“Y encima se ríen estos cabrones”

gual resulta políticamente incorrecto, pero qué queréis que os diga… tiene toda la razón la juez Murillo.

La actitud de los etarras en el juicio por el asesinato de José Javier Múgica de ayer fue la demostración de que el comunicado de ETA fue una decisión táctica, motivada por la asfixia a la que las FCSE están sometiendo a la banda. Nada hay de arrepentimiento, ni de reconocimiento del error ni del mal causado.

La chulería, la prepotencia y los malos modos al negarse a declarar demuestran que siguen orgullosos del sangriento papel que han jugado en la historia de ETA.

Las risitas, los chismes al oído mientras Reyes relataba con toda la dignidad del mundo cómo vio morir ardiendo a su marido… dejan claro que nada les importa el dolor que han causado.

Cuando escucho que no tiene que haber vencedores y vencidos se me revuelven las tripas. Yo si quiero un final con vencedores y vencidos; lo contrario (que víctimas y verdugos compartan plano en igualdad de condiciones) sería un fracaso como sociedad y una traición a todos los que han pagado con su vida la firme defensa de la libertad y la democracia.

Yo sí quiero que Reyes y el resto de víctimas sean los vencedores y que los “cabrones” que tanto se reían ayer sean los vencidos.

El camino hasta la libertad

Pasados unos días después del anuncio de “cese definitivo de la violencia”,  hemos comenzado ya a observar movimientos políticos que ni siquiera dejaron pasar el fin de semana para actualizar posiciones y ponerse los primeros no ya en la línea de salida, sino en una hipotética meta. Quieren poner el carro antes que los bueyes una vez más.

Sin que ETA se haya disuelto, sin que haya entregado las armas, sin que haya pedido perdón a las víctimas, ni haya mostrado el más mínimo arrepentimiento (más bien todo lo contrario)… parece abierto un debate que no debería haberse abierto: el de las consecuencias políticas.

El anuncio de cese definitivo es una buena noticia, pero no es más que el posible principio del final.  Ante él, no debemos variar las posiciones que han conseguido que ETA haya tenido que dar este paso, ni la firmeza con la que las hemos defendido. No debemos salirnos de los márgenes de la Ley.

ETA no puede obtener por dejar de matar lo que no ha obtenido matando y cualquier premio sería una traición a la postura mantenida durante tantos años de sufrimiento.

Si la lealtad a las víctimas del terrorismo ha sido nuestra guía durante estos años, así debe seguir. Cualquier otra postura sería una traición con mayúsculas a la memoria de todos los que pagaron con su vida la firmeza frente a los terroristas.

Si durante estos años nos hemos negado a debatir fuera de las instituciones que los ciudadanos sostienen y legitiman con sus votos… no podemos ahora abrir mesas paralelas en las que se discuta el futuro de nuestra tierra.

Si durante estos años de asesinatos y violencia hemos defendido la identidad foral de Navarra frente a los intereses nacionalistas, debemos seguir defendiéndola como comunidad diferenciada integrada en España.

Se abre una etapa en la que será necesario explicar muy bien cada posición.  Habrá a quien le interese vender que “no queremos la paz”, que “somos inmovilistas” e incluso infamias como que “nos interesa que ETA continúe su actividad”. ¿Cómo no va a querer la libertad quien tiene su vida mediatizada por la presencia de escoltas, quien tiene que mirar cada mañana debajo del coche y suspirar una vez ha arrancado sin explotar? ¿Cómo no va a querer el fin de ETA quien ha sufrido el asesinato de su padre, de su hermana, de su hija o de su esposo…?

Venimos ya soportando esas infamias desde hace años… y supongo que ahora aumentarán porque la injuria es su única arma contra la coherencia.

Nos queda como sociedad un largo camino hasta que podamos hablar de libertad en mayúsculas, hasta que desaparezca la presión en los pueblos más difíciles,  hasta que la memoria, dignidad y justicia de las víctimas quede garantizada y los asesinos se recuerden como lo que son: delincuentes fascistas de la peor calaña.

Si después de tantos años de firmeza frente a los terroristas, dibujamos un escenario en el que puedan sentirse henchidos por su contribución a la patria… si consiguen lo que llevan cinco décadas utilizando como excusa para matar, habremos fracasado como sociedad y dejaremos una pésima herencia histórica a las próximas generaciones.

El camino hasta la libertad

Pasados unos días después del anuncio de “cese definitivo de la violencia”,  hemos comenzado ya a observar movimientos políticos que ni siquiera dejaron pasar el fin de semana para actualizar posiciones y ponerse los primeros no ya en la línea de salida, sino en una hipotética meta. Quieren poner el carro antes que los bueyes una vez más.

Sin que ETA se haya disuelto, sin que haya entregado las armas, sin que haya pedido perdón a las víctimas, ni haya mostrado el más mínimo arrepentimiento (más bien todo lo contrario)… parece abierto un debate que no debería haberse abierto: el de las consecuencias políticas.

El anuncio de cese definitivo es una buena noticia, pero no es más que el posible principio del final.  Ante él, no debemos variar las posiciones que han conseguido que ETA haya tenido que dar este paso, ni la firmeza con la que las hemos defendido. No debemos salirnos de los márgenes de la Ley.

