El ataque a nuestra tradición taurina

Existe constancia escrita de la tradición taurina de las fiestas de San Fermín al menos desde el siglo XIV. Mucho han cambiado las fiestas desde entonces. Y también han cambiado los festejos, desde los primeros encierros (‘entradas’).

Sin embargo, la pasión con la que los pamploneses vibran con el mundo del toro en sus distintas expresiones permanece a lo largo de los siglos y sigue muy viva todavía hoy.

En los últimos días, la tradición taurina de nuestra ciudad ha sufrido un lamentable ataque por parte de un reducido grupo de violentos y cobardes que se creen con la legitimidad de imponer su criterio a todos los demás. Desde esa superioridad moral que, deben creer, les otorga quemar una carretilla elevadora son los nuevos censores.

Anuncian, además, nuevas acciones para tratar de impedir el normal desarrollo de la fiesta.

Tristemente, nuestros queridos encierros no contaron con el respaldo unánime de la Corporación municipal, en un debate celebrado el mismo día en que se conocieron los hechos.

Izquierda Ezkerra y Aranzadi, evitaron posicionarse en favor de esta tradición y en su lugar, prefirieron subrayar la necesidad de abrir un debate en torno a su permanencia en el programa de nuestras fiestas.

Los mismos concejales, ya quisieron cambiar el nombre del Día de San Fermín por ‘Día grande de las fiestas de la ciudad’ y su Procesión por “desfile del día grande de las fiestas”, durante el debate del Reglamento de Protocolo del Ayuntamiento.

Sin embargo, no se entenderían los Sanfermines sin su tradición taurina y sin sus raíces cristianas; sin la devoción por el Santo que los pamploneses transmitimos de generación en generación traspasando la esfera puramente religiosa.

Nuestra ciudad  y nuestras fiestas son conocidas en todo el mundo por sus encierros y, por tanto, por sus corridas de toros. Son un todo; el acto de la mañana no tiene sentido sin el de la tarde.  Periodistas de todo el mundo, nos visitan cada año para conocer, sobre todo, cómo es esa tradición que llega hasta nuestros días desde el siglo XVI.

Lamentablemente no sólo no somos capaces de defenderla unánimemente, sino que las vergüenzas generadas por la dictadura de lo que creemos políticamente correcto impiden incluso a algunos promocionarla.

Deberíamos ser capaces de poner en valor la riqueza centenaria de nuestras tradiciones, de los hechos diferenciales de nuestras fiestas, promocionándolos más allá de lo puramente festivo y profundizando en su vertiente cultural, histórica y etnográfica.

No cabe duda de que el cuestionamiento de las tradiciones taurinas va a crecer en los próximos años y quizás la mejor defensa sea la promoción de su conocimiento con el que desmontar clichés y prejuicios.

Nadie es capaz de amar, o respetar  y comprender siquiera, lo que no conoce.

¿El mundo está loco?

Primero fue Trump. Luego, el ‘Brexit’, la segunda vuelta alcanzada por Marie Le Pen, el Gobierno ultraderechista de Kurz en Austria… y ahora el pacto entre el populismo de extrema izquierda del ‘Movimiento Cinco Estrellas’ y la xenófoba, derechista y nacionalista Liga Norte.

¿El mundo se vuelve loco o es la consecuencia lógica de la desesperación sembrada durante la crisis?

En España, el cóctel también es de vértigo y tiene muchas posibilidades de dejar resaca. Un gobierno socialista en terrible minoría, nacido del apoyo de separatistas, populistas y conservadores nacionalistas.

Hay que reconocer, eso sí, a Sánchez un dominio de la escena pública envidiable, demostrado con una sorprendente e interesante elección y comunicación de los ministros, filtrados de uno en uno de tal manera que cada uno de ellos (y su currículum) ha tenido minutos y horas de protagonismo en informativos y tertulias.

Mientras, el PP que hace apenas 15 días se las prometía muy felices después de haber pactado los presupuestos con el PNV,  ha visto como el “leal” Partido Nacionalista Vasco le asestaba una puñalada que ríete tú de ‘Psicosis’.

Y es que el PNV siempre ha sido leal al PNV. Y punto.

Andan ahora los populares como un barco que, de pronto, se queda sin velas en mitad del océano. Y todavía le quedan por recibir varios cañonazos en forma de sentencias por corrupción en los próximos meses.

Mientras deciden qué hacer, amenazan al PNV con enmendar las cuentas (las suyas) después de su traición. Y luego, vuelta al Congreso. Y allí, salvarán las cuentas del PP los mismos que las querían tumbar hace menos de un mes, mientras quienes las presentaron defenderán su modificación.

