¿Una transición con los de ahora?

La historia de nuestro país en el último siglo no anda precisamente sobrada de momentos y personajes de los que sentirnos orgullosos. Por eso se entiende todavía menos el empeño de los nacionalistas y de las marcas de Podemos de cargar contra la Transición, un episodio casi milagroso en un país de perenne tradición cainita y acostumbrado a desangrarse entre el odio y la envidia.

A veces me gusta torturarme e imaginar qué hubiera pasado si en lugar de los políticos que lideraron España tras la muerte de Franco hubieran sido los Iglesias, Sánchez y compañía quienes guiaran aquel barco. Escalofrío.

No me imagino a ninguno de los actuales líderes con el valor y la personalidad suficientes como para ser capaces de negociar y ceder tanto como entregaron unos y otros entonces, sabiendo que se jugaban caminar hacia el futuro o volver a repetir las desgracias del pasado.

Y sin embargo, en 2018, desde sus tranquilos y mediáticos púlpitos se atreven a cuestionar las decisiones y el compromiso que guiaron a los padres de la democracia. Todo vale a los nacionalistas (que tanto ganaron entonces) para atacar a España. Todo sirve al populismo para desmontar piedra a piedra nuestro sistema democrático y social para instalar la ley de la masa manipulada.

Volvió a ocurrir en el último Pleno del Ayuntamiento de Pamplona cuando Bildu, Geroa Bai, IE y Aranzadi volvieron a unir sus fuerzas para exigir la derogación de la Ley de Amnistía de 1977, uno de los pilares de aquella modélica transición que sirvió para desterrar aquello de las dos Españas. Tema, por otra parte, de evidente interés municipal, como todos los que proponen.

“Yo creo que este acto, esta intervención, esta propuesta nuestra será sin duda para mí el mejor recuerdo que guardaré toda mi vida de este Parlamento”, dijo en 1977 Marcelino Camacho. “Y se quedaron tan panchos”, dijo el viernes el portavoz de Aranzadi, dando lecciones a todos los partidos de la época, a 40 años vista y desde el tranquilo mirador de una democracia consolidada.

Tratan ahora de confundir amnistía con amnesia, haciendo ver que fue una ley de las élites franquistas para librarse de los crímenes que podían haber cometido. Nada más lejos de la realidad. La ley se aprobó con un inmenso consenso, sin votos en contra y con las únicas abstenciones de Alianza Popular, un diputado de Euskadiko Ezkerra y otro de un partido aragonesista. Es decir, una ley promovida precisamente desde la oposición al franquismo.

Olvidan, además, que de ella también se beneficiaron terroristas de ETA, del FRAP o el Grapo, porque piden derogarla para poder juzgar los crímenes franquistas. ¿Y los de estos? ¿Proponen una justicia selectiva?

La respuesta etarra a la ley de Aministía fue, por cierto, asesinar al día siguiente al presidente de la Diputación de Vizcaya y a sus escoltas y, apenas diez más tarde, matar por primera vez en Navarra, acabando con la vida de Joaquín Imaz junto a la Plaza de Toros.

Además, tanto esta iniciativa como las cacareadas querellas contra los crímenes de la dictadura  promovidas por estos grupos políticos no tienen efecto legal alguno, puesto que la propia Constitución impide aplicar retroactivamente las modificaciones no favorables. Y por mucho que en 2003 se decidiera que los crímenes de lesa humanidad no prescriben, el Tribunal Supremo ya dejó claro que ello sólo se aplicaría para los cometidos a partir de esa fecha. Por tanto, todo es postureo y política de salón que sólo busca propaganda y tuits baratillos, y que nada tiene que ver con el legítimo derecho de los familiares de fusilados de saber dónde están enterrados sus padres, sus abuelos o sus hermanos para poder honrarlos y darles sepultura digna.

Hoy, 40 años después del nacimiento de la Constitución, nuestro sistema necesita de cambios profundos y nuestra Carta Magna de una actualización a la realidad política y social actual.

Sin embargo miro alrededor y en vez de Suárez, Camachos y Peces Barbas, sólo veo políticos sin proyecto de país, empeñados en incidir en lo que nos separa y en aprovecharse a golpe de tuit del odio y el cinismo, que obviamente dan votos rápida y muy fácilmente, pero dividen y generan tensiones que nunca sabes cómo pueden acabar.

Y, escalofrío.

 

Fascismo contra UPN

Ayer por la mañana, mis compañeros de UPN en Orkoien se despertaron con la noticia de que los de siempre habían atacado con pintadas su sede: varias esvásticas hechas con un spray y una amenaza evidente: “El fascismo se cura matando”.

UPN tiene en Orkoien dos concejales y un activo Comité Local que crece año a año con gente con ganas de trabajar por su pueblo. El pasado mes de junio inauguraron sede.

Esta legislatura han peleado como nadie por una conexión peatonal con Pamplona que evite cruzar una carretera (la PA-30) con tráfico intenso y sin ningún paso habilitado. La única respuesta que han recibido han sido largas cambiadas, verónicas y chicuelinas por parte del gobierno de Navarra de Geroa Bai, Bildu, IE y Podemos, que tiene, por ejemplo, 630.000 euros para medios de comunicación editados en euskera, pero ni un duro para evitar que los casi 4.000 vecinos de Orkoien, lleguen a Pamplona a pié sin jugarse la vida. Pero ellos siguen insistiendo.

A este tipo de cosas se dedican en Orkoien nuestros compañeros. Gente del pueblo trabajando por su pueblo y por las demandas de sus vecinos; por las cosas “pequeñas” como esa pasarela y las grandes, como la libertad y la igualdad de oportunidades de todos. Esos, además de militar bajo las siglas de UPN, han sido sus crímenes.