ETA no puede obtener por dejar de matar lo que no ha obtenido matando y cualquier premio sería una traición a la postura mantenida durante tantos años de sufrimiento.

Si la lealtad a las víctimas del terrorismo ha sido nuestra guía durante estos años, así debe seguir. Cualquier otra postura sería una traición con mayúsculas a la memoria de todos los que pagaron con su vida la firmeza frente a los terroristas.

Si durante estos años nos hemos negado a debatir fuera de las instituciones que los ciudadanos sostienen y legitiman con sus votos… no podemos ahora abrir mesas paralelas en las que se discuta el futuro de nuestra tierra.

Si durante estos años de asesinatos y violencia hemos defendido la identidad foral de Navarra frente a los intereses nacionalistas, debemos seguir defendiéndola como comunidad diferenciada integrada en España.

Se abre una etapa en la que será necesario explicar muy bien cada posición.  Habrá a quien le interese vender que “no queremos la paz”, que “somos inmovilistas” e incluso infamias como que “nos interesa que ETA continúe su actividad”. ¿Cómo no va a querer la libertad quien tiene su vida mediatizada por la presencia de escoltas, quien tiene que mirar cada mañana debajo del coche y suspirar una vez ha arrancado sin explotar? ¿Cómo no va a querer el fin de ETA quien ha sufrido el asesinato de su padre, de su hermana, de su hija o de su esposo…?

Venimos ya soportando esas infamias desde hace años… y supongo que ahora aumentarán porque la injuria es su única arma contra la coherencia.

Nos queda como sociedad un largo camino hasta que podamos hablar de libertad en mayúsculas, hasta que desaparezca la presión en los pueblos más difíciles,  hasta que la memoria, dignidad y justicia de las víctimas quede garantizada y los asesinos se recuerden como lo que son: delincuentes fascistas de la peor calaña.

Si después de tantos años de firmeza frente a los terroristas, dibujamos un escenario en el que puedan sentirse henchidos por su contribución a la patria… si consiguen lo que llevan cinco décadas utilizando como excusa para matar, habremos fracasado como sociedad y dejaremos una pésima herencia histórica a las próximas generaciones.

Bildu es Bildu ¿O alguien tenía alguna duda?

Que no pasen los escoltas a los Ayuntamientos; que se vaya la polícía, la Guardia Civil y el ejército; oiga no quite a los chavales la foto de los presos de la Txozna que les queda muy bonita y yo soy ahora el alcalde; que no voy a pedir que ETA se disuelva, que ya lo hará ella si quiere; que en este ‘conflicto’ hay mucho dolor en ambos lados; que víctimas no hay sólo en un bando… ¿Sigo?

Todo esto le ha dado tiempo a decir a Bildu en poco menos de una semana. Ha sido llegar y poner en marcha el manual de estilo de Batasuna para el cargo electo y claro, ahora algunos se echan las manos a la cabeza.

Bildu es Bildu, es decir la formación heredera de toda la sopa de siglas que ha sido la llamada izquierda abertzale, para que nos entendamos: Batasuna.

Quien pensara que de la noche a la mañana habían cambiado que iban a fomentar la concordia entre ciudadanos y a exigir a ETA que deje de tutelar fanáticamente a la sociedad… estaban en el peor de los errores. Una vez más, las exigencias del guión les habían hecho dar una vuelta de tuerca más a sus estatutos. Pero ni existía ninguna novedad, no había otra motivación que no fuera estratégica.

Ya están en los Ayuntamientos, ya están en el sillón de Diputación y gestionando miles de millones. Ahora se pueden permitir ser ellos mismos.

Bildu es Bildu ¿O alguien tenía alguna duda?

Que no pasen los escoltas a los Ayuntamientos; que se vaya la polícía, la Guardia Civil y el ejército; oiga no quite a los chavales la foto de los presos de la Txozna que les queda muy bonita y yo soy ahora el alcalde; que no voy a pedir que ETA se disuelva, que ya lo hará ella si quiere; que en este ‘conflicto’ hay mucho dolor en ambos lados; que víctimas no hay sólo en un bando… ¿Sigo?

Todo esto le ha dado tiempo a decir a Bildu en poco menos de una semana. Ha sido llegar y poner en marcha el manual de estilo de Batasuna para el cargo electo y claro, ahora algunos se echan las manos a la cabeza.

Bildu es Bildu, es decir la formación heredera de toda la sopa de siglas que ha sido la llamada izquierda abertzale, para que nos entendamos: Batasuna.

Quien pensara que de la noche a la mañana habían cambiado que iban a fomentar la concordia entre ciudadanos y a exigir a ETA que deje de tutelar fanáticamente a la sociedad… estaban en el peor de los errores. Una vez más, las exigencias del guión les habían hecho dar una vuelta de tuerca más a sus estatutos. Pero ni existía ninguna novedad, no había otra motivación que no fuera estratégica.

Ya están en los Ayuntamientos, ya están en el sillón de Diputación y gestionando miles de millones. Ahora se pueden permitir ser ellos mismos.