Normal que la gente esté hasta los mismísimos. Lo lógico a nivel nacional hubiera sido dar la oportunidad a los ciudadanos de reorganizar el Congreso urnas mediante, antes que cualquier pacto antinatura y revanchista.

Sin embargo, Sánchez dijo que él no volvía a recorrer España en el Peugeot y que más vale pájaro en mano que ciento volando, aunque sea con Puigdemont, Bildu, ERC, Podemos y compañía como compañeros de excursión.

En Navarra la cosa no está más tranquila. Podemos en fase caníbal y autodestructiva, poniendo de los nervios a sus socios de un Gobierno formado por la marca blanca del conservador PNV, los supremacistas herederos de Batasuna y el populismo de IE y del partido morado.

Vaya, que lo de Italia tampoco es tan raro. Así nos va, claro.

Pese a la mejoría de las economías occidentales, la crisis ha dejado como efecto secundario un descrédito absoluto hacia la clase política y una polarización absurda y peligrosa azuzada por populismos de uno y otro signo. Es un cambio social, además de político; no se trata solo de una cruzada contra los viejos partidos, sino de un temblor bajo los cimientos de nuestras sociedades.

Con este ambiente, nadie cree en nadie, ni a nadie, y la crítica y el insulto centran los discursos que deberían tratar de empleo, de familias, de clase media, educación, Medio Ambiente universidad o innovación.

Es el reino del ‘zasca’, del titular llamativo, los clicks y los tuits. Hace ya tiempo que la “información” deportiva adoptó el formato y las formas de ‘Tómbola’ y ‘La Noria’. Ahora, hemos convertido la política en ‘El Chiringuito’ y ahí los verdaderos jugones son los populistas.

Lo peor de todo no es que nadie sepa la solución, sino que unos y otros han optado por dejar de buscarla y bucear en el lodo.

El camino de la regeneración, de la recuperación de la credibilidad y la esperanza por un futuro más próspero y justo es arduo, no garantiza resultados en cuatro años y ni siquiera el éxito a largo plazo. Sin embargo, es la única ruta posible si queremos darle la vuelta al cinismo y al odio que han infectado nuestras sociedades.

El sábado se defiende la igualdad

Que el nacionalismo vasco está intentando imponer el euskera para el acceso a la administración es un hecho. Que traten de negarlo, la confirmación de que nos toman a todos por idiotas.

El último ejemplo, la convocatoria para dos plazas de letrados en el Ayuntamiento de Pamplona. Un examen, que se valora un máximo de 50 puntos, y un único mérito, el euskera, que puede llegar a puntuarse con hasta 10 puntos.

Ni un sólo punto por un máster o un curso de posgrado. Ni medio por hablar otros idiomas. Cero por experiencia en ese puesto en administraciones públicas.

Es cierto, no excluyen a los que no sepan euskera de acceder a la convocatoria. Pero es evidente que quien no lo hable tiene muy difícil hacerse con un puesto con procesos como este.

Todo en un puesto interno, en el que no se realiza labor alguna de atención al público y en una ciudad en la que, según un informe presentado en la UPV y financiado por el propio Gobierno Barkos, sólo utiliza el euskera un 2,9% de la población.

Lo mismo ocurre en el sector sanitario, donde decenas de médicos dedican su tiempo libre no a especializarse o a profundizar en sus conocimientos, sino a sacarse el título en una lengua que posiblemente no vuelvan a usar una vez hecho el examen, porque no eligen aprenderlo por amor a parte de nuestra cultura, sino por obligación.

¿Qué es más importante, tener un master o saber euskera? ¿Haber investigado y presentado publicaciones en Congresos de su especialidad o saber euskera? ¿Tener un doctorado o saber euskera? ¿Ser tan brillante como para haber obtenido un premio académico o científico o saber euskera? ¿Tener, por ejemplo, 5 años de experiencia o saber euskera?

Con el decreto del euskera aprobado por el cuatripartito, a una enfermera que se presentara a una plaza en la zona mixta, tener un master le valdría 1 punto y medio, haber sacado adelante un doctorado, 1 punto, pero saber euskera más de 5.

Todo esto, como digo, en una comunidad que no es uniformemente bilingüe y donde el euskera es utilizado sólo por el 7% de la población.

El objetivo es transformar la realidad de nuestra tierra, aunque para ello tengan que tirar por tierra uno de los principios básicos de toda sociedad democrática, la igualdad entre los ciudadanos.

El PNV lo tiene claro, en el  borrador de estatuto que se está debatiendo en la CAV, identifican el euskera y la cultura vasca como un instrumento vital para la construcción nacional.