Sin embargo, ayer amanecieron con el desagradable ataque del fascismo más rancio de toda Europa.

En esta tierra, aunque a algunos les interese hacer creer que de la noche a la mañana se han borrado el autoritarismo de los matones, sigue faltando un largo recorrido hasta vivir en una auténtica libertad.

Se sigue persiguiendo a las personas que deciden dedicar parte de su tiempo a la actividad política bajo siglas no nacionalistas; fumigando con miedo la posibilidad de implicarse en determinados pueblos y queriendo dejar por tanto huérfanos de representación a miles de navarros.

Esta mafia debería sentirse aislada social y políticamente, pero, sin embargo, demasiadas veces no es así.

Sus acciones, su propia existencia, es la consecuencia lógica de la repetición machacona de discursos que deshumanizan al rival político, que tratan de convertirlo a ojos de los fieles en enemigo del pueblo, de la clase o, incluso, de la cultura propia. Son la última derivada de un quehacer político que prefiere la descalificación y el sectarismo al debate y a la confrontación de ideas y proyectos.

Cuando tildas constantemente a todo un partido de franquista, cuando les acusas de fomentar ataques de ultraderecha, de tener fobia a parte de nuestra cultura solo por no compartir imposiciones ni privilegios, de ser su enemigo; cuando repartes abrazos entre los que les acosan e insultan subiendo Curia cada 7 de julio; o acusas a modestos comerciantes de ser parte de no sé qué régimen estás abonando este tipo de comportamientos.

Y cuando además te niegas a condenar ataques como el de Orkoien o el sufrido por un concejal en un pueblo de 235 habitantes como Atez o reduces el odio visceral a una pelea de bar, te manifiestas por los agresores y no te acuerdas ni medio minuto de las víctimas, estás amparando toda esa furia injusta.

Todo ha sucedido en esta legislatura. Y lo mismo comienza a suceder en la “moderna” Cataluña. Volvemos a esos tiempos en los que algunos minimizaban la violencia, como cuando Arzallus se refería a la Kale Borroka casi con cariño como “los chicos de la gasolina”.  

En Navarra vivimos en los últimos meses un rebrote de este tipo fascismo, que me niego a calificar de baja intensidad. Quienes nunca lo han rechazado ocupan hoy el poder en muchos de nuestros pueblos y ciudades y la presión ya no es contra los gobiernos, sino contra quienes osan molestarles o criticarles.

Por eso, es más importante que nunca una respuesta contundente y cívica de la sociedad, que ampare a las víctimas y destierre a los violentos. De las instituciones, al menos hasta 2019, no podemos esperar nada, salvo buenas falsas palabras .

Jugarse la vida paseando por Pío XII

El cuatripartito de Asirón licitó el martes las obras de Pío XII para comenzar a levantar en mayo las piedras de una avenida en la que, como todo el mundo sabe, los peatones se juegan la vida a diario.

O al menos eso es lo que parece al escuchar a cualquier miembro del cuatripartito, cuando explican los supuestos problemas de esta calle como si Pío XII fuera el ‘Camino de la muerte’, en Bolivia. Es la excusa para gastar 2 millones de euros y que Asirón tenga así esa obra faraónica por la que todo mal gobernante quiere ser recordado. Poco importa que la zona registre datos de siniestrabilidad muy por debajo de los de otras calles.

Y es que, como se encargó de recordar un vecino en el último encuentro del Foro de Barrio de Iturrama, las aceras de Pío XII ya son a día de hoy unas de las más anchas de la ciudad. “Podemos colocarnos 35 peatones en fila y entraríamos”, decía con sorna el ciudadano, mientras Iñaki Cabases (Geroa Bai) miraba el reloj entre nervioso y aburrido, deseando que terminase esa reunión que el cuatripartito entendía como un mero trámite con el que cumplir con el expediente de la participación ciudadana.

En Pío XII sólo existía realmente un problema: la coexistencia entre ciclistas y peatones. Sin embargo, para hacer sitio a un carril bici en la avenida, no hacía falta gastar 2 millones de euros y eliminar las plazas de aparcamiento que tanto reclaman los comerciantes, sobre todo después de ver el terrible efecto de la amabilización en los establecimientos del centro.

Desde que se planteó la intervención han existido varias propuestas sobre la mesa, como aquella defendida por el inefable Cuenca en la que las villavesas circulaban por el centro de la calzada, eliminándose los árboles de la mediana.

Otros, como el Grupo Municipal de UPN, explicábamos que se podían mantener todos los aparcamientos de al menos uno de los sentidos (posiblemente de ambos lados) e incluir el carril bici a cada lado de los carpes, pero que, de intervenirse, había que hacerlo junto a vecinos y comerciantes. Además, se podía haber apostado por una intervención reversible, que permitiera la vuelta al estado inicial sin grandes desembolsos si la solución propuesta no funcionara.

Sin embargo, el cuatripartito comete el mismo error que en la impermeabilización del centro: pasar de la mitad de los concejales del Ayuntamiento e imponer sus ideas sin escuchar a nadie, por encima de las quejas de, en este caso, vecinos y comerciantes.

Aunque claro, el objetivo de unos y otros no es el mismo. Algunos apostamos por fomentar el uso de medios de transporte sostenible facilitando su uso, mejorando la red de carriles bici o el sistema de villavesas. Otros, buscan ese fin persiguiendo el uso del coche y la moto.

Es decir, unos queremos facilitar la libertad de usar la bici o la villavesa en las mejores condiciones, y otros prohibir la utilización del vehículo privado. Dos maneras de entender la política e, incluso, y por qué no decirlo, también la vida.

