El deshonor de ser navarro y no saber euskera

En la última Comisión de Presidencia del Ayuntamiento de Pamplona, Geroa Bai se quitó una vez más la careta. A su portavoz se le escapó que ser navarro y no saber euskera “debería ser casi un deshonor”.

En su defensa he de decir que se incluyó a él mismo en el amplísimo grupo de navarros supuestamente sin honor, aunque lo achacó a que Franco le prohibió aprenderlo, algo al menos debatible cuando las primeras ikastolas datan de 1954, aunque nunca fueran legales. Yo, que nací en pleno mundial de Naranjito, no tengo siquiera esa excusa.

En cualquier caso, la frase resulta significativa y reveladora. Es evidente que el nacionalismo vasco utiliza el euskera como elemento central sobre el que construir su querida y perseguida euskal herria. Lo han reconocido sus propios partidos en los primeros pasos del nuevo estatuto vasco.

Como hablar de un RH y de la raza vasca (como ha hecho el supuestamente moderado PNV desde Sabino Arana hasta Arzalluz) queda pelín supremacista en pleno siglo XXI, utilizan el euskera como elemento diferenciador.

La lengua es la nueva religión para todos los nacionalismos y Barkos, Asirón y compañía no iban a ser una excepción. Al contrario, ejercen gustosos el papel de nueva inquisición.

Igual que el portavoz de Geroa Bai el lunes, diferencian entre buenos navarros, con el label de saber euskera “con la K de kalitatea” y el resto, que no lo conocen.

Hay una cultura propia que hay que promocionar, organizando por ejemplo conciertos didacticos de txalaparta por los colegios como el Ayuntamiento de Pamplona. Sin embargo, el resto de expresiones culturales y tradiciones de nuestra tierra, las jotas por ejemplo, son vistas como una aldeanada. Por no hablar de todas y cada una de las tradiciones religiosas de nuestra tierra, también despreciadas por viejunas (es lo que tienen las tradiciones, que son antiguas) y retrógradas .

Así, pasan la legislatura manoseando una lengua, una cultura, para separar, para dividir y lo que es peor, para enfrentar a los navarros, cuando debería servir para todo lo contrario.

Se trata de crear la imagen de una cultura única y unívoca en Navarra, desde Bera hasta Cortes a través de imposiciones, gestos y acciones de cosmética.

Así los carteles del Gobierno, todos, se rotulan con el euskera por delante, aunque haya un 93,3 por ciento de navarros que no lo utiliza, según los datos del propio Gobierno Barkos.

Autobuses y comedor gratis para alumnos de euskera. A apoquinar el resto.

O líneas abiertas en colegios con menos de 8 alumnos en euskera mientras se niegan a desdoblar las de castellano o PAI con mayor demanda.

Por último, por supuesto, publican convocatorias de empleo público trufadas de privilegios para los euskoparlantes que nada tienen que ver con la realidad social de Navarra.

Porque no se trata de adecuarse a ella, sino de cambiarla. Y en eso están Barkos y Asirón, aunque por el camino el mayor perjudicado sea el euskera por su contaminación política.

Igual que Torra o, antes, Puigdemont. Siguen la misma hoja de ruta de tensión y enfrentamiento.

 

Doña Ruperta, Asirón y Mayra Gómez Kemp

Imaginemos por un momento que estamos en el ‘Un, dos, tres…’ y Mayra Gómez Kemp les pregunta, por 65 pesetas por respuesta acertada, iniciativas, proyectos o mejoras (positivas se entiende y de cierta envergadura)… llevadas a cabo por el Ayuntamiento desde la llegada de Asirón y su cuatripartito.

Y empieza la cuenta atrás. Y los nervios. Y aquellas trompetillas y soniquetes. Y mirarían a su pareja, sudando y poniendo cara de “y qué quieres que diga, que no se me ocurre na”, hasta que, antes de sumar una mísera respuesta, las tacañonas aparecieran en la pantalla con aquello de “¡campana, y se acabó!”.

Las azafatas del programa no necesitarían la calculadora para obtener el resultado y usted se volvería a casa sin llevarse siquiera la calabaza y mucho menos el apartamento en Torrevieja.

No es sólo que en más de tres años no se haya hecho ningún civivox, ni una escuela infantil, biblioteca, parque, apartamento tutelado o ascensor urbano, por poner algunos ejemplos, que no estuviera proyectado y licitado por los anteriores responsables municipales. Es que ni siquiera existe proyecto para ninguna de estas iniciativas.