Identifican lengua y opción política, siglas, que es poco menos que convertir la cultura en un muro, en vez de en un lugar de encuentro  y de diálogo con el resto de influencias culturales que de norte a sur recorren nuestra tierra.

Esa variedad cultural, fruto del devenir de los siglos y que ahora quieren destruir, es precisamente una de las mayores riquezas de nuestra tierra.

Lo dice mejor que nadie Fernando Sabater: “Las lenguas tienen dos enemigos, los que las prohíben y los que las imponen”.

Por eso, para reclamar la igualdad de todos los navarros hay razones de sobra para salir a la calle el próximo sábado. Es el momento de la sociedad civil.

El dedo del cuatripartito

Desde el principio de la legislatura, el equipo de Gobierno de Asirón ha puesto verdadero empeño en fomentar la economía digital. Digital en la primera acepción de la palabra: Perteneciente o relativo a los dedos.

Al margen de los edificios que ha entregado digitalmente (Chalé de Caparroso, primero, y Antzara en Mendillorri y Palacio de Redín y Cruzat, después), quizás Pío XII sea el caso más paradigmático de proyecto digital del cuatripartito.

Al menos 112.052,28 euros se han gastado en la avenida sin todavía levantar una piedra. De ellos, 69.922 euros corresponden a 12 facturas pagadas directamente por el máximo que la ley permite para las adjudicaciones directas: 7.260 euros (6.000 + IVA).

Hay algunas tan curiosas como dos de la empresa Sostenibilidad y Transporte Consultores . Una es para un “Estudio de tráfico en la avenida Pío XII” el 28 de junio de 2017 y otra, apenas seis meses después, para la “Actualización Análisis de tráfico en avenida Pío XII”. Ambas por supuesto por 7.139 euros (IVA incluido).

A todo ello habrá que sumar, evidentemente 1.993.795 de euros de licitación de la obra.

Y es que las áreas gestionadas por Aranzadi son donde más proliferan y se acumulan estos contratillos menores. Los que más ruido hicieron fueron los de Nommad, empresa fundada por el ex socio del entonces director del área de Participación justo al ingresar éste en el Consistorio, y que primero cobró 6.267,8 euros por diseñar un proceso participativo, sobre una decisión ya tomada como la modificación de tráfico del centro y, luego, se llevó la gestión de ese proceso, que ellos mismos habían diseñado. Unos cracks. Luego sí participaron en un procedimiento contra otras dos empresas. No ganaron, pero les adjudicaron el contrato igualmente. Los tribunales, obviamente, dieron la razón a la empresa con más puntuación.

Antes, ya habían cobrado 2.559 euros por un manual de participación, que no era tal, y que acabó justificándose como un cursillo a los responsables del área. Así, los grandes líderes de la participación ciudadana de Pamplona pudieron aprender qué era un voto o un referendum. Literal.

Y qué decir del proyecto de vasos reutilizables que factura a factura ha costado más de 40.000 euros. Ahora, decenas de miles de euros después, han visto la luz y van a acumular todos los pagos en un solo contrato como hace Bayona.

En el área de Igualdad también han pagado, con los impuestos de todos, estudios de visión de género de los presupuestos y de las ordenanzas fiscales del Ayuntamiento. Gracias a ellos ahora sabemos que en este último documento, por ejemplo, debe poner “la persona contribuyente” y no “el contribuyente”, porque eso sería obviamente sexista. 6.000 euros+IVA.

Pero no pensemos que la economía digital se fomenta únicamente en las áreas de Aranzadi. ¿Que hay que cambiar el nombre de la programación de Ciudadela y llamarle Hirartea para que parezca que se hace algo distinto?. 7.200 euros (iva incluido). ¿Que hay que encargar a toda prisa una aplicación para hacer más amable la amabilización? 6.000 euros más IVA.

Y así todo.

En total, el Ayuntamiento de Pamplona gastó el año pasado  5.133.188, 85 euros en contratos menores. Una verdadera apuesta por la economía digital.

Barra libre para los amigos de Asirón

A Asirón le duraron las buenas intenciones lo que tardó en pronunciar su discurso de investidura.

Comenzó la legislatura comparándose con Carlos III ‘El noble’ y mostrándose supuestamente ansioso por que “el Ayuntamiento que hoy se constituye sea el motor que nos permita superar los fosos y las murallas que en los últimos tiempos nos han separado”. Arrogancia, horteradas y adolescente prosa al margen, tiene narices el asunto.

Pocas cosas habrá en nuestra tierra que unan más a personas de todas las ideologías y clases sociales como las Javieradas. La devoción al patrón de Navarra, en su vertiente religiosa o en la más popular, no entiende de edades, siglas, códigos postales ni cuentas corrientes.

