Intervención sobre el cambio de nombre de la Avenida del Ejército (10 de enero de 2019)

A veces es difícil explicar cosas que son realmente obvias.

Vamos a ver si lo consigo.

Normalmente un alcalde le pone nombre a las cosas que hace. Urbaniza una plaza, le pone nombre. Construye una avenida, le pone nombre. Hace un parque, le pone nombre.

Así, poco a poco la ciudad va creciendo y su callejero es el reflejo de su propia trayectoria histórica.

Aquí no.

Aquí sufrimos a un alcalde que ha dirigido una legislatura absolutamente perdida para Pamplona. Un alcalde que ha pasado el tiempo más preocupado por descolgar cuadros, cambiar lámparas, imponer banderas y jugar a las cuatro esquinas con los símbolos nacionales que por Gobernar y hacer que la ciudad avance.

Así, como no podía ser de otra manera, nos encontramos en el final de la legislatura y seguimos viendo cómo saca pecho de lo que va a hacer, no de lo que ha hecho. Cosa que por otra parte sería como digo ciertamente complicado.

Nuestro ínclito alcalde dedica el tiempo que le deja libre el interiorismo identitario a cambiar el nombre de lo que ya existe.

Para que parezca que hace un parque, le cambia el nombre a uno, como en Lezkairu.

Para que parezca que ha hecho una plaza, le cambia el nombre a una, como en la Txantrea.

Para que parezca que ha contribuido en algo a la rehabilitación de las murallas, le pone nombre al paseo que lo corona.

Y montan inauguraciones y todo el monario. ¡Con un par!

Y ya se viene arriba y le cambia el nombre a una avenida construida hace 40 años. Y como el del paseo, se lo habían eliminado los tribunales, aprovecha y le pone el nombre a la calle.

Así, de paso se marca un gesto anti español que fijo que se gana el aplauso de su amigo Otegui. Y así, entre cuadros, banderas y otros menesteres pasa el tiempo, hasta mayo el señor Asirón…

Una gran contribución para Pamplona y un gran servicio a los pamploneses, sí señor.

Se le ocurrió decir a Geroa Bai que lo de la avenida era para visualizar el papel de la mujer en la ciudad. Se dicen a sí mismos “el cerebro del cuatripartito”. Humildes ellos.

Deben pensar que ya no el cuatripartito, que el resto del planeta somos imbéciles!! Que los pamploneses, específicamente son tontos, deben creer.

Esto no tiene nada que ver con dar visibilidad a las mujeres. Seamos serios!

Esto va de fobias, de obsesiones, de sectarismo: de sus manías.

Esto va de su odio a España y a todos los que nos sentimos españoles; navarros y españoles.

Nada más.

Ejército… Uh, español! Fuera!!

Eso sí, luego por favor que venga corriendo la UME si se nos quema el monte.

Y no voy a meterme en que si esta reina sí y otra no, porque me repugna sinceramente esa reedición que algunos pretenden en Pleno Siglo XXI de la Navarra de agramonteses y beaumontes, la división entre buenos y malos navarros a 500 años vista.

Solo diré que tiene guasa ese arranque de monarquismo de Bildu, de Geroa y del Sr. alcalde, tan republicanos todos ellos, pero que a la primera que tienen oportunidad van y le plantan una calle a una reina.

Y lo hace además, porque por ser alcalde el sr. Asirón se cree dueño de la ciudad. Del presente y también del pasado de la ciudad, y como quien en el salón de su casa quita o pone un jarrón, el señor Asirón juega con el callejero y pone y quita calles olvidando que Pamplona no le pertenece.

Es puro sectarismo y puro engreimiento.

Pueril vanidad.

La Avenida del Ejército tiene nombre. Tiene un nombre consolidado en la ciudad que no ha generado polémica alguna. De hecho, en los años que yo he estado en este Salón de Plenos no he visto jamás una moción para cambiar su nombre.

Es una alcaldada. Una ocurrencia de alguien que debe aburrirse en la vacuidad de su legislatura y al que no le queda otra cosa que gestos de puro populismo nacionalista como este.

Por tanto, no puedo, señores de Aranzadi apoyar su declaración.

También porque la igualdad ya tiene un espacio en esta ciudad, una plaza en Lezkairu, que la puso UPN, que es quién desarrolló el barrio y urbanizó la plaza. No nos hizo falta ponérsela a ningún espacio ya consolidado, porque nosotros sí hacíamos cosas, sabe usted.

Y, además, porque eliminar, sin que medie ofensa, todas las calles con nombres religiosos o militares, o los que simplemente no les gustan, de nuestro callejero es eliminar parte de la historia de nuestra ciudad. ¿Borramos San Nicolás, por ejemplo? Según su declaración, sí. Nada importan siglos de historia. A los tres señores de Aranzadi no les gusta. Y ya está.

Miren la historia no es un self service en el que uno elige lo que le mola y tira lo que no le gusta. La historia, con sus partes buenas y sus partes malas, las que nos gustan más y las que nos gustan menos, es la que es y es la que ha dado forma a la ciudad que hoy disfrutamos.