Al margen del resultado final, el descontrol alrededor de este proyecto ha sido, además, absoluto. Lo que comenzó presupuestándose en 900.000 euros, pasó al millon y medio y luego a los 2 millones, sin demasiada explicación. El propio concejal de Movilidad al explicar sus presupuestos para este año hace apenas 3 meses, no sabía si lo de Pío XII iba a ser cosa de 1.200.000 o 1.900.000 euros. Rigor.

Es lo que ocurre cuando gobiernas y ordenas la ciudad a base de eslóganes. Lo importante es poder cumplir una frase hecha, poder presumir de llevar a cabo la consigna, aunque ésta se haya aplicado como una fórmula prefabricada sin importar su impacto en la ciudad y, sobre todo, en sus habitantes. Se hace también sin tener en cuenta la realidad previa de Pamplona, que como demuestra la Tesis doctoral del arquitecto Héctor Machín Gil (Universidad Politécnica de Madrid), era ya el mejor ejemplo de espacios peatonales en nuestro país, por delante de las buenas prácticas de San Sebastián o Burgos.

Esperemos que a los 2 millones de Pío XII no haya que sumarle decenas de miles de euros como los que Asirón gasta estos días en una campaña de propaganda para convencernos de que la amabilización es buena y de que todo lo hace por nuestro bien; que no sabemos lo que nos conviene.

Respira, se llama. Seguro que la has recibido en tu buzón.

Cuando te llegue a casa o la veas en una marquesina, en una web o la escuches en la radio recuerda que ha costado casi 50.000 euros de tus impuestos. Y eso, respira hondo. Cuenta hasta 10 y trata de mantener la calma. Respira. Arnastu.  

Religión y postureo

Que los cuatripartitos de Pamplona y Navarra son irregulares conglomerados de contradicciones e incoherencias no es ninguna novedad. Que tienen un problema muy gordo con la libertad de las familias para elegir la educación de sus peques, es una obviedad. Sin embargo, ambas cuestiones son noticia estos días.

El martes, la consejera de Educación del Gobierno de Navarra, María Solana (PNV), tuvo un día ajetreado. En la misma sesión parlamentaria explicó que siete colegios de la Ribera y de la Zona Media van a comenzar a impartir clases de religión islámica y, poco después, detalló cómo trabaja en reducir al mínimo las clases de religión católica.

Me parece estupendo que si existe una demanda suficiente, se garantice el derecho de las familias a recibir clases de religión islámica. Estupendo. Igual que quien no tiene unas creencias religiosas definidas o que simplemente no las tiene, tenga la posibilidad de dedicar ese tiempo a otra optativa. Lo digo por aquellos que a estas alturas de texto ya estaban encendiendo la hoguera tuitera para tacharme de islamófobo o vaya usted a saber qué. Agua.

Pero, ¿por qué a la vez que se garantiza la opción islámica, se pone en cuestión la presencia de una parte esencial de la cultura europea y de las creencias de miles de navarros en el sistema educativo público y concertado?

Algunos partidos y responsables políticos tienen una asombrosa querencia por atacar todo lo que suene a religión católica, les suena viejuno, mientras que tomar medidas en favor de la religión islámica les parece lo más moderno del mundo. Es cuestión de postureo.

Pero puestos a posturear, al menos seamos coherentes. Vamos, digo yo.

Puedo pensar que está equivocado, pero uno es muy libre de no participar en actos religiosos y no pisar una misa como responsable político, pero luego queda raro asistir a una celebración en una mezquita o felicitar el final del Ramadán.

Aunque el premio a la incoherencia, para variar, se lo lleva Asirón que no asiste a la misa del 7 de julio y aprovecha ese rato para tomarse unos huevos fritos con chistorra y chistera, porque lo otro es algo muy religioso; pero luego recorre el Casco Viejo en procesión detrás del Santo y del Obispo, que como todo el mundo sabe es una cosa de lo más laica.

El absurdo llega al punto de intentar celebrar de forma laica el día de nuestro patrón; ponerse el chaqué y la chistera para ir a la Iglesia de San Saturnino, a escasos metros del Ayuntamiento, para a continuación no asistir a la tradicional misa que mantiene el voto de la ciudad al santo firmado nada más y nada menos que allá por 1611.

El colmo del disparate fue la propuesta de Aranzadi e IE de cambiar la procesión de San Fermín por el “Desfile del Día Grande de las fiestas de la ciudad”.

En mi opinión, nos iría mejor a todos si tratásemos estos temas con menos ismos y más normalidad.

Hay que aceptar que la religión, guste a algunos más y a otros menos, forma parte de los principios que conformaron las sociedades y culturas. Es un hecho objetivo. Todas ellas, no sólo la occidental, están fuertemente impregnadas por su religión.

En nuestro caso, nadie puede dudar de la tradición judeocristiana de Europa o de su entronque en la cultura navarra. Tampoco de la influencia grecorromana o del espíritu germánico. Basta darse un garbeo por los pueblos de nuestra tierra, me da igual norte o sur, y por sus fiestas.

Al margen de ello, también es parte del día a día de miles de personas que no tienen por qué sentirse huérfanos de representación institucional o, en el peor de los casos, ofendidos e incluso atacados por sus administraciones.

Uno es alcalde, presidente o consejera de todos y a tiempo completo. Igual que no hace falta ser un amante del tenis de mesa para asistir a una entrega de premios y demostrar así afecto y cercanía hacia los ciudadanos que disfrutan de un buen partido de ‘ping-pong’, tampoco debería haber problema en representar a miles de personas asistiendo a una misa. A nadie se le exige que rece el Padre Nuestro o que comulgue, bastaría con ir y mostrar un mínimo de respeto.