Sin embargo, el alcalde que quería ser Carlos III ha acabado permitiendo en un edificio municipal una exposición con un cuadro que viene a decir que las decenas de miles de personas que caminan cada año a Javier son unos nazis.

El edificio en cuestión es el palacio renacentista de Redín y Cruzat, entregado a dedo por el Ayuntamiento a colectivos afines a los partidos del cuatripartito hace apenas tres meses. Para ello, siguieron el mismo procedimiento (ninguno) que en el nuevo edificio ‘Antzara’ de Mendillorri, un espacio recién construido de 300 metros, en el que se han invertido casi medio millón de euros. Todo es poco cuando se trata de agradar a los colegas.

A un colega, además, no se le molesta cuando lo está pasando bien. Por eso, en el caso de los gaztetxes del palacio Marqués de Rozalejo (para ser antisistema hay que ver lo que les gustan los palacios y los chalés) y del de Rochapea, el Ayuntamiento había incumplido hasta hace apenas unas semanas su obligación de inspección de actividades.

Sin embargo, lo más grave no es sólo el trato de favor recibido por unos y otros por su cercanía al partido del alcalde y a sus socios, mientras el resto del mundo tiene que pagarse su bajera o apoquinar tasas e impuestos por abrir  un bar. Lo peor es constatar para qué usan los amigos de Asirón los espacios que okupan o que les regala el Ayuntamiento.

En estos meses hemos visto pancartas proetarras en los gaztetxes, pintxopotes solidarios con los presos, charlas de Valtonyc (el rapero que cantaba “para todos aquellos que tienen miedo cuando arrancan su coche, que sepan que cuando revienten sus costillas brindaremos con champán” entre otras barbaridades) o exposiciones como la de esta semana.

Si a eso le unimos la extraordinaria permisividad con los carteles en favor de los miembros de ETA colocados en las fiestas de los barrios y que sólo son retirados pasados los fastos, tenemos una estupenda macedonia de odios, rencores e intolerancia al más puro estilo Bildu. No tienen más proyecto.

Y es que, por mucho que sus palabras vayan en una dirección, todas las acciones de Asirón desde que se sentó en el sillón de alcalde, van en la contraria. Barra libre para sus amigos y mucho insulto, ofensa y castigo para los demás.

Navarra no necesita la tutela de Euskadi

Llegó el presidente del PNV, Andoni Ortuzar, el pasado sábado a Navarra como vienen los agentes del Athletic a llevarse a los chavales de Tajonar para poder presumir de cantera y de Lezama; no sólo con esa chulería tan bilbaína que resulta hasta simpática, sino con la superioridad de quien se cree mejor que los del pueblo; con aires de conquistador, vaya.

“Lecciones de Navarra al PNV, ninguna. (…) La defendemos mejor que nadie”, soltó. Y se quedó tan tranquilo. Ni una risita se le escapó.

Dos días más tarde, el martes, registró en el Parlamento un borrador de preámbulo del Estatuto de Euskadi que es, básicamente, un insulto a la historia de Navarra y un nuevo ataque nacionalista a nuestra identidad y a nuestra realidad institucional.

La pose del sábado le duró el domingo y caducó el lunes.

El texto, que no es sino la plasmación del verdadero pensamiento del PNV, disuelve los siglos de historia de Navarra en la “identidad propia” de Euskal Herria, “asentada en 7 territorios”. Ya saben, la CAV, Navarra y las zonas francesas.

Una identidad, fundamentada, sostienen, en el euskera y la cultura vasca.

Pero, luego son los demás los que mezclan cultura y política; euskera y política.

Por eso se afana tanto Barkos en imponerlos, en dibujar una sociedad monolítica en Navarra, cuando su riqueza reside en su diversidad, en sus diferencias. Y cuando, en realidad, hay que decirlo, apenas el 6,7% de los navarros habla euskera, según los estudios de su propio Gobierno.

Nada nuevo en los objetivos de un partido fundado por un supremacista, machista y xenófobo como Sabino Arana que, sin embargo, sigue teniendo sus calles en la CAV, su fundación, sus premios y es honrado cada año, algo imposible en cualquier país de Europa para un tipo capaz de decir cosas como que “el roce de nuestro pueblo con el español causa inmediata y necesariamente en nuestra raza ignorancia y extravío de inteligencia, debilidad y corrupción de corazón” o que «La mujer es vana, es superficial, es egoísta, tiene en sumo grado todas las debilidades propias de la naturaleza humana. (…) Es inferior al hombre en cabeza y en corazón. (…) ¿Qué sería de la mujer si el hombre no la amara? Bestia de carga, e instrumento de su bestial pasión: nada más», por ejemplo.