Al menos, así no gastan pensará alguno intentando buscar consuelo.

Al contrario, han incrementado el gasto corriente en 4 millones de euros, lo mismo que han reducido los ingresos: en 2017 la carga financiera aumentó, los gastos corrientes aumentaron y los ingresos corrientes descendieron, tal y como destacó Enrique Maya durante el último ‘Debate del estado de la ciudad’. Y encima han dilapidado el patrimonio que en forma de solares tenía Pamplona a razón de cinco millones de euros al año, mientras paralizaban cualquier nuevo plan urbanístico que garantizase ingresos municipales futuros.

Han hecho, tal y como recordó Maya, como un tal Abundio, que vendió el coche para comprar gasolina.

Así, Asirón ha conseguido la cuadratura del círculo, ha logrado incumplir la regla de gasto sin ser capaz de construir o de proyectar nada.

Por eso, quizás no lo sepa, Pamplona tiene intervenidas las cuentas y debe elaborar un plan económico-financiero que apruebe el Gobierno de Navarra. Los hombres de negro de la troika que fueron a Grecia, en plan foral.

Bildu se escuda repitiendo que han logrado reducir la deuda (como hizo el gobierno municipal anterior en mitad de la crisis, por cierto), pero olvida el detalle de que lo han hecho no como algo planeado, sino porque han sido incapaces de ejecutar lo que ellos mismos habían presupuestado y porque Montoro obligaba a invertir gran parte de esa inejecución en la amortización de deuda.

Eso sí, ahora tenemos 4 nuevos gaztetxes y la ikurriña ondeará el 6 de julio gracias a alguna trampa a la justicia (y a los pamploneses).

Misión cumplida.

 

El ataque a nuestra tradición taurina

Existe constancia escrita de la tradición taurina de las fiestas de San Fermín al menos desde el siglo XIV. Mucho han cambiado las fiestas desde entonces. Y también han cambiado los festejos, desde los primeros encierros (‘entradas’).

Sin embargo, la pasión con la que los pamploneses vibran con el mundo del toro en sus distintas expresiones permanece a lo largo de los siglos y sigue muy viva todavía hoy.

En los últimos días, la tradición taurina de nuestra ciudad ha sufrido un lamentable ataque por parte de un reducido grupo de violentos y cobardes que se creen con la legitimidad de imponer su criterio a todos los demás. Desde esa superioridad moral que, deben creer, les otorga quemar una carretilla elevadora son los nuevos censores.

Anuncian, además, nuevas acciones para tratar de impedir el normal desarrollo de la fiesta.

Tristemente, nuestros queridos encierros no contaron con el respaldo unánime de la Corporación municipal, en un debate celebrado el mismo día en que se conocieron los hechos.

Izquierda Ezkerra y Aranzadi, evitaron posicionarse en favor de esta tradición y en su lugar, prefirieron subrayar la necesidad de abrir un debate en torno a su permanencia en el programa de nuestras fiestas.

Los mismos concejales, ya quisieron cambiar el nombre del Día de San Fermín por ‘Día grande de las fiestas de la ciudad’ y su Procesión por “desfile del día grande de las fiestas”, durante el debate del Reglamento de Protocolo del Ayuntamiento.

Sin embargo, no se entenderían los Sanfermines sin su tradición taurina y sin sus raíces cristianas; sin la devoción por el Santo que los pamploneses transmitimos de generación en generación traspasando la esfera puramente religiosa.

Nuestra ciudad  y nuestras fiestas son conocidas en todo el mundo por sus encierros y, por tanto, por sus corridas de toros. Son un todo; el acto de la mañana no tiene sentido sin el de la tarde.  Periodistas de todo el mundo, nos visitan cada año para conocer, sobre todo, cómo es esa tradición que llega hasta nuestros días desde el siglo XVI.

Lamentablemente no sólo no somos capaces de defenderla unánimemente, sino que las vergüenzas generadas por la dictadura de lo que creemos políticamente correcto impiden incluso a algunos promocionarla.

Deberíamos ser capaces de poner en valor la riqueza centenaria de nuestras tradiciones, de los hechos diferenciales de nuestras fiestas, promocionándolos más allá de lo puramente festivo y profundizando en su vertiente cultural, histórica y etnográfica.