 

Intervención contra la abolición de la Monarquía Parlamentaria (Pleno 5/11/18)

fb_img_1541445198275944062162862959033.jpgHe de reconocer que me siento sinceramente abochornado después de presenciar con qué frivolidad y postureo se puede debatir sobre un asunto tan capital, tan vital, como la forma de Estado de nuestro país, aquí en un Pleno municipal. Uno de los pilares de cualquier estado, el primer artículo de nuestra constitución, ni más ni menos.

Por eso, es sinceramente lamentable comprobar cómo se juguetea con asuntos de calado en mociones que no son otra cosa que un capítulo más de ese vodevil sobre sus fobias y sus obsesiones en que han convertido la política municipal esta legislatura.

Esta declaración, igual que sus intervenciones, es la prueba del algodón del teatrillo que para ustedes es la política; del egoísmo desde el que la conciben; del nulo beneficio que de ella obtienen los pamploneses.

Porque eso es todo lo que buscan, el titular, su titular. Eso es lo que les importa, su medallita. Salir de aquí y poder decir, fijate la que le hemos liado al Borbón…

¿y?

Desde esa nadería, plantan aquí una de esas mociones en serie que llega prefabricada desde madrid, intentando adelantarse así a sus ex socios que, por cierto y como no podía ser de otra manera, que diría Barkos, también lo habían anunciado en las redes sociales.

Porque, es evidente: ¿cómo no iba a estar Bildu en contra de la Monarquía Parlamentaria como forma de Estado, que recoge el artículo primero de nuestra constitución?

Es que Bildu, está en contra de ese y de los 168 siguientes, de la Constitución entera; Bildu está en contra del Estado Español y, obviamente, no cree que la soberanía nacional resida en el pueblo español.

Para Batasuna, la soberanía nacional ni siquiera reside en el pueblo vasco, sino únicamente en los vascos que piensan como ellos.

Por eso no les parece mal que se haya estado silenciando al resto a base de plomo y de goma 2 durante 50 años.

Aunque eso sí, he de reconocer al mundo de batasuna que es cierto que han dado pasos.

Antes amparaban la eliminación física del monarca, no la condenaban, y ahora, al menos en público, apoyan la eliminación de la institución. Juan José Rego Vidal, en el 95; Kepa Arronategi, en el 97; Javier Pérez Aldunate, en 2004. Seguro que alguno les suena, verdad, Sra. Perales?

Estos son sus compañeros de viaje para definir el modelo de Estado, señora Eguino. Los que quieren dinamitarlo.

En cualquier caso, poco debe importarle a su partido semejante mochila, es cierto, porque en la derogación del delito de injurias a la Corona, que reivindica en la declaración, añaden también la eliminación del delito de enaltecimiento del terrorismo.

Muy significativo. Y muy cobarde. Y muy ruín.

Y muy duro y muy injusto, sobre todo cuando la pasada semana Covite puso cifra a los homenajes a etarras que se han producido en nuestra tierra sin que todavía se haya cerrado el año. 52.

52 homenajes por matar, 52 homenajes por secuestrar, por coaccionar, por chantajear…

Y eso, existiendo ese delito de enaltecimiento del terrorismo. Imagine usted, señora Eguino, si prosperase la iniciativa de su partido, que quiero creer que no es la suya, por dónde querrían algunos arrastrar la dignidad y la memoria de las víctimas.

Todo ello al rebufo de los pirómanos del polvorín catalán, indignados ellos, y parece que ustedes, con el discurso que pronunció el rey hace poco más de un año.

¿Qué esperaban del jefe del Estado, sino que defendiera precisamente al Estado frente a los golpistas?

fb_img_15414451940843085955813495984500.jpgAquel día, Felipe VI, igual que Juan Carlos I hace más de 35 años, se puso al frente de este país, del Estado que constituímos todos los españoles y defendió la Constitución, que es lo mismo que defender la democracia, ante quienes intentaron saltársela, es decir, ante quienes pretendieron vulnerar los derechos de todos los españoles.

Y no rechazó el catalanismo, ni siquiera el separatismo… sino que les indicó a Puigdemont y compañía la ventanilla donde solicitar su soñada república del 3%, que no es otra que la de la ley y la democracia, la de los cauces que recoge la propia constitución.

Es decir, hizo su trabajo, cumplió con su obligación y arropó a millones de ciudadanos, que hasta ese día habían encontrado al Estado huérfano de respuesta ante el desafío secesionista.

¿Por eso, qué opinión iban a tener de él quienes quieren romper con la ley y con los derechos de cuarenta millones de españoles?

Pues supongo que la misma que tenían antes…

Porque esa pose de falsos indignados es parte de esa farsa pueril que es cualquier nacionalismo, supremacista y excluyente.

Miren, España es una monarquía parlamentaria porque así lo han decidido los españoles.

Porque así lo han decidido los españoles, repito.

Y hay que reformar la Constitución, sí. Hay que actualizar algunos de sus puntos sí. Pero desde una voluntad de consenso, de avanzar juntos, de mejorar este país sin generar tensiones innecesarias… no desde la única intención de obtener réditos partidistas, de apuntarse un puntito a cortísimo plazo.

Por eso, que aquí 14 concejales decidan y voten la abolición de la monarquía, el cambio del modelo de Estado, el artículo 1 de la Constitución, así a las bravas y en un divisorio 14 votos contra 13, no es otra cosa que un paso más en este pueril sainete en que quieren convertir la política municipal y en el que desde luego no solo no vamos a participar, sino al que nos vamos a oponer tajantemente.