El nacionalismo vasco, nacido hace poco más de 100 años, con su bandera creada hace poco más de 100 años, necesita de la realidad histórica de Navarra para vestir su invento y ocultar que, en realidad, las tropas vizcaínas y guipuzcoanas lucharon del lado de los castellanos en 1512, sin ir más lejos.

Sin embargo, Navarra tiene su propia identidad, su propia realidad y su propia historia y no necesita sumarse a otra comunidad ni a ningún invento para ello.

La inmensa mayoría de navarros se sienten perfectamente identificados con la realidad institucional de Navarra, integrada de forma singular y diferenciada en España (y en Europa) y, como reza el artículo 1 del Amejoramiento del Fuero, “solidaria con todos sus pueblos”. No necesitamos la tutela de Euskadi.

Ahora, ante el lógico jaleo montado, la delegación del PNV en Navarra se ha apresurado a decir que “Navarra será lo que quieran los Navarros”, aunque por si acaso los navarros quieren otra cosa, los planes los elaboran en Vizcaya y los aprueban en el Parlamento de Vitoria y como parte del Estatuto de Euskadi, como si esta tierra no tuviera sus instituciones, no eligiera a sus parlamentarios o no existiera el Amejoramiento del Fuero.

La principal novedad, y lo realmente grave, es que para hacer frente al enésimo ataque colonialista del nacionalismo vasco, no se puede contar ya con el Gobierno de Navarra. “El Gobierno no hace una valoración”, respondió su portavoz ayer a preguntas de los periodistas.

¿Alguien creía, de verdad, que Barkos, Hualde, Solana o Ayerdi iban a llevar la contraria a sus jefes de Bilbao?

Al contrario, como también dijo Ortuzar hace apenas un mes, en realidad, para lo que trabaja el Gobierno de Navarra es para “la construcción nacional vasca”. Ante semejante confesión, poco más se puede añadir.

 

¿Qué hacemos con el río?

Me voy a poner en plan ‘voz en off’ de documental de ‘La 2’ y voy empezar este artículo con el manido “desde el inicio de los tiempos, las sucesivas civilizaciones han buscado asentarse cerca de las orillas de los ríos”.

En Pamplona somos tan afortunados que contamos con tres: Arga, Sadar y Elorz, a los que la candidata de Aranzadi/Podemos sumó el Ega en una de sus entrevistas durante la campaña electoral de 2015. Quién hubiera dicho que desde entonces no iban a hacer otra cosa que empeorar.

Durante los años ochenta (a partir del Plan General de 1984), la ciudad volvió su mirada al río. Desde entonces, se han invertido decenas de millones de euros (muchos hábilmente obtenidos de fondos europeos) en intervenciones en la recuperación de las orillas y de su cauce y en la construcción de un largo paseo de 17 kilómetros que, a la sombra de las murallas y jalonado por parques y pasarelas, es uno de los mayores tesoros de nuestra ciudad.

En paralelo, se ha hecho lo posible por minimizar el efecto de sus crecidas, con distintas actuaciones, facilitando que se inunden parques como el bosque de Aranzadi, en lugar de áreas habitadas.

Sin embargo, esta evolución que había implicado a ayuntamientos de colores diversos a lo largo de distintas legislaturas ha sufrido, como tantas otras cosas, un frenazo en seco este mandato.

Algo se barruntaba cuando ante las peticiones en el Ayuntamiento de estudios específicos sobre la Magdalena, los concejales de Asirón respondían con unos regates que para sí los quisieran Messi, Ronaldo o el mismísimo Sebas Coris.

Así, entre bicicletas, fintas y demás quiebros, llegamos a febrero, cuando el cuatripartito presentó un estudio, encargado a dedo, por supuesto, por el máximo exacto que permite la ley. Otro más.

Bajo el aparente buenismo con el que habitualmente dictan sentencia, el nuevo plan fluvial propone dar vía libre al río, entendiendo su relación con la ciudad como un problema y no una oportunidad. Nada de medidas contra las inundaciones en Magdalena, por ejemplo, sino una nueva trinidad: “asegurar, indemnizar y educar”.

Nada de retirar maleza de puentes, pasarelas y orillas, porque es bueno para la fauna.

Y nada de azudes, ni presas, aunque sean del siglo XIII, como el de Santa Engracia (Rochapea), que permitan que incluso durante el estiaje el Arga mantenga el caudal necesario para poder disfrutarlo. Así está, abandonado a su suerte y a merced del río desde hace meses.