El problema es que los cuatripartitos de Barkos y Asirón han decidido gobernar sobre todos los navarros y pamploneses, pero representar sólo a unos pocos. Y creen que les queda moderno y que les da votos esa ridícula obsesión por atacar o perseguir cualquier rastro de lo que es, como digo, parte de nuestra cultura y de nuestras tradiciones.

Sería mucho pedir que tuvieran la altura de miras de Sadiq Khan, alcalde de Londres y  musulman, que eligió para jurar su cargo la Catedral de Southwark. “Lo hice para marcar el comienzo de una alcaldía para todos los londinenses y todas las comunidades”, dijo el entonces Khan. Ay, qué envidia de primer edil.

Los alcaldes, las presidentas, no son los dueños de las tradiciones de una ciudad, ni de las creencias o la educación de miles de familias.

Tener cinco concejales no le da derecho a nadie a querer borrar de la noche a la mañana, siglos de cultura. Al contrario, dirigir una ciudad te convierte en responsable de todo su patrimonio, el material y el inmaterial, y en promotor de su convivencia. El postureo exagerado por un puñado de votos, además de ridículo y sobreactuado, resulta sobre todo irresponsable.

Asirón y la ley. Historia de un desamor

A uno le gustaría que su Ayuntamiento cumpliera la Ley, que su alcalde no se creyera por encima de ella, por el mero hecho de serlo. Pero eso es pedir demasiado cuando a Asirón se le pone algo entre ceja y ceja.

Nunca antes el Ayuntamiento de Pamplona había sido vapuleado de semejante manera en los tribunales. En algo menos de tres años de legislatura, Asirón acumula más de una docena de sentencias contrarias en asuntos no precisamente ordinarios.

Más allá de la cifra, la temática es muy significativa y deja muy a las claras cuáles son las obsesiones y prioridades del alcalde de Pamplona; a qué dedica su tiempo libre, que diría Perales, el cantante, no la concejala.

Su cuatripartito ha perdido en los tribunales por sus intentos de imponer la ikurriña, cuando los tribunales dejaron claro que el alcalde había cometido nada más y nada menos que un fraude de ley; por expulsar a las familias de tres escuelas infantiles que no hablaban euskera; por intentar esconder el cuadro del rey y las banderas oficiales del Salón de Plenos; por tratar de censurar una exposición sobre víctimas (policías) del terrorismo o por querer colgar la bandera republicana del balcón del Ayuntamiento.

También ha habido sentencias que han impedido que culminaran algunas de las prácticas amiguistas de las que tanto se ha hablado, como cuando uno de sus altos cargos intentó  adjudicar a la empresa de su ex socio un proyecto, después de no ser la oferta con más puntuación en el concurso, o cuando contrataron al ex compañero de algunos miembros del tribunal que debía elegir quién ocuparía una plaza de empleo público. Ambas cuestiones acabaron en los tribunales, con mal resultado para Asirón, claro.

Sentencias y resoluciones, de todos los colores, como la que tumbó nada más y nada menos que la Plantilla Municipal, junto a presupuestos el expediente más importante del año, y sobre cuyo trámite el Tribunal Administrativo de Navarra dijo que presentaba “vicios esenciales”.

O como las que ha perdido el alcalde cuando ha intentado perseguir a los medios que no titulan o no enfocan una noticia como él quería. Porque sí, Asirón ha gastado parte de los impuestos de todos en perseguir a los periódicos que no le gustan. Y ha perdido, claro, pero el susto para periodistas en cuestión ahí queda.

Mientras, siguen a la espera de resolución las cesiones a dedo de edificios municipales como el Palacio Redín y Cruzat, en la Calle Mayor, o el denominado Antzara, en Mendillorri, que se entregaron a colectivos afines sin ni siquiera existir un expediente. También falta por dictaminarse la colocación de la ikurriña en el chupinazo de 2017, después de que Barkos y sus socios modificaran la Ley de Símbolos, aunque viendo los precedentes de otras localidades, el alcalde no debería ser demasiado optimista.

En resumen, multitud de sentencias y resoluciones, zascas por doquier, que dejan clara una forma de actuar: la de una persona que desde que accedió a la Alcaldía de nuestra ciudad ha mostrado total repelús por la Justicia y las leyes, que son en definitiva aquello que iguala a todos los ciudadanos y que nos garantiza disfrutar en libertad de nuestros derechos.  

Pero él se cree por encima de todo eso. ¡Él es el alcalde! ¿cómo no va a hacer lo que le salga de sus… narices?

Vamos hombre, ¡él es el alcalde!

La nieve me tiene manía

Del histórico colapso de Pamplona por la nevada de ayer hemos aprendido que un gobierno puede reaccionar con discursos muy diferentes: decir que todo se ha hecho estupendamente, celebrarlo (sí, sí… ¡celebrarlo!), interpretar falsa sorpresa por lo sucedido, tomárselo a risa o aprovechar para sacudir a la oposición. Todo menos reconocer errores, obviamente.

Como a estas alturas todos sabemos, la nevada llevaba días anunciándose con previsiones que han resultado de una precisión casi milimétrica, anticipándose a la hora de inicio del episodio, la temperatura e incluso los centímetros que iban a acumularse.

Sin embargo, lo que todos ya conocíamos ha pillado por sorpresa al inefable equipo de Asirón. Atascos, vías principales cortadas, villavesas articuladas (¿qué narices pintaban ayer en la calle?) atascadas en Beloso… A las 11 de la mañana, cuando la intensidad de la nevada ya había disminuido, algunas avenidas principales de la ciudad continuaban completamente congeladas.

Es evidente que algo se hizo mal o que lo que se hizo no fue suficiente o no se hizo a tiempo, que lo mismo es.

