maltratada cuando se toleran pintadas y murales precisamente contra quienes más han sacrificado en la derrota de ETA.

Se ofende a su dignidad, cuando las pintadas, los carteles, en favor de miembros de ETA permanecen durante semanas en el corazón de nuestra ciudad, pese a nuestras peticiones para que los borren.

No se reconoce precisamente su memoria cuando sólo borran los murales de apoyo a terroristas cuando se lo exigen otras administraciones. Como último recurso antes del paso por tribunales.

Se trata de manipular la memoria, cuando se trata de hacer pasar por víctimas a miembros de grupos terroristas en un acto oficial del Gobierno que debería ser, y no es, de todos los navarros.

No se demuestra mucho interés por la memoria de las víctimas del ETA cuando llevamos 7 meses para colocar unas placas allí donde fueron asesinadas. Cuando hasta el último minuto se intenta regatear su colocación. O cuando intentan menospreciar el papel del colectivo de víctimas que lo ha propuesto arrogándose una decisión que en realidad se han visto obligados a tomar.

No se empatiza, no se trabaja por la memoria, por la dignidad de las víctimas cuando, en un viaje oficial y como alcalde de Pamplona acude a visitar la tumba de un terrorista. O cuando acude a manifestaciones en favor de los presos de ETA.

De hecho, se atenta contra la memoria cuando se habla de presos políticos para referirse a asesinos y a secuestradores.

No se construye un futuro de memoria, dignidad y justicia para las víctimas de ETA y de convivencia real y duradera cuando se quiere hacer borrón y cuenta nueva.

Puede hacer todos los discursos que quiera, puede adoptar poses ofendidas todo lo que quiera, pero esta es la realidad de poco más de media legislatura como alcalde. Esa es toda su contribución a la convivencia de esta ciudad, señor alcalde.

Ustedes, señores de Bildu tienen una hoja de ruta perfectamente marcada para reescribir el relato de los últimos 40 años de esta tierra. Para blanquear a los asesinos y, por lo tanto, borrar la memoria de sus víctimas.

Y mientras, otros, que sinceramente no creía que tuvieran esa misma intención, no hacen nada para evitarlo.

Así que no, podrán poner todas la excusas que quieran y cara de compungidos, pero no nos extraña lo sucedido con las placas de víctimas de ETA en Lezkairu que ustedes casualmente han olvidado colocar.

Es una más. Una más de las ofensas, de los ataques, a la memoria y a la dignidad de las víctimas de ETA bajo su alcaldía, bajo su cuatripartito.

Así que, corríjanlo.

Homenaje al violador

La semana pasada se celebró en una localidad cercana un acto de bienvenida y homenaje a un violador que acababa de salir de la cárcel. Como lo leen. De hecho, es una realidad que se repite en los últimos meses.

En enero, por ejemplo, se recibió con banderas con la leyenda “violadores a casa” a un hombre que abusó de cinco mujeres. Hace escasos días, como si de un héroe se tratara  se organizó una bienvenida al más puro estilo Hollywood al cadáver de una persona absolutamente indispensable para el asesinato machista de varias mujeres y que había muerto de un infarto en la cárcel. Sobre el féretro, de nuevo la misma bandera y, como si del recibimiento de un marine muerto en batalla se tratara, un mensaje: “Adiós y honor”. Un honor, se supone ganado violación a violación.

Estos actos, que se realizan con total impunidad cuentan para su propaganda con portales web camuflados como periódicos online. Aunque resulte increíble, el más profesional y activo cuenta incluso con subvención del Gobierno de Navarra y es financiado mediante la inclusión de publicidad del Ayuntamiento de Pamplona. Al lado de los videos de las bienvenidas a estos violadores se puede ver, por ejemplo y con total normalidad, la agenda cultural de la ciudad en un anuncio pagado con los impuestos de todos. En la misma web, también, se anima a participar en eventos futuros, en los que por ejemplo el acto central del día consiste en prender fuego al muñeco de una mujer o lanzar piedras a distintas imágenes femeninas en el “Día de la inútil”.