No cabe duda de que el cuestionamiento de las tradiciones taurinas va a crecer en los próximos años y quizás la mejor defensa sea la promoción de su conocimiento con el que desmontar clichés y prejuicios.

Nadie es capaz de amar, o respetar  y comprender siquiera, lo que no conoce.

¿El mundo está loco?

Primero fue Trump. Luego, el ‘Brexit’, la segunda vuelta alcanzada por Marie Le Pen, el Gobierno ultraderechista de Kurz en Austria… y ahora el pacto entre el populismo de extrema izquierda del ‘Movimiento Cinco Estrellas’ y la xenófoba, derechista y nacionalista Liga Norte.

¿El mundo se vuelve loco o es la consecuencia lógica de la desesperación sembrada durante la crisis?

En España, el cóctel también es de vértigo y tiene muchas posibilidades de dejar resaca. Un gobierno socialista en terrible minoría, nacido del apoyo de separatistas, populistas y conservadores nacionalistas.

Hay que reconocer, eso sí, a Sánchez un dominio de la escena pública envidiable, demostrado con una sorprendente e interesante elección y comunicación de los ministros, filtrados de uno en uno de tal manera que cada uno de ellos (y su currículum) ha tenido minutos y horas de protagonismo en informativos y tertulias.

Mientras, el PP que hace apenas 15 días se las prometía muy felices después de haber pactado los presupuestos con el PNV,  ha visto como el “leal” Partido Nacionalista Vasco le asestaba una puñalada que ríete tú de ‘Psicosis’.

Y es que el PNV siempre ha sido leal al PNV. Y punto.

Andan ahora los populares como un barco que, de pronto, se queda sin velas en mitad del océano. Y todavía le quedan por recibir varios cañonazos en forma de sentencias por corrupción en los próximos meses.

Mientras deciden qué hacer, amenazan al PNV con enmendar las cuentas (las suyas) después de su traición. Y luego, vuelta al Congreso. Y allí, salvarán las cuentas del PP los mismos que las querían tumbar hace menos de un mes, mientras quienes las presentaron defenderán su modificación.

Normal que la gente esté hasta los mismísimos. Lo lógico a nivel nacional hubiera sido dar la oportunidad a los ciudadanos de reorganizar el Congreso urnas mediante, antes que cualquier pacto antinatura y revanchista.

Sin embargo, Sánchez dijo que él no volvía a recorrer España en el Peugeot y que más vale pájaro en mano que ciento volando, aunque sea con Puigdemont, Bildu, ERC, Podemos y compañía como compañeros de excursión.

En Navarra la cosa no está más tranquila. Podemos en fase caníbal y autodestructiva, poniendo de los nervios a sus socios de un Gobierno formado por la marca blanca del conservador PNV, los supremacistas herederos de Batasuna y el populismo de IE y del partido morado.

Vaya, que lo de Italia tampoco es tan raro. Así nos va, claro.

Pese a la mejoría de las economías occidentales, la crisis ha dejado como efecto secundario un descrédito absoluto hacia la clase política y una polarización absurda y peligrosa azuzada por populismos de uno y otro signo. Es un cambio social, además de político; no se trata solo de una cruzada contra los viejos partidos, sino de un temblor bajo los cimientos de nuestras sociedades.

Con este ambiente, nadie cree en nadie, ni a nadie, y la crítica y el insulto centran los discursos que deberían tratar de empleo, de familias, de clase media, educación, Medio Ambiente universidad o innovación.

Es el reino del ‘zasca’, del titular llamativo, los clicks y los tuits. Hace ya tiempo que la “información” deportiva adoptó el formato y las formas de ‘Tómbola’ y ‘La Noria’. Ahora, hemos convertido la política en ‘El Chiringuito’ y ahí los verdaderos jugones son los populistas.

Lo peor de todo no es que nadie sepa la solución, sino que unos y otros han optado por dejar de buscarla y bucear en el lodo.

El camino de la regeneración, de la recuperación de la credibilidad y la esperanza por un futuro más próspero y justo es arduo, no garantiza resultados en cuatro años y ni siquiera el éxito a largo plazo. Sin embargo, es la única ruta posible si queremos darle la vuelta al cinismo y al odio que han infectado nuestras sociedades.