La propuesta del cuatripartito avanza incluso que a medio plazo el Club Natación debería retranquearse 100 metros. Tal cual. No sé de dónde sacarían esa distancia que, para entendernos, es todo un señor campo de fútbol.

El propio paseo del Arga es un elemento extraño que ponen bajo sospecha.

Nada tampoco de actividades que acerquen el río a las familias, por ejemplo, para fomentar su amor por él. Seré un ingenuo pero siempre he creído que la mejor manera de promocionar el ecologismo (el de verdad, no el de salón) es haciendo que los más pequeños conozcan su entorno aprendiendo a disfrutarlo con respeto. Nadie ama, y por tanto nadie cuida, lo que no conoce.

Una vez más, igual que con la amabilización, igual que en Pío XII, Asirón demuestra una inusitada capacidad para crear un problema donde no lo había. Una vez más, cuatro años perdidos.

 

¿Por qué no funciona la amabilización?

El cuatripartito de Asirón impuso en septiembre una serie de cambios de tráfico que, como todo el mundo sabe, han impermeabilizado el centro de la Pamplona. El objetivo era loable: reducir el uso del vehículo privado y fomentar otras formas de transporte. Los medios utilizados y el resultado, un desastre.

Andan estas semanas los concejales de Asirón intentando parchear el desaguisado. Han presentado una app que falla más que una escopeta de feria; pintando y despintado líneas de aparcamiento en hasta 4 colores diferentes; inaugurado un aparcamiento de 180 plazas en Trinitarios para paliar el descenso de miles de personas que acceden a pasear y comprar en el Casco y el I Ensanche y gastando casi 55.000 euros en propaganda.

Cincuenta y cinco mil. Lo mismo que lo presupuestado para todas las acciones recogidas en el Plan Estratégico de Comercio para todo 2018, gastado en folletos y anuncios de prensa, radio e internet con los que convencernos de que todos estamos equivocados, que la amabilización es una maravilla y que nuestros ojos nos engañan cuando vemos el Casco medio vacío día sí y día también.

Mientras tanto, siguen sin abordarse los pecados de nacimiento de un plan que se implantó sin el estudio ni el consenso necesarios.

Es cierto que cada vez más ciudades intentan ganar espacios para el peatón a costa del coche, como lo hizo Pamplona en las dos últimas décadas. De hecho, la tesis doctoral del arquitecto Héctor Machín Gil, una de las pocas sobre esta materia, señala a Pamplona como el ejemplo perfecto de este tipo de prácticas entre las 22 ciudades españolas analizadas.

Este trabajo recoge que “en un periodo de 18 años se peatonaliza un total de 21,5 hectáreas, con casi un 90% reurbanizado, equivalente a 13 kilómetros de calles peatonales, con el caso histórico un 75% peatonal. Se construyen además 10 elementos de paso repartidos por la ciudad, en su mayoría en forma de ascensores urbanos”.

Además, destaca que “Pamplona tiene la mayor superficie y kilómetros peatonales, su área supera en un 40% a San Sebastián y en un 25% a Burgos. Su casco histórico peatonal, con un 80% reurbanizado, es casi 2,5 veces mayor que el de su ensanche, totalmente adaptado al peatón”.

Todo ello siguiendo lo que califica como fórmula “win-win”, incorporando aparcamiento subterráneo y plaza o eje peatonal en superficie.

Ahora, con cierto retraso respecto a nuestra ciudad, algunas capitales han implantado las llamadas supermanzanas para lograr este objetivo: células urbanas, con aparcamientos en sus extremos y fácil acceso en transporte público, formadas por varias manzanas que conforman un espacio cerrado de unos 400×400 metros, un tamaño que permite vivirlas a pié y alcanzar sin problemas, por ejemplo, cualquier comercio instalado en su interior.

La supermanzana de Pamplona mide 1200×900 metros. Es la madre de todas las supermanzanas. La supermanzana reina.

Estas dimensiones dificultan, lógicamente, que una persona se sienta atraída a cruzarla a andando para acceder al comercio deseado, por ejemplo. Han creado una isla. Eso, sin contar las propias dificultades orográficas que presenta nuestro Casco Antiguo para su acceso desde los barrios del norte.

Es una cuestión puramente técnica, que sin embargo el cuatripartito no tuvo en cuenta. Simplemente cerraron el tráfico y no plantearon ninguna medida paliativa. Ni mejoraron el transporte público, ni construyeron aparcamientos en sus extremos y ni siquiera facilitaron su acceso en bici. Pusieron cuatro señales (ni quitaron las anteriores), plantaron 4 cámaras y ‘et voilà’.