Sin embargo, no hemos escuchado a ningún responsable municipal reconocer lo obvio: “oye, perdón. La hemos pifiado. No volverá a ocurrir”. ¡Si hasta todo un rey fue capaz de entonar el mea culpa!

Sin embargo, la cantidad de valoraciones sí nos da para hacer nuestro propio ‘Top five’ del absurdo.

En quinto lugar, la concejala de Seguridad (Geroa Bai), que no ha reconocido errores y ha obviado que la nevada estaba anunciada hacía casi una semana para escudarse en que “la naturaleza a veces nos desborda”.

En cuarto puesto y fuera del podium (estoy convencido que a su orgullo eso le va a doler más que todo el resto del artículo cuando lo lea, que lo hará): el ilustrísimo alcalde Señor Don Joseba Asirón Sáez.

Él salió casi sacando pecho y aseguró que “los medios han estado trabajando al 100%”; que lo habían hecho de fábula, vaya, aunque para disimular apostilló que “todo triunfalismo está de sobra”, no fuera que alguno le estuviera escuchando por la radio mientras derrapaba por Sancho el Fuerte…

El tercer escalón del podio es para Ione Belarra (Podemos) que aprovechó la viral foto de un grupo de ciudadanos calándose mientras con evidente riesgo intentaban devolver a puras narices una villavesa a la calzada para sacudir a otro partido, que no es precisamente el que tenía la responsabilidad de mantener a los autobuses en funcionamiento: “Ellos sólo quieren dividir, nosotras tomar ejemplo de la gente que, como siempre, se baja y empuja”.

Ellos, nosotras… Curioso lenguaje cuando intentas acusar a otros de dividir a la gente aprovechándote de los que están empujando una villavesa bajo la nieve  mientras tú tuiteas tranquilamente en algún despacho madrileño.

Con la plata, Armando Cuenca por un tuit en el que celebraba el corte de calles por la nieve: “Los que os desplazais en coche a trabajar habréis tenido dificultades. Ánimo. La chavalería que sube al cole a lo viejo, sin embargo ha podido subir andando tranquilamente por una calle generalmente impracticable a primera hora de la mañana”.

O sea, que a ver si nieva más días porque la gente de bien que va caminando a los sitios, lo disfruta mucho más y de paso fastidiamos (un poco más) a los fachas de las cuatro ruedas.

Olvida Cuenca que no todo el mundo vive en lo viejo, trabaja en lo viejo, toma cañas en su bar (su bar porque es en parte suyo) de lo viejo…

Hay personas que tienen hijos que llevar al colegio, no siempre tan cerca como para ir andando, o demasiado pequeños para caminar esa distancia; hay otros que no tienen la suerte de trabajar a dos pasos de casa e incluso hay gente con el pecado capital de no vivir en el centro mismo de la ciudad o habitantes de la comarca que trabajan, compran o disfrutan en el centro. Incautos a amabilizar, sin duda, aunque con el transporte público atascado o cruzado en las pendientes que dan acceso a la meseta que es el núcleo de Pamplona, las villavesas tampoco eran una opción.

Precisamente el responsable de esa situación, el presidente de la Mancomunidad, Aritz Ayesa (Bildu), se alza con el premio a la respuesta más inoportuna al temporal.

Al ínclito Ayesa, no se le ocurrió ayer otra cosa que subir a su perfil de Instagram el video de la villavesa atascada en Beloso con la siguiente leyenda: «Gracias gente. Siempre me ha gustado la nieve. Desde hoy un poco más». Lo juro. Tal cual.

Es decir, sacas las villavesas articuladas a la calle el día de peores condiciones del año, se te atascan, la gente tiene que bajarse y, a bajo cero y mojados hasta las pantorrillas, ponerse a empujar en mitad del momento más intenso de la nevada, mientras tú… ¡te ríes! O lo celebras. O lo que sea que intentara hacer.

Cualquier cosa menos reconocer un error, claro.

Para la próxima nevada les propongo algunas excusas como “quién iba a pensar que en invierno nieva”; “es que la nieve nos tiene manía”; “el temporal es uno de los tentáculos del régimen que quiere boicotear el cambio” o, mi preferida, “nada como una buena nevada para amabilizar la ciudad”.

Amiguetes II

Érase una vez tres amigos, tres. Uno fue nombrado alto cargo del Ayuntamiento de Asirón, otro fundó una empresa y empezó a acumular contratos con el Consistorio y el tercero logró una plaza de empleo público, con un tribunal formado, entre otros, por los dos anteriores.

El primero se llama Axel Moreno. Es desde septiembre de 2015 director de Participación Ciudadana, una de las áreas que controla Aranzadi, y en estos dos años y medio ha visto pasar por ahí a tres concejales delegados de la marca local de Podemos después de las dimisiones de Ana Lizoáin y Alberto Labarga. Ahora, es él quien ha anunciado su marcha por “motivos personales”.

El segundo es su ex socio Andoni Iso, que fundó la empresa Nommad en el último trimestre de 2015, apenas unas semanas después de que Moreno se incorporara al Ayuntamiento.

Menos de un año después, en junio de 2016, esta nueva empresa ya acumulaba tres facturas por contratos menores con el área de su ex compañero. De hecho, según la numeración de las facturas, parecía que no tenía muchos más clientes que el área de su ex socio.

Algunas de estas facturas eran por conceptos y cuantías tan llamativos como el pago de 2.559,15  euros por un “Manual de organismos, procesos y mecanismos de participación en las instituciones”, aunque la resolución más importante respondía una adjudicación de 27.164,5 euros por un “contrato de asistencia a proceso participativo  sobre movilidad en el Casco Antiguo”.

La oferta de Nommad no había sido la mejor valorada por la mesa de contratación que analizó el concurso, pero sorprendentemente se llevó la adjudicación. La empresa perjudicada recurrió el asunto y ganó.