El sábado se defiende la igualdad

Que el nacionalismo vasco está intentando imponer el euskera para el acceso a la administración es un hecho. Que traten de negarlo, la confirmación de que nos toman a todos por idiotas.

El último ejemplo, la convocatoria para dos plazas de letrados en el Ayuntamiento de Pamplona. Un examen, que se valora un máximo de 50 puntos, y un único mérito, el euskera, que puede llegar a puntuarse con hasta 10 puntos.

Ni un sólo punto por un máster o un curso de posgrado. Ni medio por hablar otros idiomas. Cero por experiencia en ese puesto en administraciones públicas.

Es cierto, no excluyen a los que no sepan euskera de acceder a la convocatoria. Pero es evidente que quien no lo hable tiene muy difícil hacerse con un puesto con procesos como este.

Todo en un puesto interno, en el que no se realiza labor alguna de atención al público y en una ciudad en la que, según un informe presentado en la UPV y financiado por el propio Gobierno Barkos, sólo utiliza el euskera un 2,9% de la población.

Lo mismo ocurre en el sector sanitario, donde decenas de médicos dedican su tiempo libre no a especializarse o a profundizar en sus conocimientos, sino a sacarse el título en una lengua que posiblemente no vuelvan a usar una vez hecho el examen, porque no eligen aprenderlo por amor a parte de nuestra cultura, sino por obligación.

¿Qué es más importante, tener un master o saber euskera? ¿Haber investigado y presentado publicaciones en Congresos de su especialidad o saber euskera? ¿Tener un doctorado o saber euskera? ¿Ser tan brillante como para haber obtenido un premio académico o científico o saber euskera? ¿Tener, por ejemplo, 5 años de experiencia o saber euskera?

Con el decreto del euskera aprobado por el cuatripartito, a una enfermera que se presentara a una plaza en la zona mixta, tener un master le valdría 1 punto y medio, haber sacado adelante un doctorado, 1 punto, pero saber euskera más de 5.

Todo esto, como digo, en una comunidad que no es uniformemente bilingüe y donde el euskera es utilizado sólo por el 7% de la población.

El objetivo es transformar la realidad de nuestra tierra, aunque para ello tengan que tirar por tierra uno de los principios básicos de toda sociedad democrática, la igualdad entre los ciudadanos.

El PNV lo tiene claro, en el  borrador de estatuto que se está debatiendo en la CAV, identifican el euskera y la cultura vasca como un instrumento vital para la construcción nacional.

Identifican lengua y opción política, siglas, que es poco menos que convertir la cultura en un muro, en vez de en un lugar de encuentro  y de diálogo con el resto de influencias culturales que de norte a sur recorren nuestra tierra.

Esa variedad cultural, fruto del devenir de los siglos y que ahora quieren destruir, es precisamente una de las mayores riquezas de nuestra tierra.

Lo dice mejor que nadie Fernando Sabater: “Las lenguas tienen dos enemigos, los que las prohíben y los que las imponen”.

Por eso, para reclamar la igualdad de todos los navarros hay razones de sobra para salir a la calle el próximo sábado. Es el momento de la sociedad civil.

El dedo del cuatripartito

Desde el principio de la legislatura, el equipo de Gobierno de Asirón ha puesto verdadero empeño en fomentar la economía digital. Digital en la primera acepción de la palabra: Perteneciente o relativo a los dedos.

Al margen de los edificios que ha entregado digitalmente (Chalé de Caparroso, primero, y Antzara en Mendillorri y Palacio de Redín y Cruzat, después), quizás Pío XII sea el caso más paradigmático de proyecto digital del cuatripartito.

Al menos 112.052,28 euros se han gastado en la avenida sin todavía levantar una piedra. De ellos, 69.922 euros corresponden a 12 facturas pagadas directamente por el máximo que la ley permite para las adjudicaciones directas: 7.260 euros (6.000 + IVA).

Hay algunas tan curiosas como dos de la empresa Sostenibilidad y Transporte Consultores . Una es para un “Estudio de tráfico en la avenida Pío XII” el 28 de junio de 2017 y otra, apenas seis meses después, para la “Actualización Análisis de tráfico en avenida Pío XII”. Ambas por supuesto por 7.139 euros (IVA incluido).

A todo ello habrá que sumar, evidentemente 1.993.795 de euros de licitación de la obra.

