Esta vez no escribo estas líneas
como concejal, ni siquiera como miembro de UPN. Las escribo como padre de
Sofía.
Sofía es una niña maravillosa,
feliz y sonriente como deberían poder ser todos los niños. Le encanta correr,
cantar, saltar, jugar… nos agota cada día de la manera más maravillosa posible.
Es bromista y la niña más inteligente del mundo, como
seguro pensamos todos los padres de nuestros hijos, especialmente los que somos
primerizos y creemos ver en cada gesto un destello de genialidad.
Nació el 19 de febrero de 2013,
por lo que entre el 15 y el 19 de este mes la matricularemos para que comience
su etapa escolar. El cole de mayores, como le decimos.
Por eso, a la evidente
preocupación que como ciudadano y cargo público siento por la obsesión de
Barkos contra la educación en inglés, debo sumar la desazón que me produce como
padre su campaña contra el PAI, contra la enseñanza en inglés.
Me gustaría que Sofía pudiera
estudiar en una educación moderna con vocación de excelencia en la que
desarrollar todas sus capacidades y no en el campo de batalla político en el
que sus decisiones unilaterales la han convertido. Me produce una lástima
infinita que mi hija inicie su camino escolar en una educación que pretende
declarar proscrito al inglés, como algunos declaraban subversivos y peligrosos
algunos libros para sus naciones.
Quiero que mi hija pueda aprender
inglés, no sólo por las posibilidades laborales que este idioma aporta, sino
porque supone una verdadera puerta abierta al conocimiento de realidades y
culturas distintas, porque además de formarle, le va a ayudar a ser una persona
más abierta y tolerante.
No entiendo sus constantes
ataques al PAI, porque suponen un insulto no sólo a los docentes que lo
desarrollan, sino también a los miles de padres que han matriculado a sus hijos
(a lo más importante de sus vidas) en este programa y a todos aquellos que queremos
hacerlo. ¿Se cree que estamos locos o simplemente se estiman Mendoza y Barkos
más inteligentes que todos nosotros? Creo que ni una cosa ni la otra, creo que
lo que se esconde detrás de este desmontaje a marchas forzadas de la enseñanza
en inglés es simplemente una miserable estrategia política.
Por eso a la preocupación por
elegir el mejor centro posible, se suma mi inquietud por el sistema educativo
en el que se van escolarizar mis hijos durante los próximos años (porque dentro
de dos, le tocará también a Gonzalo) y el miedo a su sectarismo.
Al contrario de lo que Barkos y
sus socios nos plantean, quiero para Sofía y Gonzalo una educación abierta que
le dé todas las herramientas para ser libre y responsable , que le llene la
mochila para poder elegir el camino que ella quiera el día de mañana.
Quiero inglés y no quiero tener
que vender un riñón para conseguirlo mandándole a Irlanda como la presidenta.
De hecho, quiero poder elegir euskera, inglés o francés, alemán o chino… pero
quiero poder elegirlo, sin imposiciones.
Quiero libertad para poder elegir
el centro que quiera, sin que haya opciones de ricos y opciones de pobres
(aunque con su subida de impuestos casi todos vayamos a ser un poco más
pobres).
Me gustaría una educación que
permita a mi hija explorar y aprovechar todas sus capacidades, que seguro serán
distintas al niño que tendrá en el pupitre de al lado, sin que eso signifique que
uno es mejor que otro. Aspiro para Sofía, en definitiva, a una formación que no
le haga igual a ese niño, sino que le enseñe a ser ella misma y a disfrutar con
quien es diferente.
Y quiero también que mi hija
aprenda y sepa a apreciar las tradiciones de su tierra, pero también a observar
con curiosidad otras culturas, sin considerar una mejor que otra simplemente
porque sea propia.
Sé que esos valores los hemos de
sembrar en casa, pero es inevitable que se promocionen también en el colegio al
que vaya.
Desde luego, tengo claro que no
quiero que le hagan encuestas preguntándole si se siente vasca, si cree que
para sentirse vasca hace falta saber euskera o si es mejor aprender euskera que
inglés, como hemos conocido que ahora se hacen en nuestra tierra sin que a
nadie en el Gobierno le parezca mal.
Por eso me asusta cuando, después
de escuchar a Barkos decir en su toma de posesión que la educación sería su
obsesión, veo qué ha hecho en estos meses en la materia. Se han esforzado más
en detener y paralizar desde la imposición que en mejorar y encima ahora
reconocen que la “moratoria” va a ser
para tres años, es decir, va a ser paralización.
En Pamplona una concejal de
Aranzadi (Podemos) nos alertaba en un debate de “los riesgos” (sic) del PAI,
pero créanme, las familias que deseamos matricular a nuestros hijos en el PAI no
estamos locos.
Respeten la libertad de los
padres y el buen trabajo de los centros y sus docentes; no detengan la
enseñanza en inglés, mejórenla, y trabajen para que los niños estén más
preparados y aprovechen todo su potencial… no para sus obsesiones.
C�e)F