El cuatripartito insistió en recurrir, aunque finalmente los tribunales dieron carpetazo al asunto rechazando los argumentos del Ayuntamiento. Nadie dimitió, ni admitió error alguno.

Unos meses más tarde, Moreno llamó a su ex socio para que participara en un tribunal para la contratación de un técnico municipal de Participación Ciudadana a cambio de 2.560€ en honorarios. Entre los aspirantes, Floren Luqui, ex alcalde de Barañáin por Nafarroa Bai y miembro de Bildu, trabajó junto a Andoni Iso en la sociedad Konparte Soluciones Participativas SL, que compartía (valga la redundancia) con Axel Moreno. Las redes sociales daban fe de su relación anterior, posando sonrientes en un desayuno de trabajo.

Ambos, Moreno e Iso, eran presidente y vocal del tribunal que debía examinarle. Luqui, obtuvo la plaza.

La oposición advirtió entonces de las irregularidades y reclamó que se reiniciara el procedimiento, pero Geroa Bai, Bildu, Aranzadi e IE cerraron filas lanzando todo tipo de ataques y acusando al resto de concejales de mentir. En las actas quedan para la posteridad sus encendidas defensas.

Visto que nadie corregía nada, el Grupo Municipal de UPN decidió llevar el asunto a los tribunales y hace menos de un mes, estos le dieron la razón anulando la contratación y afirmando que “los vicios expuestos no son meras irregularidades, sino que afectan a la constitución del Tribunal Calificador, poniendo en duda tanto su composición, como su imparcialidad y, por ello, afectando de manera decisiva al proceso de selección (…)”. Casi nada.

Sin embargo, una vez más, nadie dimitió, ni reconoció siquiera error alguno. El alcalde, callado, no fuera a ofender a sus socios de Aranzadi y Geroa Bai tragando con todo, como siempre en el Ayuntamiento. Pelillos a la mar y a esquivar como se pueda el siguiente lío.

Colorín colorado, este cuento acaba en 2019.

Amiguetes (I)

Todo mal gobernante trata de controlar a los medios de comunicación. Premiar a las cabeceras de los amiguetes y castigar a los críticos. Asirón no iba a ser menos.

Desde los primeros meses de Alcaldía, Bildu ha instaurado un reparto de los fondos que el Ayuntamiento destina a la publicidad municipal imposible de justificar. Lo lógico sería invertir, pagar anuncios, en los medios de comunicación editados en Navarra y hacerlo en función de la cantidad de gente que los lee, escucha o ve.

Sin embargo, Asirón ha decidido introducir también publicidad del Ayuntamiento de Pamplona en medios de comunicación editados fuera de nuestra comunidad. Si estás pensando en El Páis, El Mundo o ABC, olvídate: Gara, Berria, Radio Euskadi… con sedes en Guipuzcoa y Bilbao, claro. Que para eso somos una capital vasca.

Tampoco el reparto es exactamente por audiencia, por decirlo de una manera generosa.

Gara recibe del Ayuntamiento de Pamplona 55.000 euros cada año, además de pequeños pagos contra factura por anuncios especiales (al menos 6.700 euros el año pasado).  Sin embargo, si se le aplicara el mismo ratio ‘audiencia/euros’ que se le aplica, por ejemplo, a la principal cabecera impresa de nuestra Comunidad, el Diario de Navarra,  debería recibir sólo 28.900. Si en cambio, lo hiciéramos al revés y el Ayuntamiento pagara al Diario de Navarra en la misma medida que a Gara, recibiría nada menos que 252.600 euros más de lo que recibe actualmente. Casi nada.

En campañas concretas, el asunto es todavía más escandaloso. Por ejemplo, para promocionar el vaso reciclable el Gara recibió casi cinco veces más inversión por lector que Diario de Navarra.

En las radios ocurre algo similar. Euskalerria Irratia, una emisora que no presenta datos de audiencia en el Estudio General de Medios (EGM), se lleva más dinero de los impuestos de los pamploneses que cadenas consolidadas y punteras como Onda Cero y sólo 1.600 euros menos que COPE, por ejemplo. ¿Cómo calculan cuánto pagar a Euskal Irratia? Sólo Asirón y su cohorte lo saben.

Lo mejor (peor)  llega cuando analizamos la publicidad que se invierte en medios digitales. Para empezar, este medio que estás leyendo no recibe un duro, pese a unos buenos datos de audiencia, que no se inventa si no que están auditados por dos agencias independientes distintas.

¿Y quién se lleva la pasta? Entre otros, una página radical llamada Ahötsa que no está reconocida como medio de comunicación por el Gobierno de Navarra, que no está auditada, es decir no se puede saber cuántos lectores tiene, y que se dedica habitualmente a dar cobertura a campañas que fomentan el odio abertzale, como la burrada de quemar muñecos de guardias civiles, etc… Cuando uno intenta mirar quién está detrás de esta web y busca el aviso legal que por ley tiene que aparecer en la página… oh, sorpresa, nada de nada.

Sin embargo, sí podemos saber que el Ayuntamiento paga las facturas a una persona detenida en 2011 en una operación contra el aparato de propaganda de ETA, que según parece no recibió finalmente condena.

Entre sus noticias de la última semana, titulares tan objetivos e informativos como “EH-Bildu Eguna, aire fresco para el Cambio”. Dinero bien invertido, alcalde. Pullitzer a la vista.

El termómetro del cinismo se rebosa cuando se les pregunta por estas cuestiones y responden, ojo al dato, que han introducido un criterio de pluralidad política y lingüistica en el reparto.

Ellos, que nunca condenaron el asesinato de periodistas a manos de ETA precisamente porque ejercían demasiado eso del pluralismo  y que desde el sillón de las instituciones machacan a querellas y cortan el grifo del dinero público a quienes no titulan como ellos quieren.