Y es que las áreas gestionadas por Aranzadi son donde más proliferan y se acumulan estos contratillos menores. Los que más ruido hicieron fueron los de Nommad, empresa fundada por el ex socio del entonces director del área de Participación justo al ingresar éste en el Consistorio, y que primero cobró 6.267,8 euros por diseñar un proceso participativo, sobre una decisión ya tomada como la modificación de tráfico del centro y, luego, se llevó la gestión de ese proceso, que ellos mismos habían diseñado. Unos cracks. Luego sí participaron en un procedimiento contra otras dos empresas. No ganaron, pero les adjudicaron el contrato igualmente. Los tribunales, obviamente, dieron la razón a la empresa con más puntuación.

Antes, ya habían cobrado 2.559 euros por un manual de participación, que no era tal, y que acabó justificándose como un cursillo a los responsables del área. Así, los grandes líderes de la participación ciudadana de Pamplona pudieron aprender qué era un voto o un referendum. Literal.

Y qué decir del proyecto de vasos reutilizables que factura a factura ha costado más de 40.000 euros. Ahora, decenas de miles de euros después, han visto la luz y van a acumular todos los pagos en un solo contrato como hace Bayona.

En el área de Igualdad también han pagado, con los impuestos de todos, estudios de visión de género de los presupuestos y de las ordenanzas fiscales del Ayuntamiento. Gracias a ellos ahora sabemos que en este último documento, por ejemplo, debe poner “la persona contribuyente” y no “el contribuyente”, porque eso sería obviamente sexista. 6.000 euros+IVA.

Pero no pensemos que la economía digital se fomenta únicamente en las áreas de Aranzadi. ¿Que hay que cambiar el nombre de la programación de Ciudadela y llamarle Hirartea para que parezca que se hace algo distinto?. 7.200 euros (iva incluido). ¿Que hay que encargar a toda prisa una aplicación para hacer más amable la amabilización? 6.000 euros más IVA.

Y así todo.

En total, el Ayuntamiento de Pamplona gastó el año pasado  5.133.188, 85 euros en contratos menores. Una verdadera apuesta por la economía digital.

Barra libre para los amigos de Asirón

A Asirón le duraron las buenas intenciones lo que tardó en pronunciar su discurso de investidura.

Comenzó la legislatura comparándose con Carlos III ‘El noble’ y mostrándose supuestamente ansioso por que “el Ayuntamiento que hoy se constituye sea el motor que nos permita superar los fosos y las murallas que en los últimos tiempos nos han separado”. Arrogancia, horteradas y adolescente prosa al margen, tiene narices el asunto.

Pocas cosas habrá en nuestra tierra que unan más a personas de todas las ideologías y clases sociales como las Javieradas. La devoción al patrón de Navarra, en su vertiente religiosa o en la más popular, no entiende de edades, siglas, códigos postales ni cuentas corrientes.

Sin embargo, el alcalde que quería ser Carlos III ha acabado permitiendo en un edificio municipal una exposición con un cuadro que viene a decir que las decenas de miles de personas que caminan cada año a Javier son unos nazis.

El edificio en cuestión es el palacio renacentista de Redín y Cruzat, entregado a dedo por el Ayuntamiento a colectivos afines a los partidos del cuatripartito hace apenas tres meses. Para ello, siguieron el mismo procedimiento (ninguno) que en el nuevo edificio ‘Antzara’ de Mendillorri, un espacio recién construido de 300 metros, en el que se han invertido casi medio millón de euros. Todo es poco cuando se trata de agradar a los colegas.

A un colega, además, no se le molesta cuando lo está pasando bien. Por eso, en el caso de los gaztetxes del palacio Marqués de Rozalejo (para ser antisistema hay que ver lo que les gustan los palacios y los chalés) y del de Rochapea, el Ayuntamiento había incumplido hasta hace apenas unas semanas su obligación de inspección de actividades.

Sin embargo, lo más grave no es sólo el trato de favor recibido por unos y otros por su cercanía al partido del alcalde y a sus socios, mientras el resto del mundo tiene que pagarse su bajera o apoquinar tasas e impuestos por abrir  un bar. Lo peor es constatar para qué usan los amigos de Asirón los espacios que okupan o que les regala el Ayuntamiento.

En estos meses hemos visto pancartas proetarras en los gaztetxes, pintxopotes solidarios con los presos, charlas de Valtonyc (el rapero que cantaba “para todos aquellos que tienen miedo cuando arrancan su coche, que sepan que cuando revienten sus costillas brindaremos con champán” entre otras barbaridades) o exposiciones como la de esta semana.