Las víctimas de estos crímenes, lógicamente sufren con la impunidad de estos actos, viendo que los hombres que violaron o asesinaron a sus madres, hermanas o a ellas mismas son recibidos como héroes mientras la sociedad lo asume con esperpéntica normalidad.

El Gobierno, que ha creado incluso una Consejería  con su señora consejera, todo un director general y millones de euros de presupuesto para garantizar la convivencia (entre violadores y violadas, se entiende), les dice que hay que hacer esfuerzos y normalizar el tema; que hay que mirar adelante; que los amigos del violador también han sufrido mucho, que eso hay que reconocerlo y que hay que mirar la violación en su conjunto porque es un tema complejo.  Que no sean plastas y que pelillos a la mar, vaya.

Y lo que es peor, la sociedad mira para otro lado, porque ahora ya no hay violaciones y todos estamos mucho más tranquilos. ¿Qué más da que los niños vean como héroes a los violadores? ¿Qué más da si humillan a las víctimas de esos abusos? ¿Qué importa si la historia de las mujeres humilladas y asesinadas es silenciada?

No molestemos, no vaya a ser que los violadores se enfaden y se pongan otra vez a violar.

Y así, poco a poco, vamos construyendo una sociedad en la que el violador camina con la cabeza bien alta, sabedor de que los suyos aplauden que matara aquellas mujeres, que el resto prefiere olvidar cuanto antes y que a las familias de las muertas les quieren obligar a estar calladas. Porque hay que ser muy facha para recordar que violaron a tu madre y no querer que el hombre que la mató tenga una calle en tu pueblo.

Evidentemente, todo esto es ficción. O no.

En realidad es sólo una ligera adaptación de lo que todos los meses sucede en el País Vasco y en Navarra. En este terrible relato, imposible de defender por nadie con un mínimo de dignidad, simplemente hay que cambiar violador por terrorista; maltratador por secuestrador o asesino.

Porque sí,  en enero se recibió como un héroe en San Sebastián a Francisco Javier Balerdi Ibarguren que no había violado a cinco mujeres, sino que había matado a cinco personas en nombre de ETA. El mes pasado, se homenajeo en su pueblo a Kepa del Hoyo condenado a 30 años por asesinato, atentado y pertenencia a ETA. Igual que en Pamplona se han realizado varias bienvenidas de este tipo en los últimos meses en Iturrama, Milagrosa… y también en localidades cercanas como Berriozar, por ejemplo, sin que nadie lo impida. En Pamplona, por cierto, el Ayuntamiento no rechazó estos homenajes gracias al voto de calidad del alcalde Asirón.  Incluso algunas peñas de San Fermín utilizan nuestras fiestas para pedir su libertad, maquillando a los asesinos como “presos políticos”.

También es un hecho real que para su propaganda estos actos cuentan con una web. Se llama ahotsa.com y es financiada por Gobierno de Navarra y Ayuntamiento de Pamplona mediante subvención e inclusión de publicidad institucional, respectivamente.

También hay en el Gobierno Barkos una Consejería de Paz y Convivencia que permanece muda ante estos homenajes, y que cada vez que abre la boca  es para ofender a las víctimas. Porque sí, evidentemente hay unas víctimas a las que acusan de ultras por defender la memoria de sus familiares asesinados.

Demencial.

Por último, lamentablemente también hay una sociedad que en parte prefiere pasar página, porque olvidar y dejar hacer es mucho más cómodo para nuestras conciencias y es ciertamente el camino más corto a una falsa paz que no tiene nada de libertad.

Reconquistar los Sanfermines en positivo

Llegó el Pobre de mí y los Sanfermines de 2017 bajaron el telón, con los pamploneses esperando ya la llegada de las fiestas del año que viene.  Sin embargo, queda en el ambiente la sensación de que estos han sido unos Sanfermines distintos, vapuleados  de forma amarillista e irresponsable por algunos medios nacionales y malamente defendidos por el Ayuntamiento.