Pluralismo. Alucino pepinillos, que diría Chicote.

Carta abierta a centralistas y nacionalistas vascos

Queridos Albert, Susana, Cristina…

Sinceramente no os entiendo. Os estimo, me parecéis personas razonablemente responsables, preparadas y con buenas ideas para renovar la política española, que necesita urgentemente de vuestra generación. Por eso, vuestras críticas al Convenio Económico y por tanto al Régimen Foral de Navarra me resultan demasiado pueriles y populistas en vuestra boca.

Reconozco que es fácil ganarse adeptos criticando a un enemigo relativamente exterior y más si uno lo hace aprovechándose de un pecado tan español como la envidia.

Entiendo que no es difícil hacer calar un discurso sencillo (y tramposo) que se resume en algo así como que “nos va mal porque aportamos demasiado y a esos les va bien porque son unos privilegiados y unos insolidarios”. En esta España nuestra, tan cainita ella, el odio al que prospera es un caldo de cultivo estupendo para este tipo de mensajes.

Pero en una nación que necesita urgentemente fortalecer los lazos entre sus regiones y actualizar la forma en que se relacionan entre ellas y el Estado, la demagogia y la tentación de alimentar rencores artificiales entre españoles no es precisamente la opción más responsable.

Además, tampoco es coherente.

No se puede ir de heredero y defensor de la historia de nuestra nación y hacer una enmienda a la totalidad a siglos de pacto entre Navarra y España. Porque, es cierto, los Fueros datan, al menos institucionalmente del siglo XIII, aunque su origen puede remontarse incluso hasta el siglo IX. Sin embargo, la singularidad legislativa de Navarra fue respetada tras la anexión en 1512 y se ha mantenido de una u otra manera a través de la historia de nuestro país superando guerras, repúblicas, dictaduras y monarquías más o menos centralistas. Resulta incluso prepotente pretender dinamitar ahora la fórmula en la que se han basado 500 años de relación. Eso por no hablar de la activa participación del Reino de Navarra en el germen de lo que luego sería España.

Tampoco puede ir uno de heredero del espíritu de consenso del 78 y no entender algo que los padres de la Constitución comprendieron perfectamente: España no es monolítica y reconocer y valorar nuestras diferencias y nuestros distintos orígenes históricos no nos hace más débiles, sino que nos enriquece. El consenso no puede ser sólo entre partidos, sino también entre regiones y, sobre todo, entre españoles.

Denominarse a uno mismo “constitucionalista” y entender la Carta Magna como una especie de self service en el que eliges unos platos y dejas otros; defendiendo unos artículos y a la vez obviando otros, como la Disposición Adicional Primera, que reconoce los derechos históricos de nuestra comunidad (nunca derogados, al contrario que los de las diputaciones vascas) es, como poco, aprovechado.

Pero es que, incoherencias al margen, el discurso tampoco es cierto. En primer lugar porque los privilegios son algo otorgado y, en cambio, a Navarra nunca le han regalado nada. Muy al contrario, nuestro régimen foral deviene directamente de un pacto entre los navarros y sus reyes y también entre reinos, después de 1512. Javier Gómara, expresidente del parlamento de Navarra y uno de los fundadores de UPN, suele decir que “ser navarro es una de las formas más bellas de ser español”. Es la nuestra, consolidada ya después de siglos: ni más, ni mejores que el resto, pero tampoco menos. Singulares.

Pero más allá de esta diferencia, gestionar nuestros impuestos y plasmar luego nuestra solidaridad vía convenio no es en sí mismo una ventaja, si no eres capaz de hacerlo con rigor y con responsabilidad. Si lo haces bien, es evidentemente positivo; si no, te hundes sin remedio. Cataluña, por ejemplo, rechazó en la Transición un sistema similar. Le parecía mal negocio.

En Navarra se ha hecho bien durante décadas, convirtiendo una región rural en una comunidad pionera en lo económico, pero también en lo social.

Por poner un ejemplo, puedes utilizar tu autonomía fiscal para bajar los impuestos y favorecer el impulso económico, como tradicionalmente se había hecho hasta ahora, o puedes usarla para subirlos y convertir a los navarros en los más castigados de España, como hace Barkos ahora.

A otros, en cambio, les puede parecer un privilegio recibir 28.103 millones de euros del Estado como ha ingresado Andalucía durante los peores años de la crisis, y no el tener que sacarse una misma las castañas del fuego, como ha tenido que hacer Navarra.

Además, con este sistema nuestra tierra siempre ha aportado más que lo que su población representa. Es decir, no sólo no somos unos privilegiados, sino que además somos solidarios.

Más allá de estas razones objetivas, este tipo de discursos sólo sirven para alimentar las posiciones nacionalistas vascas en Navarra y la CAV, que los manosean para engordar su discurso antiespañol e independentista disfrazándose de defensores del Fuero. Nadie les cree, evidentemente (todos recordamos el batacazo electoral de Barkos cuando hizo de la Estatua de los Fueros su cartel electoral), pero eso no hace que se corten un pelo.

Nadie puede sostener que defiende el autogobierno navarro para, a la vez, trabajar por convertirnos en una triste provincia más de su querida euskalherria.

Nadie puede hablar de Fuero y a la vez equiparar el Convenio navarro (pactado) con el Concierto (otorgado), ocultando que es un insulto a siglos de historia.

Nadie se va a creer que defienden la historia de Navarra quienes pretenden diluirnos en un ente político que jamás existió. Al fin y al cabo, nadie que obedece a pies juntillas las directrices de Bilbao o Vitoria puede pretender envolverse en la bandera de Navarra y que alguien se lo trague.