Si a eso le unimos la extraordinaria permisividad con los carteles en favor de los miembros de ETA colocados en las fiestas de los barrios y que sólo son retirados pasados los fastos, tenemos una estupenda macedonia de odios, rencores e intolerancia al más puro estilo Bildu. No tienen más proyecto.

Y es que, por mucho que sus palabras vayan en una dirección, todas las acciones de Asirón desde que se sentó en el sillón de alcalde, van en la contraria. Barra libre para sus amigos y mucho insulto, ofensa y castigo para los demás.

Navarra no necesita la tutela de Euskadi

Llegó el presidente del PNV, Andoni Ortuzar, el pasado sábado a Navarra como vienen los agentes del Athletic a llevarse a los chavales de Tajonar para poder presumir de cantera y de Lezama; no sólo con esa chulería tan bilbaína que resulta hasta simpática, sino con la superioridad de quien se cree mejor que los del pueblo; con aires de conquistador, vaya.

“Lecciones de Navarra al PNV, ninguna. (…) La defendemos mejor que nadie”, soltó. Y se quedó tan tranquilo. Ni una risita se le escapó.

Dos días más tarde, el martes, registró en el Parlamento un borrador de preámbulo del Estatuto de Euskadi que es, básicamente, un insulto a la historia de Navarra y un nuevo ataque nacionalista a nuestra identidad y a nuestra realidad institucional.

La pose del sábado le duró el domingo y caducó el lunes.

El texto, que no es sino la plasmación del verdadero pensamiento del PNV, disuelve los siglos de historia de Navarra en la “identidad propia” de Euskal Herria, “asentada en 7 territorios”. Ya saben, la CAV, Navarra y las zonas francesas.

Una identidad, fundamentada, sostienen, en el euskera y la cultura vasca.

Pero, luego son los demás los que mezclan cultura y política; euskera y política.

Por eso se afana tanto Barkos en imponerlos, en dibujar una sociedad monolítica en Navarra, cuando su riqueza reside en su diversidad, en sus diferencias. Y cuando, en realidad, hay que decirlo, apenas el 6,7% de los navarros habla euskera, según los estudios de su propio Gobierno.

Nada nuevo en los objetivos de un partido fundado por un supremacista, machista y xenófobo como Sabino Arana que, sin embargo, sigue teniendo sus calles en la CAV, su fundación, sus premios y es honrado cada año, algo imposible en cualquier país de Europa para un tipo capaz de decir cosas como que “el roce de nuestro pueblo con el español causa inmediata y necesariamente en nuestra raza ignorancia y extravío de inteligencia, debilidad y corrupción de corazón” o que «La mujer es vana, es superficial, es egoísta, tiene en sumo grado todas las debilidades propias de la naturaleza humana. (…) Es inferior al hombre en cabeza y en corazón. (…) ¿Qué sería de la mujer si el hombre no la amara? Bestia de carga, e instrumento de su bestial pasión: nada más», por ejemplo.

El nacionalismo vasco, nacido hace poco más de 100 años, con su bandera creada hace poco más de 100 años, necesita de la realidad histórica de Navarra para vestir su invento y ocultar que, en realidad, las tropas vizcaínas y guipuzcoanas lucharon del lado de los castellanos en 1512, sin ir más lejos.

Sin embargo, Navarra tiene su propia identidad, su propia realidad y su propia historia y no necesita sumarse a otra comunidad ni a ningún invento para ello.

La inmensa mayoría de navarros se sienten perfectamente identificados con la realidad institucional de Navarra, integrada de forma singular y diferenciada en España (y en Europa) y, como reza el artículo 1 del Amejoramiento del Fuero, “solidaria con todos sus pueblos”. No necesitamos la tutela de Euskadi.

Ahora, ante el lógico jaleo montado, la delegación del PNV en Navarra se ha apresurado a decir que “Navarra será lo que quieran los Navarros”, aunque por si acaso los navarros quieren otra cosa, los planes los elaboran en Vizcaya y los aprueban en el Parlamento de Vitoria y como parte del Estatuto de Euskadi, como si esta tierra no tuviera sus instituciones, no eligiera a sus parlamentarios o no existiera el Amejoramiento del Fuero.