No estamos, ni de lejos, ante una crisis que avecine el declive definitivo de nuestras fiestas, pero sí frente a una situación difícil que requerirá la participación de todos los pamploneses, no sólo de sus instituciones, y obligará a una reflexión sobre la realidad actual y el futuro de las fiestas de San Fermín.

Conocemos las consecuencias y hemos comenzado a sufrirlas ya este año. No debemos centrarnos sólo en la cifra de visitantes, que este año se ha reducido según datos de ocupación hotelera un 5%, sino comprender que, con semejante campaña negativa, los únicos que van a querer venir a Sanfermines serán aquellos que busquen el deforme esperpento que se muestra en televisión: desenfreno absoluto sin normas ni límites.

Frente a esta situación, no cabe una estrategia cerril, infantil y a la defensiva como la protagonizada por Asirón, que viajó en junio a Madrid a echar una regañina a los periodistas, mientras es el propio Ayuntamiento el que ha decidido centrar sus mensajes en lo más negativo de nuestra fiesta. Lamentablemente, el resultado, está a la vista de millones de espectadores. Y de decenas de miles de pamploneses cabreados.

Para explicar su ‘Teoría de los marcos mentales’ el investigador de Lingüística Cognitiva de Berkeley George Lakoff sostiene que Nixon perdió la Presidencia no por la Guerra de Vietnam o por el caso Watergate, sino el día que afirmó “yo no soy un ladrón”. En ese momento aceptó, sin darse cuenta, todo aquello que sus rivales afirmaban; institucionalizó el ‘marco’ que la oposición había creado. Se convirtió, efectivamente, en un ladrón a ojos de la opinión pública.

Lo mismo ocurre con los Sanfermines. Hemos centrado tanto la comunicación institucional en lo más repugnante y negativo de nuestras fiestas, aunque sea para negarlo y desterrarlo, que ahora sólo se habla de eso; que ahora los Sanfermines parecen solo eso.

Las violaciones y los abusos han de ser perseguidos, denunciados y castigados con dureza. Y, evidentemente debe crearse una conciencia pública que rechace ese tipo de conductas, aísle a los agresores, y arrope a las víctimas. Pero no pueden convertirse en el elemento principal de las fiestas como ha sucedido este año.

Es necesario un esfuerzo colectivo de todos los que queremos a Pamplona por recuperar la imagen de los Sanfermines nacional e internacionalmente. Para ello es indispensable poner en valor lo verdaderamente diferencial de nuestras fiestas, aquello que las hace distintas a cualquier otra.

En muchas fiestas hay cubatas, juerga hasta altas horas de la mañana o txoznas extremamente politizadas como las de los amigos del alcalde. Sin embargo, como reza el Vals de Astráin, las nuestras “son en el mundo entero, unas fiestas sin igual”.

Lo que conquistó a Hemingway, Orson Welles, Arthur Miller, Inge Morath o los Premio Nobel Vargas Llosa o Derek Walcott no fue el kalimotxo sino esa mágica y entusiasta conjunción de alegría, hermandad y tradición que vivimos cualquier pamplonés (da igual si somos hombres o mujeres, mayores o chavales, casados, solteros, padres, con hijos o sin hijos) y quienes nos visitan.

Sobre estos valores ha de construirse el relato de los mejores nueve días del año: sobre nuestros queridos encierros, que tienen su origen ya en el siglo XVI, y toda nuestra tradición taurina (la de la mañana y la de la tarde); sobre los Gigantes y Cabezudos, con antecedentes ya en 1600;  sobre los fuegos, el aperitivo, la merienda en los toros con la cuadrilla… sobre tantos y tantos momenticos que cada uno guardamos en el corazón y pasamos con cariño de padres a hijos y, por supuesto, alrededor de la devoción que todos los pamploneses, de una u otra manera, sentimos por San Fermín.

Y por qué no, también alrededor de la fiesta en sí, que fulmina la monotonía de un año que en Pamplona no termina en diciembre sino en junio; con límites, pero hiperbólica, abierta y compartida, como lo es todo en Sanfermines.