Sin embargo, vuestros populistas discursos facilitan que dibujen a España como Estado centralista, cuando es precisamente lo contrario, y que insistan en su relato de odio y enfrentamiento.

Por eso , y desde la humildad, creo que es mejor que trabajéis en positivo para mejorar la financiación del resto de comunidades en lugar de atacar el Régimen Foral. Si consideráis tan positivo nuestra autonomía, aplicadla en todas las regiones de España. Eso sí, no vengáis luego pidiendo 28.000 millones de euros.

Modelo de (no) ciudad

Conviene parar de vez en cuando; bajarse del voraz y loco día a día, echar la vista atrás por un momento para recopilar todo lo ocurrido durante los últimos dos años y medio y ver el debate actual con más perspectiva. Más allá de los rifirrafes diarios, en Pamplona existe un evidente choque de modelos de ciudad.

Esta semana hemos sido testigos de un ataque radical contra los comerciantes del centro de Pamplona que cometieron el imperdonable pecado de alzar la voz contra una decisión de Asirón y sus socios que les ha resultado enormemente perjudicial. ¿Qué es amenazar con un escaparate reventado para quienes durante años justificaron que se matara al que piensa distinto? Nimiedades.

 

Sin embargo, la presión contra uno de los motores económicos de nuestra ciudad no ha sido sólo a nivel “de calle”, sino también desde las instituciones. El propio alcalde ha dicho que la denuncia de amenazas son “mentirijillas” y la concejala Edurne Eguino ha tachado la campaña de “falaz”.

 

El coordinador de EH-Bildu en Pamplona, muy original él, tiró de eslogan sesudo y aseguró que era una campaña del “régimen” que estaba “impulsada por la derecha” y la propia concejala de comercio (entre cuyas funciones, según Decreto de Alcaldía, se encuentra el “impulso de la economía local (…) con especial incidencia en (..) el comercio local”) menospreció los informes de pérdidas derivadas de la amabilización desertizadora y tachó el estudio de poco riguroso.  

 

Mes y medio después, y tras más de 10 millones de euros de pérdida de facturación, todavía no se ha reunido con los comerciantes. ¿qué hará falta para que descuelgue el teléfono y se interese por el problema? ¿Cuántos empleos tienen que perderse? ¿Cuántos establecimientos han de cerrar?

 

Sin embargo, todo esto es sólo un capítulo más en lo que parece una verdadera estrategia por atacar a todos los principales sectores económicos de nuestra ciudad. No se dejan uno. En apenas dos años y medio se han metido con Volkswagen, con la Universidad de Navarra y su Clínica, con los centros de investigación, con los hosteleros…  

 

Como guinda, estos días también han prohibido que se instalen nuevos hoteles en el centro para impedir la concesión de licencia al proyecto en Unzu. ¿Quién se va a atrever a invertir en Pamplona si corre el riesgo de que le cambien sobre la marcha las normas municipales porque a Bildu no le gusta el proyecto?

 

Y es que básicamente, en poco más de media legislatura les ha dado tiempo a meter el dedo en el ojo a todo aquel que puede generar empleo en Pamplona. Y por supuesto, también para intentar boicotear la llegada del Tren de Alta Velocidad y el Canal de Navarra.

 

No han dejado títere con cabeza. O al menos eso han intentado.

En paralelo, se han opuesto a otras propuestas muy concretas como la de construir dos grandes plazas abiertas en el abigarrado Casco Antiguo, en Jarauta y en Navarrería (en el espacio que hoy ocupa Muebles Apesteguía y en el que en parte se sitúa el antiguo centro cívico del Oscus, respectivamente); también a la de rehabilitar el barrio de la Milagrosa a través de la cultura, comprando bajeras hoy vacías para dedicarlas a talleres de jóvenes artistas y a empresas culturales como en otras ciudades europeas o a la de dedicar el espacio que hoy ocupa la antigua estación de autobuses a un futuro edificio cultural singular que se convierta en emblemático, por ejemplo.

Mientras, eso sí han apostado por multiplicar los gaztetxes para amigos, por defender el “top manta”, por huertos urbanos (una idea que compartiríamos si se hiciera con un plan y la garantía de que todo el mundo, y no solo los amiguetes, pueden acceder a ellos), han engordado por centenares el número de funcionarios, han impuesto el euskera en plazas públicas y escuelas…

 

Una economía moderna y libre, diversificada, facilitadora del emprendimiento y del desarrollo como fuente de empleo frente una amalgama de intervencionismo, obsesiones, complejos, limosnas y amiguismo.

 

No exagero. ¿Alguien recuerda alguna iniciativa de calado real y positivo para la ciudad en estos casi tres años de legislatura que no sea consecuencia de proyectos heredados? Los cambios de nombres de plazas y parques no cuentan.  ¿Qué queda? ¿La letrina que instalaron como solución al asentamiento de Santa María la Real?

 

La chapucera amabilización de hormigón, pintura y bolardos que ha impermeabilizado el Casco y el proyecto de Pío XII son sus proyectos estrella y ambos cuentan con una radical oposición ciudadana, que sin embargo se la trae al pairo.

 

Nada nuevo, nada realmente ambicioso. Ni un gramo de ilusión. Sólo, la condena al pesimismo, a mirar permanentemente al pasado más rancio y a conformarnos con ser una ciudad de provincias más, sin ninguna ambición de futuro mientras el resto avanzan, miran a Europa y atraen nuevas inversiones que generan empleo, desarrollo, cultura y, por tanto, más y mejores servicios.

 

Su modelo de ciudad es un proyecto de (no)futuro.

 

Eso sí, los impuestos nos los siguen subiendo. Que los gaztetxes salen muy caros, oiga.