El camino hasta la libertad

Pasados unos días después del anuncio de “cese definitivo de la violencia”,  hemos comenzado ya a observar movimientos políticos que ni siquiera dejaron pasar el fin de semana para actualizar posiciones y ponerse los primeros no ya en la línea de salida, sino en una hipotética meta. Quieren poner el carro antes que los bueyes una vez más.

Sin que ETA se haya disuelto, sin que haya entregado las armas, sin que haya pedido perdón a las víctimas, ni haya mostrado el más mínimo arrepentimiento (más bien todo lo contrario)… parece abierto un debate que no debería haberse abierto: el de las consecuencias políticas.

El anuncio de cese definitivo es una buena noticia, pero no es más que el posible principio del final.  Ante él, no debemos variar las posiciones que han conseguido que ETA haya tenido que dar este paso, ni la firmeza con la que las hemos defendido. No debemos salirnos de los márgenes de la Ley.

ETA no puede obtener por dejar de matar lo que no ha obtenido matando y cualquier premio sería una traición a la postura mantenida durante tantos años de sufrimiento.

Si la lealtad a las víctimas del terrorismo ha sido nuestra guía durante estos años, así debe seguir. Cualquier otra postura sería una traición con mayúsculas a la memoria de todos los que pagaron con su vida la firmeza frente a los terroristas.

Si durante estos años nos hemos negado a debatir fuera de las instituciones que los ciudadanos sostienen y legitiman con sus votos… no podemos ahora abrir mesas paralelas en las que se discuta el futuro de nuestra tierra.

Si durante estos años de asesinatos y violencia hemos defendido la identidad foral de Navarra frente a los intereses nacionalistas, debemos seguir defendiéndola como comunidad diferenciada integrada en España.

Se abre una etapa en la que será necesario explicar muy bien cada posición.  Habrá a quien le interese vender que “no queremos la paz”, que “somos inmovilistas” e incluso infamias como que “nos interesa que ETA continúe su actividad”. ¿Cómo no va a querer la libertad quien tiene su vida mediatizada por la presencia de escoltas, quien tiene que mirar cada mañana debajo del coche y suspirar una vez ha arrancado sin explotar? ¿Cómo no va a querer el fin de ETA quien ha sufrido el asesinato de su padre, de su hermana, de su hija o de su esposo…?

Venimos ya soportando esas infamias desde hace años… y supongo que ahora aumentarán porque la injuria es su única arma contra la coherencia.

Nos queda como sociedad un largo camino hasta que podamos hablar de libertad en mayúsculas, hasta que desaparezca la presión en los pueblos más difíciles,  hasta que la memoria, dignidad y justicia de las víctimas quede garantizada y los asesinos se recuerden como lo que son: delincuentes fascistas de la peor calaña.

Si después de tantos años de firmeza frente a los terroristas, dibujamos un escenario en el que puedan sentirse henchidos por su contribución a la patria… si consiguen lo que llevan cinco décadas utilizando como excusa para matar, habremos fracasado como sociedad y dejaremos una pésima herencia histórica a las próximas generaciones.

Avatar de Desconocido

Autor: Fermín Alonso

Padre de Sofía y de Gonzalo. Casado con Karen. Concejal del Ayuntamiento de Pamplona.

Deja un comentario