Además, declararon proscrito al coche, sin mejorar el espacio urbano para el peatón, como sí ocurrió en las peatonalizaciones que ahora defienden y a las que en su tiempo se opusieron radicalmente. Ahora, incluso, hasta a José Abaurea (Bildu) le gusta el parking de la Plaza del Castillo. Ver para creer.

Sin embargo, una vez constatado el desastre, probado que a día de hoy visitan el centro menos personas que hace un año y que muchas menos consumen en su comercio, en lugar de demostrar cierta valentía política y reconocer el error, abriendo algunas de las calles cortadas como Padre Moret, se dedican a parchear la situación.

Y mientras, el comercio languidece sin que quienes nos gobiernan ikurriña en mano, se den cuenta de que es él quien amabiliza la ciudad, no los bolardos y las señales de prohibido el paso.

 

¿Una transición con los de ahora?

La historia de nuestro país en el último siglo no anda precisamente sobrada de momentos y personajes de los que sentirnos orgullosos. Por eso se entiende todavía menos el empeño de los nacionalistas y de las marcas de Podemos de cargar contra la Transición, un episodio casi milagroso en un país de perenne tradición cainita y acostumbrado a desangrarse entre el odio y la envidia.

A veces me gusta torturarme e imaginar qué hubiera pasado si en lugar de los políticos que lideraron España tras la muerte de Franco hubieran sido los Iglesias, Sánchez y compañía quienes guiaran aquel barco. Escalofrío.

No me imagino a ninguno de los actuales líderes con el valor y la personalidad suficientes como para ser capaces de negociar y ceder tanto como entregaron unos y otros entonces, sabiendo que se jugaban caminar hacia el futuro o volver a repetir las desgracias del pasado.

Y sin embargo, en 2018, desde sus tranquilos y mediáticos púlpitos se atreven a cuestionar las decisiones y el compromiso que guiaron a los padres de la democracia. Todo vale a los nacionalistas (que tanto ganaron entonces) para atacar a España. Todo sirve al populismo para desmontar piedra a piedra nuestro sistema democrático y social para instalar la ley de la masa manipulada.

Volvió a ocurrir en el último Pleno del Ayuntamiento de Pamplona cuando Bildu, Geroa Bai, IE y Aranzadi volvieron a unir sus fuerzas para exigir la derogación de la Ley de Amnistía de 1977, uno de los pilares de aquella modélica transición que sirvió para desterrar aquello de las dos Españas. Tema, por otra parte, de evidente interés municipal, como todos los que proponen.

“Yo creo que este acto, esta intervención, esta propuesta nuestra será sin duda para mí el mejor recuerdo que guardaré toda mi vida de este Parlamento”, dijo en 1977 Marcelino Camacho. “Y se quedaron tan panchos”, dijo el viernes el portavoz de Aranzadi, dando lecciones a todos los partidos de la época, a 40 años vista y desde el tranquilo mirador de una democracia consolidada.

Tratan ahora de confundir amnistía con amnesia, haciendo ver que fue una ley de las élites franquistas para librarse de los crímenes que podían haber cometido. Nada más lejos de la realidad. La ley se aprobó con un inmenso consenso, sin votos en contra y con las únicas abstenciones de Alianza Popular, un diputado de Euskadiko Ezkerra y otro de un partido aragonesista. Es decir, una ley promovida precisamente desde la oposición al franquismo.

Olvidan, además, que de ella también se beneficiaron terroristas de ETA, del FRAP o el Grapo, porque piden derogarla para poder juzgar los crímenes franquistas. ¿Y los de estos? ¿Proponen una justicia selectiva?

La respuesta etarra a la ley de Aministía fue, por cierto, asesinar al día siguiente al presidente de la Diputación de Vizcaya y a sus escoltas y, apenas diez más tarde, matar por primera vez en Navarra, acabando con la vida de Joaquín Imaz junto a la Plaza de Toros.

Además, tanto esta iniciativa como las cacareadas querellas contra los crímenes de la dictadura  promovidas por estos grupos políticos no tienen efecto legal alguno, puesto que la propia Constitución impide aplicar retroactivamente las modificaciones no favorables. Y por mucho que en 2003 se decidiera que los crímenes de lesa humanidad no prescriben, el Tribunal Supremo ya dejó claro que ello sólo se aplicaría para los cometidos a partir de esa fecha. Por tanto, todo es postureo y política de salón que sólo busca propaganda y tuits baratillos, y que nada tiene que ver con el legítimo derecho de los familiares de fusilados de saber dónde están enterrados sus padres, sus abuelos o sus hermanos para poder honrarlos y darles sepultura digna.