La principal novedad, y lo realmente grave, es que para hacer frente al enésimo ataque colonialista del nacionalismo vasco, no se puede contar ya con el Gobierno de Navarra. “El Gobierno no hace una valoración”, respondió su portavoz ayer a preguntas de los periodistas.

¿Alguien creía, de verdad, que Barkos, Hualde, Solana o Ayerdi iban a llevar la contraria a sus jefes de Bilbao?

Al contrario, como también dijo Ortuzar hace apenas un mes, en realidad, para lo que trabaja el Gobierno de Navarra es para “la construcción nacional vasca”. Ante semejante confesión, poco más se puede añadir.

 

¿Qué hacemos con el río?

Me voy a poner en plan ‘voz en off’ de documental de ‘La 2’ y voy empezar este artículo con el manido “desde el inicio de los tiempos, las sucesivas civilizaciones han buscado asentarse cerca de las orillas de los ríos”.

En Pamplona somos tan afortunados que contamos con tres: Arga, Sadar y Elorz, a los que la candidata de Aranzadi/Podemos sumó el Ega en una de sus entrevistas durante la campaña electoral de 2015. Quién hubiera dicho que desde entonces no iban a hacer otra cosa que empeorar.

Durante los años ochenta (a partir del Plan General de 1984), la ciudad volvió su mirada al río. Desde entonces, se han invertido decenas de millones de euros (muchos hábilmente obtenidos de fondos europeos) en intervenciones en la recuperación de las orillas y de su cauce y en la construcción de un largo paseo de 17 kilómetros que, a la sombra de las murallas y jalonado por parques y pasarelas, es uno de los mayores tesoros de nuestra ciudad.

En paralelo, se ha hecho lo posible por minimizar el efecto de sus crecidas, con distintas actuaciones, facilitando que se inunden parques como el bosque de Aranzadi, en lugar de áreas habitadas.

Sin embargo, esta evolución que había implicado a ayuntamientos de colores diversos a lo largo de distintas legislaturas ha sufrido, como tantas otras cosas, un frenazo en seco este mandato.

Algo se barruntaba cuando ante las peticiones en el Ayuntamiento de estudios específicos sobre la Magdalena, los concejales de Asirón respondían con unos regates que para sí los quisieran Messi, Ronaldo o el mismísimo Sebas Coris.

Así, entre bicicletas, fintas y demás quiebros, llegamos a febrero, cuando el cuatripartito presentó un estudio, encargado a dedo, por supuesto, por el máximo exacto que permite la ley. Otro más.

Bajo el aparente buenismo con el que habitualmente dictan sentencia, el nuevo plan fluvial propone dar vía libre al río, entendiendo su relación con la ciudad como un problema y no una oportunidad. Nada de medidas contra las inundaciones en Magdalena, por ejemplo, sino una nueva trinidad: “asegurar, indemnizar y educar”.

Nada de retirar maleza de puentes, pasarelas y orillas, porque es bueno para la fauna.

Y nada de azudes, ni presas, aunque sean del siglo XIII, como el de Santa Engracia (Rochapea), que permitan que incluso durante el estiaje el Arga mantenga el caudal necesario para poder disfrutarlo. Así está, abandonado a su suerte y a merced del río desde hace meses.

La propuesta del cuatripartito avanza incluso que a medio plazo el Club Natación debería retranquearse 100 metros. Tal cual. No sé de dónde sacarían esa distancia que, para entendernos, es todo un señor campo de fútbol.

El propio paseo del Arga es un elemento extraño que ponen bajo sospecha.

Nada tampoco de actividades que acerquen el río a las familias, por ejemplo, para fomentar su amor por él. Seré un ingenuo pero siempre he creído que la mejor manera de promocionar el ecologismo (el de verdad, no el de salón) es haciendo que los más pequeños conozcan su entorno aprendiendo a disfrutarlo con respeto. Nadie ama, y por tanto nadie cuida, lo que no conoce.

Una vez más, igual que con la amabilización, igual que en Pío XII, Asirón demuestra una inusitada capacidad para crear un problema donde no lo había. Una vez más, cuatro años perdidos.

 

¿Por qué no funciona la amabilización?

El cuatripartito de Asirón impuso en septiembre una serie de cambios de tráfico que, como todo el mundo sabe, han impermeabilizado el centro de la Pamplona. El objetivo era loable: reducir el uso del vehículo privado y fomentar otras formas de transporte. Los medios utilizados y el resultado, un desastre.