Esta estrategia no puede quedarse en una campaña de marketing, porque a la larga la publicidad sólo funciona cuando es veraz, cuando detrás hay un producto real que responde a las expectativas creadas. Por eso es absolutamente necesario que cuidemos nuestras fiestas con mimo, preservemos con cariño lo que hemos heredado y trabajemos en aquello que nos une y no en los politiqueos y obsesiones que nos separan.

Políticos e instituciones al margen, la reconquista en positivo de los Sanfermines debe ser protagonizada por la sociedad civil, por la gente de a pie; por todos aquellos que amamos nuestra ciudad y nuestras fiestas: por los Pamploneses y también por muchas personas que vinieron un año y, enamoradas sin solución de su esencia, ya no han dejado de volver. Debemos ser los primeros defensores y embajadores de nuestra fiesta. Las campañas institucionales ya vendrán.

Asirón, el tercer gemelo de Divinity

Asirón está haciendo méritos para que le den un programa de decoración junto a los hermanos Brown en el canal Divinity, ser presentador de una sección de Bricomanía o para protagonizar el próximo anuncio de Ikea Barakaldo. No hay otra explicación razonable.

El alcalde de nuestra ciudad ha vuelto a ser noticia por su afición al interiorismo a colgar y descolgar cuadros. Hay decoradores minimalistas, barrocos, orientales… a nosotros nos ha tocado en suerte (maldita ironía) un experto en interiorismo identitario, en el diseño de interiores 100% antiespañoles.

El Feng Shui busca alcanzar el bienestar y la armonía general del individuo con su entorno (google dixit). El interiorismo identitario de Asirón, en cambio, ordena los elementos de una estancia con el fin de borrar cualquier rastro de la historia de Navarra que a nuestro alcalde no le guste.

En poco más de 18 meses el primer edil de una ciudad de 200.000 habitantes ha dedicado su tiempo más a elegir lámparas y láminas que a cualquier otra cuestión. Me lo imagino, en el sofá de su despacho de Alcaldía, devorando el último catálogo de Ikea, antes de pasar a subrayar la revista El Mueble, mientras de fondo resuena en la tele el último capítulo de ‘Love it or list it’. “Yo me quedaría la casa, pondría un par de ikurriñas en la entrada, una lámpara roja en el recibidor y quitaría ese cuadro de la virgen que es totalmente carca y casta.Con eso, ya tienen un hogar fetén”, piensa seguramente, mientras subraya una mesa BJURSTA, que quedaría genial en el Zagüan del Ayuntamiento.

Podrán llamarme exagerado, pero la realidad es que en estos meses como alcalde, su labor se resume en eliminar los retratos del siglo XVIII de varios reyes de Navarra de la escalera principal del Consistorio, el escudo borbónico del Zagüan, retirar un crucifijo de marfil del salón de Plenos, esconder las banderas oficiales y el retrato de Felipe VI en una esquina (con sentencia en contra que, cómo no, recurrió con los impuestos de todos los pamploneses). También ha cambiado la decoración de la Sala de Prensa y ya que estaba ha retirado de ella las banderas oficiales para culminar su obra eligiendo carteles de San Fermín y una nueva lámpara para decorar la entrada al Ayuntamiento. La última, descolgar precisamente un 23F el retrato de Juan Carlos I, supongo que con la misma risa orgullosa que pone un crío que ha hecho una travesura, y los de de dos reyes del siglo XVIII.

El cenit de su trayectoria, sin embargo, le alcanzó en las primeras semanas de mandato, imponiendo la ikurriña en medio de la fachada.

Esta cómica actitud tiene sin embargo matices trágicos para la ciudad de la que se supone es alcalde y, desde luego, no es nada inocente.

Se cree nuestro primer edil que con descolgar unos cuadros y colgar una bandera que apenas tiene 100 años va a borrar de un plumazo siglos de historia de Navarra. Además de no saber gestionar, parece que no conoce a los navarros. Con nuestra tierra y nuestra historia no se juega.