A veces es difícil explicar cosas que son realmente obvias.
Vamos a ver si lo consigo.
Normalmente un alcalde le pone nombre a las cosas que hace. Urbaniza una plaza, le pone nombre. Construye una avenida, le pone nombre. Hace un parque, le pone nombre.
Así, poco a poco la ciudad va creciendo y su callejero es el reflejo de su propia trayectoria histórica.
Aquí no.
Aquí sufrimos a un alcalde que ha dirigido una legislatura absolutamente perdida para Pamplona. Un alcalde que ha pasado el tiempo más preocupado por descolgar cuadros, cambiar lámparas, imponer banderas y jugar a las cuatro esquinas con los símbolos nacionales que por Gobernar y hacer que la ciudad avance.
Así, como no podía ser de otra manera, nos encontramos en el final de la legislatura y seguimos viendo cómo saca pecho de lo que va a hacer, no de lo que ha hecho. Cosa que por otra parte sería como digo ciertamente complicado.
Nuestro ínclito alcalde dedica el tiempo que le deja libre el interiorismo identitario a cambiar el nombre de lo que ya existe.
Para que parezca que hace un parque, le cambia el nombre a uno, como en Lezkairu.
Para que parezca que ha hecho una plaza, le cambia el nombre a una, como en la Txantrea.
Para que parezca que ha contribuido en algo a la rehabilitación de las murallas, le pone nombre al paseo que lo corona.
Y montan inauguraciones y todo el monario. ¡Con un par!
Y ya se viene arriba y le cambia el nombre a una avenida construida hace 40 años. Y como el del paseo, se lo habían eliminado los tribunales, aprovecha y le pone el nombre a la calle.
Así, de paso se marca un gesto anti español que fijo que se gana el aplauso de su amigo Otegui. Y así, entre cuadros, banderas y otros menesteres pasa el tiempo, hasta mayo el señor Asirón…
Una gran contribución para Pamplona y un gran servicio a los pamploneses, sí señor.
Se le ocurrió decir a Geroa Bai que lo de la avenida era para visualizar el papel de la mujer en la ciudad. Se dicen a sí mismos “el cerebro del cuatripartito”. Humildes ellos.
Deben pensar que ya no el cuatripartito, que el resto del planeta somos imbéciles!! Que los pamploneses, específicamente son tontos, deben creer.
Esto no tiene nada que ver con dar visibilidad a las mujeres. Seamos serios!
Esto va de fobias, de obsesiones, de sectarismo: de sus manías.
Esto va de su odio a España y a todos los que nos sentimos españoles; navarros y españoles.
Nada más.
Ejército… Uh, español! Fuera!!
Eso sí, luego por favor que venga corriendo la UME si se nos quema el monte.
Y no voy a meterme en que si esta reina sí y otra no, porque me repugna sinceramente esa reedición que algunos pretenden en Pleno Siglo XXI de la Navarra de agramonteses y beaumontes, la división entre buenos y malos navarros a 500 años vista.
Solo diré que tiene guasa ese arranque de monarquismo de Bildu, de Geroa y del Sr. alcalde, tan republicanos todos ellos, pero que a la primera que tienen oportunidad van y le plantan una calle a una reina.
Y lo hace además, porque por ser alcalde el sr. Asirón se cree dueño de la ciudad. Del presente y también del pasado de la ciudad, y como quien en el salón de su casa quita o pone un jarrón, el señor Asirón juega con el callejero y pone y quita calles olvidando que Pamplona no le pertenece.
Es puro sectarismo y puro engreimiento.
Pueril vanidad.
La Avenida del Ejército tiene nombre. Tiene un nombre consolidado en la ciudad que no ha generado polémica alguna. De hecho, en los años que yo he estado en este Salón de Plenos no he visto jamás una moción para cambiar su nombre.
Es una alcaldada. Una ocurrencia de alguien que debe aburrirse en la vacuidad de su legislatura y al que no le queda otra cosa que gestos de puro populismo nacionalista como este.
Por tanto, no puedo, señores de Aranzadi apoyar su declaración.
También porque la igualdad ya tiene un espacio en esta ciudad, una plaza en Lezkairu, que la puso UPN, que es quién desarrolló el barrio y urbanizó la plaza. No nos hizo falta ponérsela a ningún espacio ya consolidado, porque nosotros sí hacíamos cosas, sabe usted.
Y, además, porque eliminar, sin que medie ofensa, todas las calles con nombres religiosos o militares, o los que simplemente no les gustan, de nuestro callejero es eliminar parte de la historia de nuestra ciudad. ¿Borramos San Nicolás, por ejemplo? Según su declaración, sí. Nada importan siglos de historia. A los tres señores de Aranzadi no les gusta. Y ya está.
Miren la historia no es un self service en el que uno elige lo que le mola y tira lo que no le gusta. La historia, con sus partes buenas y sus partes malas, las que nos gustan más y las que nos gustan menos, es la que es y es la que ha dado forma a la ciudad que hoy disfrutamos.