Andan estas semanas los concejales de Asirón intentando parchear el desaguisado. Han presentado una app que falla más que una escopeta de feria; pintando y despintado líneas de aparcamiento en hasta 4 colores diferentes; inaugurado un aparcamiento de 180 plazas en Trinitarios para paliar el descenso de miles de personas que acceden a pasear y comprar en el Casco y el I Ensanche y gastando casi 55.000 euros en propaganda.

Cincuenta y cinco mil. Lo mismo que lo presupuestado para todas las acciones recogidas en el Plan Estratégico de Comercio para todo 2018, gastado en folletos y anuncios de prensa, radio e internet con los que convencernos de que todos estamos equivocados, que la amabilización es una maravilla y que nuestros ojos nos engañan cuando vemos el Casco medio vacío día sí y día también.

Mientras tanto, siguen sin abordarse los pecados de nacimiento de un plan que se implantó sin el estudio ni el consenso necesarios.

Es cierto que cada vez más ciudades intentan ganar espacios para el peatón a costa del coche, como lo hizo Pamplona en las dos últimas décadas. De hecho, la tesis doctoral del arquitecto Héctor Machín Gil, una de las pocas sobre esta materia, señala a Pamplona como el ejemplo perfecto de este tipo de prácticas entre las 22 ciudades españolas analizadas.

Este trabajo recoge que “en un periodo de 18 años se peatonaliza un total de 21,5 hectáreas, con casi un 90% reurbanizado, equivalente a 13 kilómetros de calles peatonales, con el caso histórico un 75% peatonal. Se construyen además 10 elementos de paso repartidos por la ciudad, en su mayoría en forma de ascensores urbanos”.

Además, destaca que “Pamplona tiene la mayor superficie y kilómetros peatonales, su área supera en un 40% a San Sebastián y en un 25% a Burgos. Su casco histórico peatonal, con un 80% reurbanizado, es casi 2,5 veces mayor que el de su ensanche, totalmente adaptado al peatón”.

Todo ello siguiendo lo que califica como fórmula “win-win”, incorporando aparcamiento subterráneo y plaza o eje peatonal en superficie.

Ahora, con cierto retraso respecto a nuestra ciudad, algunas capitales han implantado las llamadas supermanzanas para lograr este objetivo: células urbanas, con aparcamientos en sus extremos y fácil acceso en transporte público, formadas por varias manzanas que conforman un espacio cerrado de unos 400×400 metros, un tamaño que permite vivirlas a pié y alcanzar sin problemas, por ejemplo, cualquier comercio instalado en su interior.

La supermanzana de Pamplona mide 1200×900 metros. Es la madre de todas las supermanzanas. La supermanzana reina.

Estas dimensiones dificultan, lógicamente, que una persona se sienta atraída a cruzarla a andando para acceder al comercio deseado, por ejemplo. Han creado una isla. Eso, sin contar las propias dificultades orográficas que presenta nuestro Casco Antiguo para su acceso desde los barrios del norte.

Es una cuestión puramente técnica, que sin embargo el cuatripartito no tuvo en cuenta. Simplemente cerraron el tráfico y no plantearon ninguna medida paliativa. Ni mejoraron el transporte público, ni construyeron aparcamientos en sus extremos y ni siquiera facilitaron su acceso en bici. Pusieron cuatro señales (ni quitaron las anteriores), plantaron 4 cámaras y ‘et voilà’.

Además, declararon proscrito al coche, sin mejorar el espacio urbano para el peatón, como sí ocurrió en las peatonalizaciones que ahora defienden y a las que en su tiempo se opusieron radicalmente. Ahora, incluso, hasta a José Abaurea (Bildu) le gusta el parking de la Plaza del Castillo. Ver para creer.

Sin embargo, una vez constatado el desastre, probado que a día de hoy visitan el centro menos personas que hace un año y que muchas menos consumen en su comercio, en lugar de demostrar cierta valentía política y reconocer el error, abriendo algunas de las calles cortadas como Padre Moret, se dedican a parchear la situación.

Y mientras, el comercio languidece sin que quienes nos gobiernan ikurriña en mano, se den cuenta de que es él quien amabiliza la ciudad, no los bolardos y las señales de prohibido el paso.