Hoy, 40 años después del nacimiento de la Constitución, nuestro sistema necesita de cambios profundos y nuestra Carta Magna de una actualización a la realidad política y social actual.

Sin embargo miro alrededor y en vez de Suárez, Camachos y Peces Barbas, sólo veo políticos sin proyecto de país, empeñados en incidir en lo que nos separa y en aprovecharse a golpe de tuit del odio y el cinismo, que obviamente dan votos rápida y muy fácilmente, pero dividen y generan tensiones que nunca sabes cómo pueden acabar.

Y, escalofrío.

 

Fascismo contra UPN

Ayer por la mañana, mis compañeros de UPN en Orkoien se despertaron con la noticia de que los de siempre habían atacado con pintadas su sede: varias esvásticas hechas con un spray y una amenaza evidente: “El fascismo se cura matando”.

UPN tiene en Orkoien dos concejales y un activo Comité Local que crece año a año con gente con ganas de trabajar por su pueblo. El pasado mes de junio inauguraron sede.

Esta legislatura han peleado como nadie por una conexión peatonal con Pamplona que evite cruzar una carretera (la PA-30) con tráfico intenso y sin ningún paso habilitado. La única respuesta que han recibido han sido largas cambiadas, verónicas y chicuelinas por parte del gobierno de Navarra de Geroa Bai, Bildu, IE y Podemos, que tiene, por ejemplo, 630.000 euros para medios de comunicación editados en euskera, pero ni un duro para evitar que los casi 4.000 vecinos de Orkoien, lleguen a Pamplona a pié sin jugarse la vida. Pero ellos siguen insistiendo.

A este tipo de cosas se dedican en Orkoien nuestros compañeros. Gente del pueblo trabajando por su pueblo y por las demandas de sus vecinos; por las cosas “pequeñas” como esa pasarela y las grandes, como la libertad y la igualdad de oportunidades de todos. Esos, además de militar bajo las siglas de UPN, han sido sus crímenes.

Sin embargo, ayer amanecieron con el desagradable ataque del fascismo más rancio de toda Europa.

En esta tierra, aunque a algunos les interese hacer creer que de la noche a la mañana se han borrado el autoritarismo de los matones, sigue faltando un largo recorrido hasta vivir en una auténtica libertad.

Se sigue persiguiendo a las personas que deciden dedicar parte de su tiempo a la actividad política bajo siglas no nacionalistas; fumigando con miedo la posibilidad de implicarse en determinados pueblos y queriendo dejar por tanto huérfanos de representación a miles de navarros.

Esta mafia debería sentirse aislada social y políticamente, pero, sin embargo, demasiadas veces no es así.

Sus acciones, su propia existencia, es la consecuencia lógica de la repetición machacona de discursos que deshumanizan al rival político, que tratan de convertirlo a ojos de los fieles en enemigo del pueblo, de la clase o, incluso, de la cultura propia. Son la última derivada de un quehacer político que prefiere la descalificación y el sectarismo al debate y a la confrontación de ideas y proyectos.

Cuando tildas constantemente a todo un partido de franquista, cuando les acusas de fomentar ataques de ultraderecha, de tener fobia a parte de nuestra cultura solo por no compartir imposiciones ni privilegios, de ser su enemigo; cuando repartes abrazos entre los que les acosan e insultan subiendo Curia cada 7 de julio; o acusas a modestos comerciantes de ser parte de no sé qué régimen estás abonando este tipo de comportamientos.

Y cuando además te niegas a condenar ataques como el de Orkoien o el sufrido por un concejal en un pueblo de 235 habitantes como Atez o reduces el odio visceral a una pelea de bar, te manifiestas por los agresores y no te acuerdas ni medio minuto de las víctimas, estás amparando toda esa furia injusta.

Todo ha sucedido en esta legislatura. Y lo mismo comienza a suceder en la “moderna” Cataluña. Volvemos a esos tiempos en los que algunos minimizaban la violencia, como cuando Arzallus se refería a la Kale Borroka casi con cariño como “los chicos de la gasolina”.  

En Navarra vivimos en los últimos meses un rebrote de este tipo fascismo, que me niego a calificar de baja intensidad. Quienes nunca lo han rechazado ocupan hoy el poder en muchos de nuestros pueblos y ciudades y la presión ya no es contra los gobiernos, sino contra quienes osan molestarles o criticarles.

Por eso, es más importante que nunca una respuesta contundente y cívica de la sociedad, que ampare a las víctimas y destierre a los violentos. De las instituciones, al menos hasta 2019, no podemos esperar nada, salvo buenas falsas palabras .